La importancia de la coherencia | Alberto Astorga

Mar 16, 2017

La importancia de la coherencia

ALBERTO ASTORGA

Pensamos muchas cosas, pues miles son los pensamientos que nos acompañan a lo largo del día. Decimos algunas cosas, pero afortunadamente no tantas como las que pensamos, pero muchas. Y ponemos en práctica solo unas pocas, una mínima parte. En ese proceso de puesta en marcha, lo importante es que, entre lo que pensamos, decimos y hacemos, exista una mínima coherencia que dé valor a la actividad que se desarrolla.

Ser coherente es un valor difícil de alcanzar y sujeto siempre a cada acción que se realiza. Lo importante es siempre la acción última, porque será la que se utilice para desdeñar un impecable recorrido. Nadie está exento de caer alguna vez en la incoherencia, o incluso cualquier persona, muchas veces en su vida, puede hacerlo. Séneca anunciaba al respecto que «no pretendo que el sabio deba caminar siempre al mismo paso, sino por la misma ruta»; lo que interpreto como que ‘ya que no podemos ser coherentes siempre y de forma continuada, al menos tenemos que ser conscientes de ello e intentarlo’

En este mismo sentido, grandes pensadores en la historia de la humanidad que han influido extraordinariamente con sus ideas, no las acompañaron con acciones coherentes a ellas. Nietzsche, por ejemplo, gran filósofo vitalista, llevó una vida de continua amargura y en constantes altas y bajas entre euforia y depresión. Notable es también en nuestro acontecer diario aquellos que desde múltiples ámbitos sociales, políticos, económicos, religiosos, sociales, periodísticos, nos ilustran sobre lo que hay que hacer pero que no siempre acompañan en sus vidas las acciones que pregonan, o que critican en los demás.

¿Es esto una acusación?, no. ¿Una disculpa?, tampoco. Que no se entienda así, aunque cada uno es libre de interpretar según su experiencia. Habla es fácil, hacer todo lo que se dice no lo es. Ser coherente no es sencillo ni posible siempre y en todo momento, pero, al menos, debemos tener la humildad de reconocerlo así y corregir en lo posible. ‘Dime de qué presumes y te diré de qué careces’. Lecciones, por tanto, las justas.

Uno de los códigos de ética más populares y citados en el mundo de los negocios y, por tanto, aplicable a la empresa, a los equipos y a las organizaciones, así como también en todos los órdenes de la vida, es la Prueba Cuádruple de Rotary, denominada así por aplicarse por todos los rotarios de los clubs de Rotary. Este test pretende recordar la importancia de la coherencia que hay que alcanzar entre lo que se piensa, se dice y se hace.

Fue elaborada por Herbert J. Taylor en 1932, en plena Gran Depresión, cuando desempeñaba la dirección de la empresa de distribución Aluminum Company en Chicago. Esta empresa, relacionada con la producción de utensilios domésticos, atravesaba una situación aparentemente difícil, pero, pese a ello contaba con poder mantener a los 250 empleados de su plantilla y salvar la situación más que posible de bancarrota.

El planteamiento inicial del joven Taylor, tras los primeros debates con el escaso equipo directivo con el que contaba, consistió en cambiar el clima ético de la compañía, partiendo de un principio cuanto menos original: si los trabajadores de la compañía pensaban desde el bien, actuarían desde el bien; ‘cuando se piensa de forma adecuada, se actúa de forma correcta’.

Tras un proceso de desarrollo de la idea, Taylor escribió la base del cambio ético en lo que él mismo denominó ‘La Prueba Cuádruple’, como resultado de su visión de la ética personal y empresarial en cuanto a lo que se piensa, se dice y se hace, formuladas en forma de preguntas:

Rotary Taylor Prueba Cuádruple
La Prueba Cuádruple de Herbert J. Taylor - Rotary - Visioncoach
  • ¿Es la verdad?
  • ¿Es equitativo para todos los interesados?
  • ¿Creará buena voluntad y mejores amistades?
  • ¿Será beneficioso para todos los interesados?

¿Es la verdad?

Esta primera pregunta es el eje sobre el que gravitan las restantes preguntas que plantea Taylor con las que van íntimamente encadenadas. Así, tal cual, y sin ningún complemento adicional, la pregunta no puede ser contestada. No obstante, son muchos los autores que se han atrevido a definirla relacionándola con la ‘buena fe’, con la ausencia de egoísmo o la conformidad entre los que se piensa, se dice y se hace. A pesar de su alta carga de subjetividad, está dirigida a la conciencia del individuo, siendo solamente él quien puede identificar su acción con lo que, en su concepto, es la verdad relativa.

¿Es equitativo para todos los interesados?

El alcance de la respuesta a esta segunda pregunta debe salir del interior de cada individuo, con todas las contingencias que surjan de su pensamiento y de la acción de terceros. La equidad, entendida como justicia e imparcialidad en una negociación, acuerdo o reparto, debe convertirse en la principal fuente de orgullo de todo directivo o responsable de personas, incluyendo la familia o cualquier organización social, política o empresarial.

La verdadera equidad se basa en la consideración de la situación personal de cada individuo que participa en el proceso de la toma de decisión. Se trata de ajustar la recompensa a los merecimientos, dando a las personas las mismas posibilidades que a los demás, equilibrar lo que se da con lo que se recibe y no cometer el error de recompensar lo no recompensable ni ignorar el trabajo, la voluntad o el esfuerzo de los que nos rodean.

¿Creará buena voluntad y mejores amistades?

Se trata del sano enriquecimiento afectivo recíproco que permita, a través del ejercicio de la mejor empatía, tolerancia y ejercicio de escucha, ganar voluntades, liderar desde el protagonismo desinteresado y conseguir, por qué no, amistades al margen de prejuicios y en ambientes con interés, ideologías y creencias muy distintas a las nuestras.

Este planteamiento requiere dudar de lo que nosotros pensamos, en beneficio de lo que piensen los demás, en base a una duda prudente y no necesariamente sistemática, originada en el convencimiento de que no somos infalibles. Las posiciones u opiniones nunca pueden ser rígidas, sino que deben surgir del diálogo prudente y sabio. Nadie es infalible y el diálogo enriquece siempre a las partes.

¿Será beneficioso para todos los interesados?

Cuando aquí nos referimos al beneficio, estamos hablando del concepto ético e inmaterial del concepto. No se trata de un beneficio material inmediato y desmedido, sino de beneficios para el bien común, Los ‘beneficios que obtengan todos los interesados’ no deben ir en detrimento de la colectividad o del entorno en el que actuamos.

La condición rotaria de Herbert J. Taylor facilitó que su test fuera adoptado por Rotary International en los años cuarenta del siglo pasado, siendo, desde entonces, uno de los distintivos de la ética en la que actúan los rotarios de todo el mundo.

Este espíritu de coherencia entre lo que se piensa, se dice y se hace, que pone de relieve la Prueba Cuádruple Rotaria es uno de los valores en los que se inspiran también las nuevas metodologías y conceptos de la Inteligencia Emocional y de las técnicas de negociación conocidas como ‘el modelo Harvard’, en el que se propone que se abandonen tanto las posiciones maximalistas como la falsa creencia de que en toda relación, para poder ganar, alguien tiene que perder.

Alberto Astorga

La prueba cuádruple de Rotary - Visioncoach
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