Zôon Politikon | Damián Beneyto

Ene 19, 2021

Zôon Politikon

DAMIÁN BENEYTO

“El bien es ciertamente deseable cuando interesa a un solo individuo; pero se reviste de un carácter más bello y más divino cuando interesa a un pueblo y a un estado entero”.

Aristóteles ‘Ética a Nicómaco’.

Aristóteles, que consideraba al hombre como un animal político, pensaba que la virtud, la justicia y la felicidad sólo podían alcanzarse socialmente, es decir, en relación con los demás, y definía la política como ‘la ética de la vida colectiva’. Para él, los temas de la ética y los temas de la política se interrelacionan de tal forma que constituyen un todo único; ética y política se abrazan siempre.

Creo que la vigencia de las ideas aristotélicas es, en el momento político actual, más que evidente; pero la relación entre ética y política apenas sí existe o al menos eso es lo que percibimos muchos ciudadanos.

Considerar hoy la acción política como 'un servicio público tendente a buscar la mejora de la calidad de vida de los ciudadanos' resulta casi obsceno"

Otro pilar básico del estado democrático es la justicia, tan discutida y denostada en su aplicación, en sus órganos de funcionamiento y en sus determinaciones. Sin embargo, la justicia es una virtud cardinal, es decir, principal y fundamental; es la que asegura y consolida el orden en la sociedad, armonizando equitativamente los derechos y los deberes de todos los miembros de la comunidad y, por lo tanto, debe ser objeto de análisis político y de propuestas encaminadas a devolverle su prestigio y especialmente la confianza de los ciudadanos.

Damián Beneyto; Regionalismo extremeños; Asamblea de Extremadura; Visioncoach;

Damián Beneyto Pita es natural de Carcaixent (Valencia), pero extremeño y residente en Plasencia desde 1977.  Profesor de Enseñanza Secundaria. Fue Director del Centro de Artes Escénicas y de la Música, CEMART, entre 2007 y 2011. Director también de la Escuela Superior de Arte Dramático de Extremadura entre 2007 y 2010, Diputado en la Asamblea de Extremadura por el Partido Regionalista Extremeño, PREX, entre 2011 y 2015.

Sin embargo, aunque ya he expresado mi convencimiento de la vigencia del mensaje aristotélico, la política y la ética ya no se ‘abrazan’, más bien se repelen. Considerar hoy la acción política ‘como un servicio público tendente a buscar la mejora de la calidad de vida de los ciudadanos’ resulta casi obsceno. A la política, excepto raras y honrosas excepciones, se llega por intereses crematísticos, de poder o por ambas cosas.

En España, además, al contrario que en otros países, el pueblo soberano ha aceptado las mentiras del político de turno como algo irremediable. Mentir al ciudadano en nuestro país, excepto en casos muy concretos, no tiene coste político alguno; es más, se ha convertido en una herramienta imprescindible para hacer carrera política. Se miente tanto en lo personal como en lo profesional sin ningún pudor. Uno se puede inventar la vida y milagros suyos y de sus ancestros al igual que una carrera profesional exitosa plagiando o falsificando lo que haga falta.

Podcast CONTRAPUNTO de Visioncoach

Pero no queda la cosa ahí. La mentira es además el arma política más utilizada por nuestra ‘casta’ de gobernantes. Se promete al ciudadano lo divino y lo humano con tal de conseguir el voto sin ninguna intención de cumplirlo. Los programas electorales son en la mayoría de las ocasiones papel mojado -como decía mi ‘vecino’ de hemiciclo Pedro Escobar: ‘el papel lo aguanta todo’-. Pero lo más asombroso es que pueden decir una cosa y la contraria sin que el indígena se dé por aludido. Indudablemente se ha institucionalizado el embuste en la política patria.

La capacidad del votante de creerse las mentiras;

No sería objetivo si no dijera que todos mienten, aunque hay que reconocer que la izquierda lo hace mucho mejor o, por lo menos, con más desparpajo. A los mentirosos de derechas se les nota mucho, se les ve el plumero y, al verse descubiertos, se derrumban con bastante facilidad; sin embargo, los troleros de izquierda son muchos más osados y mantienen el embuste contra viento y marea, aunque se esté evidenciando claramente que mienten como bellacos.

El ciudadanos, fruto quizás de la ignorancia y de la manipulación que ejercen los medios de comunicación, se ha convertido en un ser dispuesto a perder su libertad y su dignidad "

En la actualidad quizás estemos pasando por uno de los momentos de nuestra historia en la que nuestros políticos mienten más y no sé si mejor. Lo que está claro es que nunca un pueblo estuvo tan dispuesto a tragarse los embustes de nuestros prebostes como ahora, y no sólo a tragárselos, sino además a disculparlos y a hacerlos suyos.

Algunos conciudadanos parecen que han hecho una especie de ‘acto de fe’ que les hace aceptar por bueno todo lo que emana del ‘frente popular’ que nos gobierna.

En un periodo de nuestra historia tan complicado como el que vivimos, y quizás por ello, hemos aceptado que nos engañen ante la necesidad de escuchar lo que queremos oír, aunque ello nos pueda llevar al desastre más absoluto. Si además, a esto le añadimos que tenemos una justicia titubeante y con una dependencia más que sospechosa del poder ejecutivo, el resultado no puede ser más preocupante.  

La política como virtud que Aristóteles preconizaba poco tiene que ver con el recital de ignominia, infamia y deshonor de la que están haciendo gala aquellos a los que hemos confiado regir nuestros destinos. Aunque más grave es que el ciudadano, fruto quizás de la ignorancia y de la manipulación que ejercen los medios de comunicación, se haya convertido en un ser que está dispuesto a perder su libertad y su dignidad creyendo que un atajo de populistas y demagogos le va a solucionar su ‘modus vivendi’.

Como dijo D. Quijote:

“La libertad, Sancho, es uno de los más preciosos dones que a los hombres dieron los cielos; con ella no pueden igualarse los tesoros que encierra la tierra ni el mar encubre, por la libertad así como por la honra se puede y se debe aventurar la vida, y, por el contrario, el cautiverio es el mayor mal que puede venirle a los hombres”.  

Pues mucho me temo que en España el pueblo soberano no sólo está perdiendo la libertad sino que, además, tragándose las mentiras de esta banda que nos gobierna, también está perdiendo la honra.

Damián Beneyto

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