Lo menos malo | Carmen Heras

Lo menos malo | Carmen Heras

Lo menos malo | Carmen Heras

Lo menos malo

CARMEN HERAS

Sorprendentemente, quienes más han declarado detestar un sistema por considerarlo rey y señor entre nosotros, solicitan ahora que se ocupe de todo, o al menos de una parte extensa en la erradicación de la pandemia producida por el coronavirus. Aunque nada coherente, resulta explicable y no hay que ‘rasgarse las vestiduras’; también los jóvenes que debaten y exigen sobre su autonomía lejos de los padres, vuelven de vez en cuando y les piden ayuda en la resolución de los entuertos.

Recordemos la época en la que vivimos, de profundo y mayoritario descreimiento de todo y de todos, en cualquiera de las direcciones que se mire. No olvidemos que a los gobiernos también los consolidan las propias debilidades e incompetencias de los contrincantes, y tan es así que cualquier movimiento que produzca miedo entre la ciudadanía, los reafirma y justifica.

Nadie quiere riesgos cuando existe el miedo; el miedo al virus; miedo a que se colapse el sistema sanitario -el estado del bienestar ya no es lo que era-; miedo al debacle económico; miedo a que no haya pensiones para todos con tanto paro y empleos tan escuálidos

Irse ahora se valoraría como una debilidad en toda regla para futuras convocatorias electorales, amen de tener que renunciar a apetitosas canonjías.

Así van las cosas y así estamos -como el título de la primera novela de Juan Marsé“Encerrados con un solo juguete”, pues, a ciencia cierta, nadie puede escapar de su propio papel en este drama.

El gobierno minoritario necesita de todas las fuerzas política, pues los acuerdos con cada una de ellas nunca son estables en el tiempo -todas atentas a sus propias encuestas electorales- y pueden servir aquí y ahora pero no hacerlo al cabo de dos meses, lo que obliga a no cerrar del todo las puertas con nadie, no vaya a ser que se les precise para un último empujón.

Carmen Heras
Carmen Heras Pablo es Licenciada en Ciencias Físicas por la Universidad de Valladolid. Profesora Titular de Didáctica de las Matemáticas en la Universidad de Extremadura donde anteriormente dirigió la Escuela Universitaria de Formación del Profesorado.
Diputada en el Congreso por Cáceres en representación del PSOE en 1996-2000, fue concejala en el Ayuntamiento de Cáceres en 2003-2007 y Alcaldesa entre 2007 y 2011

Es la falta de confianza en los pactos alcanzados -pactos pragmáticos a tope- con los distintos partidos, la que induce al gobierno de turno a manejar una metodología tan cortoplacista que roza en el cuasi-cinismo y origina una multitud de declaraciones contradictorias. Y todo ello fruto de la propia necesidad de mantenerse -necesidad ‘autocreada’ al aceptar gobernar de esta manera y en estas circunstancias-. Irse ahora se valoraría como una debilidad en toda regla para futuras convocatorias electorales, amén de significar la renuncia a una seríe de canonjías de lo más apetitosas.

El pueblo español votó en su momento y lo hizo entre las varias opciones de la oferta. Dejando aparte el importante porcentaje de la abstención, pareciera que su subconsciente colectivo hubiera funcionado para no otorgar mayoría a ninguno de los partidos en liza, de modo y manera que nadie tuviera las manos libres para implantar puro su propio programa de máximos. Y desde luego, despreciando la opción de que los dos más clásicos -el PSOE y el PP- pudieran hacerse de manera unívoca con el gobierno del país.

La cupula de Podemos, colocada en los ministerios

Aunque a efectos prácticos dé lo mismo llegar al poder de una forma u otra, siempre que sea democrática, y de que, según los asesores y simpatizantes, lo importante es ser votados, aun cuando sea porque el resto de la oferta no merezca mayor confianza, lo cierto y verdad es que ninguno de nuestros líderes así elegidos -y hay unos cuantos- debiera olvidar que están ahí no por sus méritos incuestionables, sino por aparecer como ‘lo menos malo’, ‘lo menos peligroso’ ´lo más moldeable’ o ‘lo más pragmático’ en una comparación ente las alternativas propuestas.

Ellos lo saben. De ahí las mañas, recursos e imprecaciones contra los adversarios, usados en la pelea diaria, escondidos entre las ‘llamadas a la responsabilidad’ y al ‘sentido de estado’. Desde luego, si yo fuera oposición tomaría buena nota para ser ‘lo mejor’. Si quieren, claro está, sea algún día, la alternativa.

Carmen Heras

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Política nueva, política vieja

CARMEN HERAS

Ya había reparado en ello, pero estos días, repasando documentación de mi etapa como diputada en el Congreso, he vuelto a darme cuenta. La rueda gira siempre por los mismos caminos y triturando las mismas cosas. Y lo mismo ocurre en cualquier institución o departamento de los existentes.

Entiendo así, aunque no lo comparta, el grado de ironía y hasta la ‘puntita’ de cinismo con que los más veteranos contemplan las guerras cainitas dentro y fuera de los partidos y comprendo perfectamente el sutil descreimiento de los cronistas que por profesión deben hacer todos los días un ‘telediario’ político

"Al reflexionar sobre los discursos actuales me doy cuenta de que suenan demasiado parecidos a los de entonces, porque los argumentarios están elaborados con los mismos guisos y han de tener, a la fuerza, un sabor idéntico"

Estuve en el Congreso de los Diputados en la legislatura 1996/2000. Fue la etapa del primer gobierno de José María Aznar, después de los catorce años de Felipe González. Todo parecía entonces recién descubierto y nuevo bajo el sol.

Releyendo argumentarios, sesiones de pleno, comisiones, noticias de prensa de aquellas fechas,… me doy cuenta de lo poco que ha cambiado en lo fundamental.

En toda la documentación hay, sin duda, una defensa de los temas de acuerdo a una ideología, lo mismo en la derecha que en la izquierda, pero, a su vera, se cuelan los ‘latiguillos’, las frases hechas de antemano, el deseo de ridiculizar y anular al adversario, etc., entremezclados con la visualización de las realidades incompletas que existían y aún siguen existiendo. Como ahora.

Carmen Heras
Carmen Heras Pablo es Licenciada en Ciencias Físicas por la Universidad de Valladolid. Profesora Titular de Didáctica de las Matemáticas en la Universidad de Extremadura donde anteriormente dirigió la Escuela Universitaria de Formación del Profesorado.
Diputada en el Congreso por Cáceres en representación del PSOE en 1996-2000, fue concejala en el Ayuntamiento de Cáceres en 2003-2007 y Alcaldesa entre 2007 y 2011

Aquí en Extremadura se batallaba entonces por el arreglo o nueva hechura de las carreteras nacionales, por el tren y por determinadas transferencias que debían llegar, como las de Educación. También por la agricultura y las cuotas correspondientes. El mensaje y el método de propagarlo eran los mismos que ahora: unos son buenos, otros son malos; unos quieren al pueblo y otros no.

Ya no están ejerciendo la mayoría de los cargos públicos que aparecen en los papeles de mis archivos. Ahora son otros los actores en el escenario e incluso el pueblo, la gente cotidiana que va cada día a trabajar o (cuando le toca) a sellar la cartilla del paro, ya no es la misma. Los hijos de entonces han crecido y hasta es posible que hayan ocupado el lugar de sus padres en una especie de escalafón hereditario muy al estilo de las monarquías, aunque durante años los progenitores se hayan declarado republicanos.

Politica nueva, política vieja, por Carmen Heras
Nueva política, vieja política; por Carmen Heras para Visioncoach

Al reflexionar sobre los discursos actuales me doy cuenta de que suenan demasiado parecidos a los de entonces porque los argumentos están elaborados con los mismos guisos y han de tener, a la fuerza, un sabor idéntico. De ahí esa sensación de ‘déjà vu’ (ya visto) en la vida pública de hoy, que no se compadece con algo propio del siglo XXI, bastante distinto en preocupaciones y en recursos materiales.

En la vida política no parece haberse producido ninguna innovación. Se sigue debatiendo sobre la idoneidad de las portavocías; sobre el ‘peso’ político de unos u otros dentro de la organización; si un ‘piropo’ lanzado a alguien desde fuera puede dar al traste con sus posibilidades de ascender en la estructura, dada la envidia que genera en los otros; quién sucederá al quien ahora preside; quiénes serán sus adláteres… Ahora, lo único que ha cambiado es el envoltorio, mucho más rutilante, de colores más vivos. Mucho más difundido, y al momento, a través de las redes sociales. Ahí sí existen unos grandes profesionales del discurso.

Carmen Heras

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Esperpento | Damián Beneyto

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Esperpento

DAMIÁN BENEYTO

En “Luces de Bohemia”, obra de teatro escrita por D. José María del Valle Inclán, en la escena duodécima, Max Estrella le dice a D. Latino de Híspalis: “Los héroes clásicos reflejados en los espejos cóncavos da el Esperpento. El sentido trágico de la vida española sólo puede darse con una estética sistemáticamente deformada”.

La percepción del autor es que la sociedad española mezcla la grandeza con lo grotesco creando personajes bufos y deformes a los que no en pocas ocasiones rinde pleitesía. No es D. José María el primero que atribuye estas cualidades al pueblo soberano. D. Francisco de Quevedo y Villegas y D. Francisco de Goya y Lucientes ya en sus obras ponen de relieve la capacidad de los españoles para crear una sociedad grotesca y convertir los valores en algo ridículo.

Nuestra historia es un ‘toma y daca’, como decía D. José María, entre la grandeza y lo grotesco y mucho me temo que estemos pasando por uno de los momentos más ‘grotescos’ de nuestros más de 500 años de historia común como nación.

"Nuestra historia es un 'toma y daca' entre la grandeza y lo grotesco y mucho me temo que estemos pasando por uno de los momentos más 'grotescos' de nuestra historia"

Los españoles cuando no tenemos problemas los buscamos. Es una necesidad casi fisiológica que nos ha conducido en no pocas ocasiones a suicidarnos física y políticamente. Nuestra altanería secular y nuestra  proverbial incultura nos han conducido una y otra vez a tropezar en los mismos pedruscos ideológicos como ninguna otra nación del mundo ha sido capaz. Somos incapaces, quizás fruto de la necedad y de la envidia, de valorar lo bueno que somos capaces de hacer en nuestros pocos periodos de grandeza y con excusas, muchas veces peregrinas, aniquilamos lo que nos ha dado paz, progreso y bienestar.

Damián Beneyto en Visioncoach

Damián Beneyto Pita es natural de Carcaixent (Valencia) pero  extremeño y residente en Plasencia desde 1977.  Profesor de Enseñanza Secundaria. Director del Centro de Artes Escénicas y de la Música, CEMART, entre 2007 y 2011. Director también de la Escuela Superior de Arte Dramático de Extremadura entre 2007 y 2010, Diputado en la Asamblea de Extremadura por el Partido Regionalista Extremeño, PREX, entre 2011 y 2015.

La Transición política de la dictadura a la democracia y la Constitución de 1978 han sido, sin lugar a dudas, uno de los momentos de más grandeza de nuestra historia que nos ha permitido lograr cuotas de bienestar y democracia nunca alcanzado. Sin embargo, una parte importante de los españoles quiere acabar con este periodo de bonanza alegando razones tan absurdas como insensatas.

Personajes esperpénticos son elevados a los altares de la política por un pueblo soberano tan desinformado como necio y que no prevé las consecuencias de sus actos electorales. La credulidad de esa masa amorfa de votantes no tiene parangón como tampoco lo tiene su arrogancia y vanidad para justificar su disparate.

Ilustración de María Titos

"Hemos conseguido que nuestro país esté dirigido por personajes absolutamente grotescos y ridículos, tan incapaces como osados y tan prepotentes como narcisistas"

Estamos pasando por una situación especialmente complicada tanto sanitaria como económica, pero no me cabe la menor duda que, de estar gobernados por personas más capaces, las consecuencias no serían tan graves como las que nos acontecen y, si alguien no lo remedia, nos seguirán aconteciendo.

Hemos conseguido que nuestro país esté dirigido por personajes absolutamente grotescos y ridículos, tan incapaces como osados y tan prepotentes como narcisistas. Toda excusa es buena para aniquilar todo lo que nos ha permitido tener cuarenta años de bonanza. Hasta la pandemia se ha utilizado y se utiliza para ‘soto doce’ recortar derechos individuales y libertades.

Pacto PSOE y Unidas Podemos

Salir de esta situación va a ser muy difícil y garantizar la paz social muy complicado. Si a los españoles no nos da por volver a otro periodo de grandeza las vamos a pasar ‘más putas que en vendimia’, con perdón.

Hay que volver al espíritu de la Transición. Hay que volver a enterrar los odios y rencores que desenterró el incalificable Zapatero y extrañar de la política a tanto ‘pelachuflas’ que, como se está demostrando, solo pretenden destrozar España y llenarse los bolsillos. O ellos o nosotros. Los votantes tenemos la palabra.

Damián Beneyto

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Así comienza un poema del poeta nicaragüense Rubén Darío que tiempo después convirtió en canción el cantautor valenciano Pablo Ibáñez. La juventud siempre ha estado de moda, pero quizás ahora, con esto de la pandemia, el 'modus vivendi' de nuestros jóvenes está más de...
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Pensamiento crítico | Alberto Astorga

Pensamiento crítico | Alberto Astorga

Pensamiento crítico | Alberto Astorga

Pensamiento crítico

 

ALBERTO ASTORGA

El profesor Umberto Eco no se andaba por las ramas y su sinceridad era proverbial. De sobra son conocidas sus opiniones sobre las redes sociales o sobre los medios de comunicación. Entre todas ellas, rescato dos perlas que me parecen características. La primera apareció en una entrevista en el diario La Stampa en 2015:

“Las redes sociales le dan el derecho de hablar a legiones de idiotas que primero hablaban solo en el bar despues de un vaso de vino, sin dañar a la comunidad. Entonces eran silenciados rápidamente y ahora tienen el mismo derecho a hablar que un premio Nobel. Es la invasión de los idiotas”.

La siguiente fue publicada en el diario ABC, también en 2015, y se refería a la promoción que dan los medios de comunicación a ‘opinadores’ de todo pelaje:

“La televisión ha promovido al tonto del pueblo con respecto al cual el espectador se siente superior. El drama de Internet es que ha promocionado al tonto del pueblo al nivel de portavoz de la verdad”.

Para escribir y para hablar hay que aprender a pensar. Aunque la Constitución española, al igual que la de cualquier país democrático, reconozca y proteja el derecho a expresarse libremente, cualquier cosa no vale. Expresarse libremente es legal, sí, pero todas las opiniones no valen o no deberían valer lo mismo.

"Aunque se reconozca y proteja el derecho a expresarse libremente, cualquier cosa no vale. Expresarse libremente es legal, sí, pero todas las opiniones no valen o no deberían valer lo mismo"

En la tormenta de opiniones y desinformaciones con las que las redes sociales nos envuelven y abruman, siempre con claro interés por manipular la voluntad de los ciudadanos, debe exigirse, si se quiere ser ecuánime, saber distinguir la paja del grano, reconocer aquellas opiniones fundadas y razonadas de lo que solo es “hablar por no callar”, que, por desgracia, son la inmensa mayoría y lo impregnan todo con pegajosa y atrevida vehemencia.

Bien es cierto que Internet no ha puesto la información al alcance del teclado, pero la inmensa mayoría de los ciudadanos, incluso aquellos que creen estar bien informados, carecen de la capacidad de razonar, de construir argumentos, fundamentarlos, expresarlos y refutar aquellos otros que carecen o pecan de solvencia y credibilidad.

La inmensa mayoría de los ciudadanos carecen de la capacidad de razonar de forma crítica. No parece que basen su criterio en razones suficientes, relevantes y aceptables para creer o decir algo, o para todo lo contrario. En demasiadas ocasiones, casi en todas, nos dejamos llevar por las vísceras, por los prejuicios ya asentados o por el ‘espíritu de la manada’ al que nos debemos por vivir en sociedad y no querer desentonar de la letanía del común.

Pensamiento crítico por Alberto Astorga

Las cuestiones sobre las que habitualmente hablamos o debatimos, amen de las críticas y cotilleos varios, son básicamente tres: sobre si alto es cierto o no, sobre si algo debería ser o no y sobre si algo es mejor o peor, es bueno o malo. Y para mostrar una opinión solvente no es solo necesario opinar, sino opinar con criterio, con argumentos, con razones y con evidencias que las avalen.

Decía hace ya algunos años el académico, escritos y periodista Arturo Pérez Reverte que “de nada sirven las si quien mete la papeleta en ella es analfabeto”. Y no le falta razón, sino que la acaparaba y acapara toda. Confieso que también opino con él que la educación “es una papilla neutra y desnatada pensada para no ofender a nadie ni disgustar al mediocre”. Y en este contexto, no puede sembrarse ciudadanos con criterio que comparen y razonen lo que se les dice o se les quiere hacer creer.

Cualquier opinión distinta, cualquier criterio distinto al mensaje y a la educación oficial es políticamente incorrecto. Solo quien manda recibe la luz de la verdad y custodian que se preserve. Las opiniones contrarias son descalificas, silenciadas por su intrínseca falsedad e imputadas como ‘fascistas’, que es un calificativo que sirve para todo, principalmente para terminar los debates en los que no se sabe qué decir.

Y de los ‘barros’ de la educación llegan los ‘lodos’ de la ignorancia y del conformismo. España, según los informes Eurostat, es el cuarto Estado de la Unión Europea en el que sus ciudadanos gastan menos en libros. Es el quinto en el que dedicamos menos tiempo diario a la lectura. Y el quinto más bajo también en el porcentaje de lectores sobre población total. Dedicamos, no se lo pierdan, solo 8,3 minutos en leer la prensa, siendo la cifra más baja de las últimas décadas. Así, seamos sinceros, ¿cómo podemos mostrar criterio, conocimientos, argumentos y razones que avalen una posición determinada?, ¿en qué razones basamos nuestras opiniones?  

Pensamiento crítico por Alberto Astorga; Visioncoach;

Para el escritor y político italiano Edmondo de Amicis, “casa sin libros es casa sin dignidad”, casa en la que se carece de interés por el intelecto, por el saber y conocer, por descubrir otras perspectivas, otros argumentos, otras visiones.

Por su parte, Lorenzo Bernáldez de Quirós, en En defensa del pluralismo liberal, afirma que los libros “desempeñan un papel esencial en el pensamiento: enseñan a reflexionar, a argumentar, a disertar, a razonar, a juzgar, a examinar y a desarrollar el espíritu crítico del individuo”.

Si no hay lectura, se pierde gran parte, sino toda, de nuestra capacidad de reflexionar, de generar una opción propia, de ser activo en la generación de ideas y de proyectos.

Se trata de, no ya ser capaz de formular hipótesis, ver un problema o un asunto desde distintos puntos de vista alternativos, plantear preguntas y posibles soluciones, así como investigar y conocer en profundidad de qué se está hablando, sino de tener también una clara disposición de hacerlo -algo que no se observa en nuestra política actual-, estar dispuestos a ver situaciones, buscar y dar razones, ser sensible a la información y a la búsqueda de soluciones. Analizar, dialogar, aportar, contrastar.

Caer en ese analfabetismo supone dejarse arrastrar por las nuevas y perversas religiones ideológicas. Olvidar la historia es permitir que la historia nos la reescriban, nos la perviertan, nos la manipulen, nos cuestionen nuestro hoy y nos hagan caer en errores que ya fueron superados.

Generar el pensamiento crítico es uno de los retos que debemos afrontar. Y lo debemos hacer desde la educación en valores en casa, aunque lamentablemente, la desidia y la comodidad han hecho nicho en nuestra sociedad. No hacerlo es estar abocados a una sociedad donde seremos conducidos por el primer flautista que nos toque melodías. Serenatas con las que nuestra sociedad, nuestra política y nuestro entorno está llegando a cotas de indignidad verdaderamente miserables y despreciable.

Alberto Astorga

El valor de la verdad, por Víctor Píriz

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Deportes de élite | Carmen Heras

Deportes de élite | Carmen Heras

Deportes de élite | Carmen Heras

Deportes de élite

CARMEN HERAS

Hay inteligencia en saber construir unas frases perfectas (sujeto, verbo, etc.), tal y como lo hacen los literatos, y en pronunciarlas con una entonación precisa, como oímos a los buenos periodistas de la radio. También en presentar unas conductas de manera coherente, en planificar un discurso creíble, en fijar el foco en unos aspectos de la realidad en vez de en otros, sacándole posibilidades a los matices. Pero para que hay juego alguien debe estar enfrente, ‘devolviendo la pelota’, hacia la portería del contrario, cambiando de sitio en el tablero la pieza clave de ajedrez -la mente puesta ya en el siguiente movimiento del contrario-, ‘encestando’ en canasta ajena una y varias veces , haciendo triples si se tercia…, jugando, en definitiva, con unas reglas aceptadas a priori por todas las partes y legitimadas por los árbitros correspondientes. Jugando, sí, pero con deportividad; no solo intentando ganar a cualquier precio.

Solo entonces es posible que se celebre un partido excelente, plausible y digno de atención, con verdadero interés para los aficionados y para los que no lo son tantopues -al no disponer los contendientes de buenos conocimientos y un adecuado sentido de la épica-, nadie puede prever desde el principio quién ganará y, sobre todo, nadie podrá hacerlo solo por los defectos del contrario

"Todo el mundo sabe que hoy solamente hay dos fuerzas políticas que pueden ser las responsables de la construcción de un gobierno en este país"

Todos tenemos en mente a deportistas de prestigio ganando y perdiendo, desde el más absoluto respeto al contrincante, a lo largo de su vida deportiva. Con ese señorío natural que no se aprende en un libro. ¿Ustedes se imaginan que las figuras deportivas jugaran solo para que sus seguidores los siguieran agasajando y vitoreando?, ¿que establecieran su juego, atendiendo únicamente a las hipotéticas preferencias de los censados en las listas de población, de los asistentes a un estadio, por ser éstos quienes han comprado las entradas?, ¿mirando de conseguir que las preferencias de los más radicales en la visión del juego primasen sobre otras cuestiones deportivas para así́ ser los favoritos de éstos y arrancar de ahí́ posibles votos de aceptación?

Carmen Heras
Carmen Heras Pablo es Licenciada en Ciencias Físicas por la Universidad de Valladolid. Profesora Titular de Didáctica de las Matemáticas en la Universidad de Extremadura donde anteriormente dirigió la Escuela Universitaria de Formación del Profesorado.
Diputada en el Congreso por Cáceres en representación del PSOE en 1996-2000, fue concejala en el Ayuntamiento de Cáceres en 2003-2007 y Alcaldesa entre 2007 y 2011

Todo el mundo sabe que hoy, aun existiendo diferentes partidos en el arco parlamentario español, solamente hay dos fuerzas políticas que pueden ser las responsables de la construcción de un gobierno en este país. Una se sitúa en la parte ideológica de la derecha (PP) y la otra en la de la izquierda (PSOE). Luego podrán unirse a opciones diversas en función de estrategias, tácticas y geométricas, pero el quid de la cuestión, la responsabilidad histórica de liderazgo, siempre está en los mismos lugares.

Por eso los ciudadanos reclaman el juego limpio de todos, pero fundamentalmente de los dos grandes partidos clásicos, con hojas de servicio contrastadas a lo largo del tiempo.

Pablo Casado y Pedro Sánchez; PP y PSOE, alternativas reales de gobierno;

Uno de los motivos por los que los votantes emiten su voto a favor de una u otra opción es del definido coloquialmente como el del “mal menor”, para que gobierne el menos malo, según su interpretación de la situación del tablero de juego, en economía, en servicios sociales, etc. Incluso lo hacen los más ‘adictos’ con verdadera rabia interna por no tener verdaderas opciones de elegir. Un partido en la oposición debiera estar, desde el principio, marcando un programa alternativo al que critica, con verdadera responsabilidad de estadista, pues tarde más o menos, volverá al gobierno.

Y porque solamente eso le dará votos razonados, al crear las situaciones propicias para su vuelta. Si solo se limita a criticar no conseguirá la confianza mayoritaria ni el número de votos necesarios. Ya lo dijo el recientemente fallecido Pere Casaldáliga; “no solo hay que ser creyente, también hay que ser creíble”. 

Carmen Heras

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