¿Todos los partidos son iguales? | Carmen Heras

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¿Todos los partidos son iguales?

CARMEN HERAS

Copiando a Tolstói en ‘Ana Karenina’, yo también creo que las familias felices son todas iguales, pero que las desgraciadas lo son cada una a su manera, tanto más si nos referimos a los partidos políticos, la segunda familia de uno, en opinión de algún político cercano.

Todos, en el origen, parecen tener comportamientos similares. Mirados desde la distancia, los últimos sucesos ocurridos en el Partido Popular son dignos de atención, no sólo por el cambio efectuado en su liderazgo, por el que no hace tanto tiempo apostaron una mayoría de dirigentes y militantes, sino por la rapidez con la que, aparentemente, se ha producido, y por la seguridad de la opinión publicada en favor de ello.

Lo nuevo solo tiene poder de verdad si gobierna sobre algo completamente distinto, si termina completamente con todo lo anterior, se destruye el templo y se voltean los interiores de las personas"

De cuanto hasta la fecha ha pasado, cabe preguntarse por la fuerza y asentamiento de dicho liderazgo, cuál era la seriedad y seguridad en su elección de los que lo apoyaron y sobre el por qué un número grande de opinadores en periódicos y tertulias propina palmetazos en la mano y cabeza de los perdedores, poniendo en primera línea sus desaciertos y dejando en un segundo lugar sus razones.

Carmen Heras Pablo
Carmen Heras Pablo es Licenciada en Ciencias Físicas por la Universidad de Valladolid. Profesora Titular de Didáctica de las Matemáticas en la Universidad de Extremadura donde anteriormente dirigió la Escuela Universitaria de Formación del Profesorado.
Diputada en el Congreso por Cáceres en representación del PSOE en 1996-2000, fue concejala en el Ayuntamiento de Cáceres en 2003-2007 y Alcaldesa entre 2007 y 2011

Al parecer esta sociedad no quiere a los débiles y desde luego no aprecia a los que, enzarzados en una batalla, no la rematan con la total destrucción de sus oponentes. Quizá porque el ansía de poder del ser humano tiene una fuerza ingente no solo en la vida política, también en la empresarial y por supuesto en la periodística.

Como los tiempos van tan rápidos, se nos hace cuesta arriba recordar que no hace tanto de ello todas las organizaciones políticas, al querer renovarse, dieron grandes saltos en el vacío y taparon las fotos clásicas que no le parecían lo suficientemente atractivas cara a sus objetivos.

En mi modesto entender, una verdadera renovación no es tal cuando solamente se produce sobre un cambio de personas y caras, nuevas, por edad simplemente. En vez de una renovación híbrida en la que los hombres y mujeres fueran sustituidos por sus hijos, y algún que otro nieto, entremezclados en sus filas y complementados, se defenestró totalmente a los primeros y se les dio la herencia entera a los segundos, poniéndolos a gobernar sobre las vidas y haciendas de sus mayores, incluso de quienes estaban mejor situados por bagaje humano, formación política y madurez personal.

Renovación en el PSOE

Al tiempo, se crearon nuevos artilugios, equipos, intereses y los antiguos fueron ocultados para evitar declaraciones, enfados, celos malsonantes que dieran al traste con lo nuevo que buscaba asentarse. Aunque no desaparecieron. Unos lograron espacio en el nuevo esquema, otros buscaron un lugar influyente fuera de la política, los más pasaron al ámbito privado.

Mientras tanto, los recién llegados tenían prisa; íntimamente conocedores de su posición real, no se dieron tiempo para digerir y aprender, la competencia interna y externa no se lo permitía. Debían lograr un éxito pronto si no querían ser echados del paraíso. Y como las prisas no son nunca buenas consejeras pronto comenzaron los dislates, los vaivenes, las incongruencias que los medios en esta sociedad tan mediática jalearon sin compasión y hasta la saciedad. Y el desgaste. Comienza, entonces, la cuenta atrás. Porque hay un núcleo de masa crítica enfadada. Y es cuando todo ese grupo interno y externo, que parecía que dormitaban en lo suyo, se levanta y reclama. Y el castillo de naipes se desploma.

Y es que, amigos, lo nuevo solo tiene poder de verdad si gobierna sobre algo completamente distinto, si termina completamente con todo lo anterior, se destruye el templo y se voltean los interiores de las personas haciéndolas creer que el fin de tener los gobiernos justifica los medios destructores de lo que un día fueron y creyeron. ¿Que por qué lo digo? Observen, observen.

Carmen Heras

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Los nuevos Chiripitifláuticos | Damián Beneyto

Los nuevos Chiripitifláuticos | Damián Beneyto

Los nuevos Chiripitifláuticos

DAMIÁN BENEYTO

Los que ya tenemos una edad recordamos aquel programa infantil -cuando había programas infantiles- donde Locomotoro, Valentina, el Tío Aquiles y el Capitán Tan hacían las delicias de los niños del tardofranquismo. Estos simpáticos personajes eran niños grandes, disparatados y algo esperpénticos.

En sus historias no había esas cosas que hay ahora y que hacen que los ‘censores de las buenas costumbres’ estén ojo avizor o al menos yo no lo recuerdo. Nadie hablaba entonces de sexismo, ni de xenofobia, ni de animalismo, ni de…; era sólo, nada más y nada menos, que un programa infantil que solo pretendía entretener a unos niños que, aunque algunos no se lo crean, éramos razonablemente felices.

Estos nuevos chiripitifláuticos, por arte de birlibirloque, se han convertido en dirigentes políticos, han escalado a la cima del poder y lo peor es que están para quedarse. ¿Dónde van a vivir mejor?"

Damián Beneyto

Damián Beneyto Pita es natural de Carcaixent (Valencia), pero extremeño y residente en Plasencia desde 1977.  Profesor de Enseñanza Secundaria. Fue Director del Centro de Artes Escénicas y de la Música, CEMART, entre 2007 y 2011. Director también de la Escuela Superior de Arte Dramático de Extremadura entre 2007 y 2010, Diputado en la Asamblea de Extremadura por el Partido Regionalista Extremeño, PREX, entre 2011 y 2015.

Hecho este preámbulo les diré que, como muchos otros personajes, hasta los Chiripitifláuticos han evolucionado, se han hecho mayores y han perdido su encanto de niños grandes para convertirse en adefesios. No es que mis cuatro amigos de la infancia se hayan transformado, es que se ha usurpado su personalidad y han sido sustituidos en la España del siglo XXI por otros niños grandes que, en lugar de entretener con sus ocurrencias y disparates, se empeñan en hacer la vida imposible a unos ciudadanos que, desgraciadamente, creen que vivir en un puro esperpento les va a solucionar su modus vivendi.

Los nuevos chiripitifláuticos siguen saliendo en la tele, pero ya no entretienen ahora cabrean, provocan, aburren y generan rivalidades innecesarias que provocan enfrentamiento hasta en el seno de las familias. Estos personajes, por arte de birlibirloque, se han convertido en dirigentes políticos, han escalado a la cima del poder y lo peor es que están para quedarse. Porque ¿dónde van a vivir mejor?

Están todos cortados por el mismo patrón, observen:

  • Todos nacieron durante la Transición en familias razonablemente acomodadas.
  • Todos pasaron por la universidad, excepto raras y “lastrosas” excepciones, pero la universidad no pasó por ellos.
  • Casi ninguno ha pegado un palo al agua en su vida salvo la dedicación en alma vida y corazón  a un partido político.
  • Están acostumbrados a llevarse por delante a quién haga falta con tal de conseguir sus objetivos que no son otros, que el poder y el dinero, y no necesariamente en ese orden.
  • Están convencidos de ser imprescindibles, su mesianismo resulta, en algunos casos, patético.
  • Han hecho del eufemismo un arte para evitar, en lo posible, llamar a las cosas por su nombre.
  • La mentira es consustancial a su concepto de la ética.
  • No se besan porque no se alcanzan. Su narcisismo es conmovedor y se sienten por encima del bien y del mal.
  • Su nivel cultural es más bien exiguo y a poco que se rasque se notan las carencias.
  • El fin justifica los medios, este es el eslogan que adorna el frontispicio de estos personajes.
Almejas locas más que botellines;
Mas tontos que botellines;

Así es nuestra clase política dirigente, niñata con más humo que fuego, con ínfulas de “prima donna” y acostumbrada a hacer su santísima voluntad por mucho que el país se vaya al garete.

Los últimos acontecimientos ocurridos en el PP no son más que un ejemplo del nivel de nuestros prebostes, pero antes ya ocurrió en el PSOE con un tal Sánchez de ida y vuelta y en Podemos con un Iglesias aquejado de un infantilismo crónico. Ningún partido se salva del aterrizaje de los nuevos chiripitifláuticos dispuestos a convertir a España  en una verbena grotesca sin barquillos ni organillos pero con muchos chulos y chulapas.

Como dice Rajoy, que en un país serio seguiría siendo presidente del Gobierno, la política debe ser para los adultos y no para esta caterva de niñatos malcriados que, con el beneplácito de un pueblo soberano sumido en el “tontoculismo”, van a dejar este país hecho un erial. Pero no se preocupen lo de Eurovisión está arreglado, menos mal…

Damián Beneyto

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Populismo esperpéntico | Damián Beneyto

Populismo esperpéntico | Damián Beneyto

Populismo esperpéntico | Damián Beneyto

Populismo esperpéntico

DAMIÁN BENEYTO

Las actuales corrientes de opinión apelan a un sentimentalismo obsceno y a un buenismo desmedido, es lo que se ha dado a llamar ‘populismo’. Todo lo que ha hecho la humanidad hasta este momento hay que olvidarlo, hay que acabar con las tradiciones e incluso con los avances sociales. La nueva ideología promete crear un futuro idílico basado en la dictadura de los sentimientos mientras se aniquila el espíritu de la razón.

El mundo se ha llenado de mesías parlanchines que apelando fraudulentamente a los sentimientos de los ciudadanos han conseguido, secundado por unos medios de comunicación siempre dispuestos a entusiásticamente apoyar lo novedoso, llegar a dirigir la política y los grandes holdings. Estos mesías, pueden ser indistintamente de extrema izquierda o de extrema derecha y siempre tendrán en común su afán por acabar con las instituciones nacionales e internacionales y con la democracia representativa.

El populismo no es antagonista del elitismo, como algunos quiere hacer creer; es la sustitución de una élite por otra; es un quítate tú para que me ponga yo"

Damián Beneyto

Damián Beneyto Pita es natural de Carcaixent (Valencia), pero extremeño y residente en Plasencia desde 1977.  Profesor de Enseñanza Secundaria. Fue Director del Centro de Artes Escénicas y de la Música, CEMART, entre 2007 y 2011. Director también de la Escuela Superior de Arte Dramático de Extremadura entre 2007 y 2010, Diputado en la Asamblea de Extremadura por el Partido Regionalista Extremeño, PREX, entre 2011 y 2015.

Los grandes partidos políticos europeos nacidos después de la Segunda Guerra mundial han desaparecido de muchas naciones siendo sustituidos por otros populistas tanto de un signo como de otro. Por ejemplo: En Italia, la Democracia Cristiana (DC) y el Partido Socialista de Italia (PSI) han sido fagocitados por el Movimiento 5 Estrellas, populista de extrema izquierda, y la Liga Salvini Premier (LSP), populista de extrema derecha, ambos euroescépticos; en Francia, el Gaullismo y el PS se han quedado en meros partidos testimoniales, mientras que el populismo de extrema derecha de la Sra. Le Pen (Alianza Nacional) es el partido más votado; y en España, VOX y Podemos, cada uno desde un extremo, se han convertido, si no cambian mucho las cosas, en imprescindibles para poder gobernar.

El populismo no es el antagonista del elitismo, como algunos nos quieren hacer creer, es la sustitución de una élite por otra, es un quítate tú para que me ponga yo, porque yo sé lo que necesita el pueblo soberano y tú no. El líder populista actúa desde el mesianismo e incluso puede hasta carecer de ideología. Su estrategia es poner en solfa los indudables problemas de la sociedad magnificándolos en beneficio propio y haciendo creer al personal que hay que destruir lo existente para construir un mundo bucólico y pastoril  dónde todo será ‘puro y casto’.

Hay populistas de toda clase y condición, pueden ser millonarios (Gates, Soros, Roure, etc.), comunistas de trapillo (Maduro, Evo Morales, López Obrador, Grillo, Pablo Iglesias, etc.), de extrema derecha (Bolsonaro, Orban, Salvini, Trump, Abascal, etc.) e incluso jóvenes convenientemente adiestrados (Greta Thunberg). Es la nueva ola promocionada por el marketing y las redes sociales.

En cada país el populismo se manifiesta de una manera, pero todos estos movimientos al final persiguen lo mismo, acabar con las instituciones democráticas, con la globalización, fomentar los nacionalismos excluyentes y crear una especie de asambleísmo teledirigido donde los ciudadanos se crean protagonistas cuando en realidad son meros antagonistas engatusados.

Los españoles, que atravesaban uno de los mejores momentos de su historia, se dejaron llevar por unos 'pijosprogres' que no habían dado un palo al agua en su vida"

Fue Grecia el primer país que sufrió en sus carnes un gobierno populista que le costó, parafraseando a Churchill, “sangre, sudor y lágrimas” y hasta que no mandaron al ‘mesías’ Tsipras a donde da la vuelta el aire no volvieron a tener un estado del bienestar medianamente aceptable. Aún así, muchos países siguen obnubilados sin aprender de los males ajenos.

El esperpento en la política española

En España el populismo llegó de la mano del movimiento 15M aunque ya con el sonatillo Zapatero había mostrado maneras. Esta doctrina creó una aureola de falso moralismo cuyo mensaje fue muy bien orquestado por los medios de comunicación, unos de forma consciente y otros haciéndose cómplices sin percatarse de ello. Los españoles que atravesaban uno de los mejores momentos de su historia, a pesar de la crisis económica, de un día para otro lo empezaron a ver todo negro y se dejaron llevar por unos ‘pijosprogres’  que no habían dado un palo al agua en su vida, analfabetos funcionales y criados opíparamente en un país libre y democrático.

De repente la Transición del 78 era un bodrio, el régimen de libertades conseguido después del franquismo era una milonga y el incuestionable nivel de bienestar al que habíamos llegado una fruslería, y eso a pesar de haber sido un ejemplo para el mundo. Según esta pandilla de esperpénticos “pijosprogres”, aquí nada se había hecho bien. Se cuestiona la Constitución, la Monarquía, la Justicia, la Religión, nuestra Historia, nuestras Tradiciones, el derecho a existir como nación e incluso nuestro idioma hablado en el mundo por más de 600 millones de personas.

Si hay algo de lo que no cabe duda, a pesar del empeño de algunos por darle visos de normalidad, es que en España vivimos en una realidad grotesca y distorsionada con una degradación de los valores que nos lleva situaciones auténticamente ridículas y no por ello menos penosas.

Si D. Ramón María del Valle Inclán viviera en esta época tendría los mismos motivos que tuvo, o más, para satirizar acremente a la sociedad española y, como en su serie de novelas ‘El Ruedo Ibérico’, se burlaría de esta ‘casta grotesca’ que nos gobierna y ridiculizaría sin compasión a los españoles que aceptan, sin mayores problemas, convertirse en bufones y caricatos para mayor gloría de los poderes fácticos que rigen nuestros destinos.

La historia de España siempre fue, como diría Max Estrella -protagonista de ‘Luces de Bohemia’-, como mirarse en un espejo cóncavo. Una realidad sistemáticamente deformada y grotesca. Vivimos unos tiempos donde lo estrafalario, lo ridículo y lo bufo es lo corriente, lo normal y lo castizo.

La fugacidad de la nueva política: Podemos

Vivimos unos tiempos donde lo estrafalario, lo ridículo y lo bufo es lo corriente, lo normal y lo castizo"

En España hemos rizado el rizo del populismo, hemos creado el populismo ‘made in Spain’, lo hemos convertido en un puro esperpento donde todo es disparatado, absurdo, insensato e incluso extravagante. Solo la inercia que nos proporciona la pertenencia a la UE está haciendo posible que aún no nos hayamos convertido en una república bananera al más puro estilo hispanoamericano.

Es incuestionable que, por el momento, en nuestro país el populismo dominante es el de extrema izquierda. Una Ley Electoral, que no me cansaré de definir como dudosamente democrática, permitió que triunfara una moción de censura que elevó a los altares a un personaje ‘valleinclanesco’ que nos está dando muchos momentos de gloria. Era el pistoletazo para que accedieran a las altas estancias del poder todos los aprovechados, sacacuartos, sablistas y parásitos que militaban en partidos que habían hecho del ‘populismo esperpéntico’ su bandera y que el pueblo soberano había tenido a bien premiar con su voto.

Desde ese momento nuestro país ‘funciona’ a golpe de ocurrencias disparatadas salidas de las ‘privilegiadas’ mentes de una caterva de pelachufas que dirige un pobre narcisista cuyo único mérito es el demérito de los que le votan. En estos últimos años han llegado auténticos especímenes esperpénticos a las más altas instancia de la política patria, todos ellos tan poco ilustrados como pícaros (no hace falta dar nombres).

Sus logros son evidentes y evidencia que llevan al país al desastre social y económico. Han dado alas al secesionismo, al blanqueo del terrorismo, al odio y al enfrentamiento, al fomento del ‘gandulismo’, al adoctrinamiento educativo, al ‘okupacionismo’, al atraco fiscal, a la banalización de la justicia y con una deuda pública desorbitada al futuro del estado del bienestar y de las pensiones.

Los populismos actuales son como los nacionalismos de principio de siglo XX, solo traen miseria, disputas y desdichas y, en este país, de eso deberíamos saber bastante y estar vacunados. Como dice D. Mariano Rajoy –que en un país serio aún sería presidente del Gobierno-: “La democracia liberal ha demostrado a lo largo de las últimas décadas sus beneficios y su indiscutible capacidad para mejorar la vida de la gente, para garantizar la convivencia entre personas con ideas e intereses distintos, para avanzar en el progreso social y, principalmente, para solucionar nuestros conflictos de manera pacífica”.

Damián Beneyto

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Política de banderías | Carmen Heras

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Política de banderías

CARMEN HERAS

Hay desagradables incidentes que hablan por sí solos. Vivimos en un país de banderías, si no estás conmigo estás contra mí. Con los míos a muerte, pero ni agua para los otros. De nada sirve que exista mucha información que puede rastrearse en las redes para contrastar, cada individuo solo cree aquello que quiere y nada de lo que digan ‘los otros’ merece su atención, no vaya a ser que haya algún atisbo de verdad en sus palabras y ello obligue a replantearse certezas y amistades.

El individuo dentro de la tribu, ya sea política, de clase o económica. Así que el terreno está siempre preparado para la polémica, con razón o sin ella, en infinidad de debates inútiles que a nada conducen salvo a la crispación.

Los medios, la mayoría, colaboran. Por su propia razón de ser reavivan lo diferente, lo negativo, hasta extremos insospechados. Tener un solo periódico de cabecera, como guía extrema de lo que ocurre, es una gran equivocación, pues como en otros aspectos de la vida, nada es inocente y que no tenga razones (sus razones) para hacer lo qué hace.

Los periódicos son empresas, las empresas deben ganar dinero y los asalariados de las mismas, en muchas ocasiones, lo son porque ayudan en ese cometido y le dan lectores al periódico. Conviene tener en cuenta todo esto para no crear códices santos que acatar o libros demoniacos para destruir, cuando unos y otros, con ligeros matices, obedecen a las tendencias sociológicas que les mantienen, de las que se nutren y a quienes ofrecen la información.

Siempre ha sido y será así, salvo casos específicos maravillosos que resultan excepciones extrañas, todo agravado ahora porque ya no se vende material impreso como antes. Por eso resulta sorprendente que muchos ciudadanos se peleen y batallen a la luz de la información única de lo que creen como propio. La realidad es poliédrica y las personas ambivalentes, incluso torpes, por lo que a veces la maldad que se les supone es meramente una tremenda escasez intelectual.

Carmen Heras Pablo
Carmen Heras Pablo es Licenciada en Ciencias Físicas por la Universidad de Valladolid. Profesora Titular de Didáctica de las Matemáticas en la Universidad de Extremadura donde anteriormente dirigió la Escuela Universitaria de Formación del Profesorado.
Diputada en el Congreso por Cáceres en representación del PSOE en 1996-2000, fue concejala en el Ayuntamiento de Cáceres en 2003-2007 y Alcaldesa entre 2007 y 2011

Y luego están las estrategias políticas. Algunas son de libro. Escorarse hacia los extremos es una de ellas, radicalizarse en el discurso y venderlo bien, a sabiendas de que el marco conductual está en Europa y en las decisiones de sus órganos máximos, con lo que muchas propuestas nunca llegarán a buen puerto -salvo que se tome las de Villadiego, como hizo Inglaterra con resultados que ya estamos viendo-.

Radicalizarse hacia las orillas da lugar a la aparición de otras fuerzas políticas opuestas para contrarrestar, en el juego de los equilibrios; la negación -porque es el competidor que te pisa los talones e incluso puede sobrepasarte en votos- del contrincante natural, a fuerza de enfocar los dardos y tipificar como enemigo clave al del extremo, agudiza las reacciones de los simpatizantes de este último de modo que crece quitándole votos al moderado.

Conmigo o contra mi

Cada individuo solo cree aquello que quiere y nada de lo que digan 'los otros' merece su atención, no vaya a ser que haya algún atisbo de verdad"

Algo que, aunque en un momento X puede resultar (pues el cercano en votos no gana), crea un temeroso caldo de cultivo para la vida política que viene después. La utilización de señuelos (personas, sucesos, símbolos) ayuda poderosamente a ello, sabiendo que funcionan perfectamente para remover visceralmente a los propios simpatizantes.

Lo peor es que unos sectores retroalimentan y justifican a los otros. Y viceversa. Y España vuelve a dividirse en dos bandos cada vez más necesitados, para dirigir el país, de los partidos minoritarios, que hacen gala de su voracidad buscando conquistas para sus ideas o sus propios territorios. Para frenar esta deriva sería necesaria otra forma de actuar de los partidos clásicos con implantación nacional. Y unos dirigentes con sentido de estado que lo quieran hacer, a sabiendas de que su éxito no será inmediato.

Carmen Heras

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La pandemia extremeña | Damián Beneyto

La pandemia extremeña | Damián Beneyto

La pandemia extremeña | Damián Beneyto

La pandemia extremeña

DAMIÁN BENEYTO

No, no voy a hablar en esta parrafada de la pandemia de la Covid 19, tema muy socorrido para contertulios y articulistas, a pesar de que la hemos sufrido y la seguimos sufriendo en Extremadura en todas sus variantes. El virus chino se ha repartido por todo el planeta y no íbamos nosotros a ser menos, en esto claro…

Me voy a referir a una pandemia autóctona y que lleva siglos instaurada por estos lares sin que seamos capaces de que remita ni de conseguir una vacuna. Este virus que nos lleva contagiando desde tiempos inmemoriales se llama CONFORMISMO.

Los extremeños somos 'pobres hasta para pedir' convirtiéndonos en los pobres más agradecidos de España"

El virus en cuestión no afecta directamente al cuerpo aunque, al final, también se resiente, pero es más bien un virus del alma. El individuo afectado acepta fácilmente y casi sin rechistar cualquier circunstancia, aunque esta sea adversa y/o injusta.

Damián Beneyto

Damián Beneyto Pita es natural de Carcaixent (Valencia), pero extremeño y residente en Plasencia desde 1977.  Profesor de Enseñanza Secundaria. Fue Director del Centro de Artes Escénicas y de la Música, CEMART, entre 2007 y 2011. Director también de la Escuela Superior de Arte Dramático de Extremadura entre 2007 y 2010, Diputado en la Asamblea de Extremadura por el Partido Regionalista Extremeño, PREX, entre 2011 y 2015.

Extremadura es una zona endémica de ‘conformismo’ desde tiempos inmemoriales y solo aquellos que abandonan estas latitudes se libran de padecerlo. Es algo que está en el ambiente, que se respira; es como si un cielo plomizo oprimiera a sus habitantes impidiéndoles cualquier gesto de protesta y mucho menos un acto de rebeldía.

Yo creo que el último que no lo padeció fue Viriato, aunque él mismo fuera víctima del conformismo de otros que prefirieron ser vasallos a ser protagonistas de su propia historia.

Sin embargo, fuera de estas latitudes, el extremeño es audaz, reivindicativo e incluso capaz de defender tierras que no son las suyas e idiosincrasias que poco tienen que ver con las que heredaron de sus padres. Una auténtica paradoja…   

El ‘virus del conformismo’ ha creado una sociedad abúlica, anodina, que carece de estímulos para progresar o, lo que es peor, que no le importa progresar. Un pueblo agarrado al mínimo esfuerzo útil que, al carecer de iniciativas, se deja conducir cual rebaño borreguil por los derroteros que les marcan cuatro prebostes cuyo único interés es mantener el poder.

Este estado de ‘catalepsia reivindicativa’ se ha ido gestando a lo largo de los tiempos debido a la acción de los distintos gobiernos que ha tenido España con la connivencia de los factótums de la región. Podemos decir que Extremadura es ‘la Cenicienta’ de España con una madrastra que siempre le negó el pan y la sal y unas hermanastras insolidarias y ventajistas, pero sin hada madrina ni príncipe que la socorra.

El 'virus del conformismo' ha creado una sociedad abúlica, anodina, que carece de estímulos para progresar o, lo que es peor, que no le importa progresar"

Siempre fue el destino de esta tierra alimentarse con las migajas que caían de los platos de los demás y aun hoy lo sigue siendo, aunque ya se ha acostumbrado e incluso muestra en muchas ocasiones  agradecimiento por la caridad recibida.

Sin duda Extremadura es una tierra maltratada por los poderes del estado, o quizás mejor ninguneada, pues históricamente siempre ha pasado desapercibida, como si no existiera. Es un ‘paso a ninguna parte’, a pesar de su extensa frontera con Portugal, y es considerada por el resto de España como un territorio exótico habitado por gentes sencillas, de carácter afable y bastante hospitalario, pero nada emprendedoras y resignadas a ser las más miserables y pobretonas del país.

Algunos pensábamos, yo entre ellos, que con la democracia las cosas cambiarían y que el estado de las autonomías contribuiría a un reparto más solidario de ‘los dineros públicos’, e incluso que aquellas comunidades con menos recursos serían más favorecidas para conseguir acercarse a las más prósperas (convergencia); pero de eso nada de nada, al contrario, los ricos, como siempre, son cada vez más ricos y los pobres, pues eso… extremeños.

La migración de los extremeños a Cataluña y País Vasco en los sesenta.

También pensábamos algunos -valga la reiteración-, yo entre ellos, que el virus del conformismo podría desaparecer; vamos, que la democracia y la autonomía iban ser la vacuna que hiciera que los extremeños salieran del letargo en el que llevaban sumidos desde que murió Viriato, pero también nos equivocamos. El pueblo soberano cambió a unos caciques por otros y se apuntó con entusiasmo, delirio y frenesí al ‘social-conformismo’,  poniendo su futuro en manos de los que vieron que eso de gobernar a unos ciudadanos aletargados por el virus en cuestión era -y es- un chollo.

La pandemia no solo persiste, sino que además el ‘bicho’ ha mutado. Los síntomas del conformismo han pasado de la modorra pasiva a la modorra activa. En Extremadura, excepto raras y honrosas excepciones, se ejerce el conformismo activo, se ha pasado de aceptar sin rechistar las injusticias y los agravios a justificarlos e incluso a agradecerlos. ¡Joder con el virus!

El ‘social-conformismo’ ha llegado a tales niveles de virtuosismo que ha llegado ya a justificar la falta de recursos con la in-necesidad de los mismos. Hemos hecho nuestro eso de ‘ser pobres hasta para pedir’ y ya vemos como normal la falta de progreso y de creación de riqueza. Somos los pobres más agradecidos de España y quizás de Europa.

Nuestros líderes autonómicos, siempre han sido ‘social-conformistas’, como no podía ser de otra manera -que se diría en politiqués- y han practicado la modorra activa con eficacia. Algunos lo han intentado disimular con algún que otro arrebato doméstico, pero nada importante, mientras que otros dada su gran carga viral han llegado a un nivel de ‘excelencia resignativa’ tal que han conseguido hacer de la sumisión todo un arte y de la mansedumbre una ciencia.

Guillermo Fernández Vara y el conformismo extremeño

El 'social-conformismo ha llegado a tales niveles de virtuosismo que ha llegado ya a justificar la falta de recursos con la innecesidad de los mismos"

Los últimos acontecimientos corroboran la existencia de esta pandemia. En pocos días, y mientras el personal andaba entretenido en realizarse ‘test de antígenos covidianos’ o similares, Extremadura ha perdido la posibilidad de comunicarse por ferrocarril con el noroeste de España y por carretera con el este. Adiós para siempre a la línea Plasencia-Astorga -por petición del gobierno de España a la Unión Europea- y a convertir la N-430 en autovía.

Nadie ha dicho ni ‘esta boca es mía’. Nuestro preboste autonómico Sr. Fernández Vara, digno representante del ‘social-conformismo’, no ha lanzado ni un suave susurro y seguramente justificará esta nueva afrenta a Extremadura con alguna homilía bucólica y pastoril a las que nos tiene acostumbrados.

El resto de fuerzas vivas, algún que otro requiebro en las redes sociales y poco más, y la sociedad civil, afectada por esta pandemia endémica del conformismo, pues nada de nada, feliz como una perdiz. Por no haber ya, no hay ni milanas reivindicativas, los efectos de este virus son absolutamente letales.

Dice uno de los pocos extremeños a los que el virus del conformismo no ha afectado, el profesor D. Julián Mora, que la disminución de la población en esta Comunidad es alarmante y que Extremadura se está despoblando a pasos agigantados, demostrándolo con serios estudios demográficos.

Las causas son claras. A la falta de inversiones públicas y planes de desarrollo de los gobiernos de España hay que añadir la poquísima iniciativa privada y el nulo aprovechamiento de los recursos naturales de la región, pero sobre todo, el problema es el virus del conformismo que, o encontramos una vacuna, o en unos años nos convertiremos en una especie de ‘reserva india’ donde sólo habiten algunos ‘socio-conformistas’, algún que otro ecologista -u -oncologista’- de mesa camilla y zapatillas de franela y el dichoso virus. Y si no, al tiempo.

Damián Beneyto

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Tontos del culo | Damián Beneyto

Tontos del culo | Damián Beneyto

Tontos del culo

DAMIÁN BENEYTO

En mis tiempos mozos llamábamos ‘tonto del culo’ al que ya no podía ser más tonto, al culmen de la tontuna, al súmmum de la necedad. Claro que de estos especímenes sólo había alguno que otro y el apelativo se utilizaba de forma jocosa y coloquial en la mayoría de las ocasiones. Sin embargo, con lo que está ocurriendo de unos años a esta parte en nuestro país, uno cada vez está más convencido que el número de ‘tontos del culo’ ha aumentado exponencialmente.

Este germen de la tontuna anal comenzó a cobrar virulencia cuando al PSOE se le ocurrió, a falta de buenos, poner de Secretario General a un tal Zapatero que, además de gafe sonatillo, es un ejemplo inconmensurable de incapacidad política manifiesta.

Un pueblo soberano que es 'tonto del culo' solo puede aspirar a tener gobiernos 'tontos del culo'. Esto es un axioma."

Damián Beneyto

Damián Beneyto Pita es natural de Carcaixent (Valencia), pero extremeño y residente en Plasencia desde 1977.  Profesor de Enseñanza Secundaria. Fue Director del Centro de Artes Escénicas y de la Música, CEMART, entre 2007 y 2011. Director también de la Escuela Superior de Arte Dramático de Extremadura entre 2007 y 2010, Diputado en la Asamblea de Extremadura por el Partido Regionalista Extremeño, PREX, entre 2011 y 2015.

Este ridículo personaje que ahora se dedica a aconsejar a dictadorzuelos bananeros de tres al cuarto que, lógicamente, son más incapaces que él (lo cual es dificilísimo), gobernó en España durante casi ocho años gracias -al menos eso nos han contado- a unos supuestos moros de la morería que, móviles y mochilas en ristre, volaron unos trenes mientras nuestras Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado estaban en stand-by.

La astucia del siniestro Rubalcaba, con la colaboración inestimable de algunos ‘gabilondos’ cualquiera, hicieron posible que millones de españolitos se creyeran aquello de que no se merecían un gobierno que los mintiera, sin percatarse –de ahí la tontez- que ‘salían de Málaga para meterse en Malagón’ y que para gobierno de troleros el que estaba por venir.

Se necesitaron casi dos legislaturas para que el pueblo soberano se percatara de su ‘tontuna de rulé’, pero ya tenía latente el germen en su organismo y a las primeras de cambio volvió a las andadas con incluso más frenesí.

El detonante de la vuelta a la estulticia ‘pompilea’ fue lo que algunos llamaron interesadamente el movimiento de los ‘indignaos’, cuando más bien debió llamarse el movimiento de los ‘espabilaos’. Cuatro pelachufas de tres al cuarto, hijos de papá, con más cara que un saco de sellos –de los de antes- y que no habían pegado un palo al agua en su vida, convencieron al personal de que la monarquía constitucional y la democracia de la que disfrutábamos era lo peor de lo peor. Que ellos eran los salvadores de la ‘matria’ y que nos llevarían a un paraíso donde los miembros y las ‘miembras’ seríamos felices para siempre.

A eso, que luego se llamó ‘populismo’ y que no era, ni es, más que comunismo rancio aderezado con algunas gotas de anarquismo ‘durrutiano’, se unió la sentencia de un magistrado de cuyo nombre no quiero acordarme y la habitual metedura de pata del PSOE eligiendo como Secretario General a un tal Sánchez, que está haciendo bueno al gafe de Zapatero, cosa que se me antojaba harto difícil, pero que, por lo visto, es posible.

El resultado de esta ristra de acontecimientos fue una moción de censura que llevó a la Moncloa al casi olvidado Frente Popular de 1936, dispuesto a volver por donde solía y a devolvernos los años de ‘esplendor’ de la II República ante un pueblo soberano henchido en su gozo y babeante ante tales acontecimientos.

Nuevamente el ‘tontoculismo’ había vuelto y esta vez aumentado y corregido por una pandemia, dicen que de origen chino, que ha llevado al personal a niveles de excelsa estupidez nunca antes alcanzados en nuestra historia.

El gobierno más inepto e incompetente del mundo conocido se encontró con una crisis sanitaria a la que respondió tarde, de forma equivocada y anteponiendo sus intereses políticos a los de la salud pública como ha desvelado la hoy ‘vicecomunista’ segunda, Yolanda Díaz.

Cuando ya a finales de febrero y primeros de marzo de 2020 el norte de Italia era un foco de contagio de indudable virulencia, el tal ‘D. Simón’, arquetipo del servilismo político, nos decía que aquí, como mucho, habría 3 ó 4 casos de intensidad leve, cual gripe estacional. Naturalmente, no se tomó ninguna medida, ni se compró material sanitario de protección, lo que nos llevó a ser el país de Europa con más sanitarios contagiados.

Lo del 8M ya es para nota, y demuestra el grado de idiocia anal de gran parte del ‘populus, populi’. Mientras en la Unión Europea saltaban todas las alarmas, nuestros ‘indignaos’ del Frente Popular animaban al personal a salir a la calle y, bien apretaditos, reivindicar los sublimes valores del feminazismo patrio. Hasta el pobre de ‘D. Simón’ animó al personal poniendo a su hijo, cual Guzmán el bueno o Moscardó, como víctima propiciatoria del ‘aquí no pasa ná’.

Las consecuencias fueron un auténtico ‘genocidio’, especialmente en las residencias de mayores, donde los ancianos fallecieron por miles sin que el entonces ‘vicecomunista’ segundo, ‘El Pollo de Galapagar’, encargado de estos menesteres, se diera por aludido.

Tonto de capirote, Damián Beneyto

La reacción del personal ante un gobierno incapaz y un personal sanitario desbordado por la falta de medios, fue patética; no hubo protestas, no se pidieron -ni hoy se piden- responsabilidades; lo arreglaron, fruto del ‘tontoculismo’ secular que nos adorna, aplaudiendo desde ventanas y balcones.

Las medidas tomadas por el frentepopulista gobierno del tal Sánchez, hoy algunas declaradas inconstitucionales, -‘pero que les quiten lo bailao’- estuvieron más enfocadas a evitar las críticas de la oposición que a paliar los efectos de la pandemia y así, declararon el Estado de Alarma a largo plazo y cerraron el Congreso a cal y canto. Los ‘partes de guerra’ del ínclito ‘D. Simón’ y alguna que otra vergonzosa y trolera homilía del tal Sánchez, con la firma de D. Iván, mantuvieron a raya al personal que, excepto en algún que otro escarceo puntual, no dijo ni esta boca es mía.

Y ahí seguimos, vacuna va, vacuna viene en un sinvivir.

  • Con miles de muertos descontados del total para mejorar las estadísticas.

  • Con una economía absolutamente depauperada con la quiebra de miles de empresas.

  • Con una dependencia energética de terceros países que ha puesto el precio de la energía en valores estratosféricos.

  • Con una deuda pública de toma pan y moja.

  • Con unos socios de gobierno tahúres y chantajistas.

  • Con un presidente de Gobierno que ha hecho de la mentira su único argumento.

  • Con unos sindicatos amamantados por el gobierno de turno para que no den la lata.

  • Con una oposición que se dedica a tirarse los trastos a la cabeza y que está más preocupada de sus egos que de España y los españoles.

  • Con un índice de pobreza cada vez mayor y con nuestros jóvenes emigrando a otros países.

  • Con una justicia controlada por el ejecutivo y cuyas sentencias se pasan por el arco del triunfo.

  • Con una sanidad pública cada vez más carente de profesionales y de medios.

  • Con una educación que ha hecho del adoctrinamiento y la “burricie” su bandera.

  • Con un país que no respeta ni sus símbolos, ni su unidad, ni su historia.

  • Con…

Muy tontos nuestro políticos; Damián Beneyto

Ante tanto desafuero, y entre vacuna y vacuna, es fácil vender burras cojas a las mesnadas de ‘tontoculistas’ que pueblan esta ‘España cañí’. Un poquito de feminazismo, otro poco de ‘vendetta histórica’, algo de ridículo lenguaje inclusivo, mentiras y más mentiras y a otra cosa mariposa.

No tengo la menor duda que en mis años mozos había muchísimos menos ‘tontos del culo’ que ahora. España tiene los políticos que se merece indudablemente. Un pueblo soberano que es ‘tonto del culo’ sólo puede aspirar a tener gobiernos ‘tontos del culo’; esto es un axioma.

Damián Beneyto

Nota: Naturalmente en España hay algunas personas que no son ‘tontas del culo’, pero, visto lo visto, no son más que la excepción que confirma la regla.

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