Lo menos malo | Carmen Heras

Lo menos malo | Carmen Heras

Lo menos malo | Carmen Heras

Lo menos malo

CARMEN HERAS

Sorprendentemente, quienes más han declarado detestar un sistema por considerarlo rey y señor entre nosotros, solicitan ahora que se ocupe de todo, o al menos de una parte extensa en la erradicación de la pandemia producida por el coronavirus. Aunque nada coherente, resulta explicable y no hay que ‘rasgarse las vestiduras’; también los jóvenes que debaten y exigen sobre su autonomía lejos de los padres, vuelven de vez en cuando y les piden ayuda en la resolución de los entuertos.

Recordemos la época en la que vivimos, de profundo y mayoritario descreimiento de todo y de todos, en cualquiera de las direcciones que se mire. No olvidemos que a los gobiernos también los consolidan las propias debilidades e incompetencias de los contrincantes, y tan es así que cualquier movimiento que produzca miedo entre la ciudadanía, los reafirma y justifica.

Nadie quiere riesgos cuando existe el miedo; el miedo al virus; miedo a que se colapse el sistema sanitario -el estado del bienestar ya no es lo que era-; miedo al debacle económico; miedo a que no haya pensiones para todos con tanto paro y empleos tan escuálidos

Irse ahora se valoraría como una debilidad en toda regla para futuras convocatorias electorales, amen de tener que renunciar a apetitosas canonjías.

Así van las cosas y así estamos -como el título de la primera novela de Juan Marsé“Encerrados con un solo juguete”, pues, a ciencia cierta, nadie puede escapar de su propio papel en este drama.

El gobierno minoritario necesita de todas las fuerzas política, pues los acuerdos con cada una de ellas nunca son estables en el tiempo -todas atentas a sus propias encuestas electorales- y pueden servir aquí y ahora pero no hacerlo al cabo de dos meses, lo que obliga a no cerrar del todo las puertas con nadie, no vaya a ser que se les precise para un último empujón.

Carmen Heras
Carmen Heras Pablo es Licenciada en Ciencias Físicas por la Universidad de Valladolid. Profesora Titular de Didáctica de las Matemáticas en la Universidad de Extremadura donde anteriormente dirigió la Escuela Universitaria de Formación del Profesorado.
Diputada en el Congreso por Cáceres en representación del PSOE en 1996-2000, fue concejala en el Ayuntamiento de Cáceres en 2003-2007 y Alcaldesa entre 2007 y 2011

Es la falta de confianza en los pactos alcanzados -pactos pragmáticos a tope- con los distintos partidos, la que induce al gobierno de turno a manejar una metodología tan cortoplacista que roza en el cuasi-cinismo y origina una multitud de declaraciones contradictorias. Y todo ello fruto de la propia necesidad de mantenerse -necesidad ‘autocreada’ al aceptar gobernar de esta manera y en estas circunstancias-. Irse ahora se valoraría como una debilidad en toda regla para futuras convocatorias electorales, amén de significar la renuncia a una seríe de canonjías de lo más apetitosas.

El pueblo español votó en su momento y lo hizo entre las varias opciones de la oferta. Dejando aparte el importante porcentaje de la abstención, pareciera que su subconsciente colectivo hubiera funcionado para no otorgar mayoría a ninguno de los partidos en liza, de modo y manera que nadie tuviera las manos libres para implantar puro su propio programa de máximos. Y desde luego, despreciando la opción de que los dos más clásicos -el PSOE y el PP- pudieran hacerse de manera unívoca con el gobierno del país.

La cupula de Podemos, colocada en los ministerios

Aunque a efectos prácticos dé lo mismo llegar al poder de una forma u otra, siempre que sea democrática, y de que, según los asesores y simpatizantes, lo importante es ser votados, aun cuando sea porque el resto de la oferta no merezca mayor confianza, lo cierto y verdad es que ninguno de nuestros líderes así elegidos -y hay unos cuantos- debiera olvidar que están ahí no por sus méritos incuestionables, sino por aparecer como ‘lo menos malo’, ‘lo menos peligroso’ ´lo más moldeable’ o ‘lo más pragmático’ en una comparación ente las alternativas propuestas.

Ellos lo saben. De ahí las mañas, recursos e imprecaciones contra los adversarios, usados en la pelea diaria, escondidos entre las ‘llamadas a la responsabilidad’ y al ‘sentido de estado’. Desde luego, si yo fuera oposición tomaría buena nota para ser ‘lo mejor’. Si quieren, claro está, sea algún día, la alternativa.

Carmen Heras

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Política nueva, política vieja

CARMEN HERAS

Ya había reparado en ello, pero estos días, repasando documentación de mi etapa como diputada en el Congreso, he vuelto a darme cuenta. La rueda gira siempre por los mismos caminos y triturando las mismas cosas. Y lo mismo ocurre en cualquier institución o departamento de los existentes.

Entiendo así, aunque no lo comparta, el grado de ironía y hasta la ‘puntita’ de cinismo con que los más veteranos contemplan las guerras cainitas dentro y fuera de los partidos y comprendo perfectamente el sutil descreimiento de los cronistas que por profesión deben hacer todos los días un ‘telediario’ político

"Al reflexionar sobre los discursos actuales me doy cuenta de que suenan demasiado parecidos a los de entonces, porque los argumentarios están elaborados con los mismos guisos y han de tener, a la fuerza, un sabor idéntico"

Estuve en el Congreso de los Diputados en la legislatura 1996/2000. Fue la etapa del primer gobierno de José María Aznar, después de los catorce años de Felipe González. Todo parecía entonces recién descubierto y nuevo bajo el sol.

Releyendo argumentarios, sesiones de pleno, comisiones, noticias de prensa de aquellas fechas,… me doy cuenta de lo poco que ha cambiado en lo fundamental.

En toda la documentación hay, sin duda, una defensa de los temas de acuerdo a una ideología, lo mismo en la derecha que en la izquierda, pero, a su vera, se cuelan los ‘latiguillos’, las frases hechas de antemano, el deseo de ridiculizar y anular al adversario, etc., entremezclados con la visualización de las realidades incompletas que existían y aún siguen existiendo. Como ahora.

Carmen Heras
Carmen Heras Pablo es Licenciada en Ciencias Físicas por la Universidad de Valladolid. Profesora Titular de Didáctica de las Matemáticas en la Universidad de Extremadura donde anteriormente dirigió la Escuela Universitaria de Formación del Profesorado.
Diputada en el Congreso por Cáceres en representación del PSOE en 1996-2000, fue concejala en el Ayuntamiento de Cáceres en 2003-2007 y Alcaldesa entre 2007 y 2011

Aquí en Extremadura se batallaba entonces por el arreglo o nueva hechura de las carreteras nacionales, por el tren y por determinadas transferencias que debían llegar, como las de Educación. También por la agricultura y las cuotas correspondientes. El mensaje y el método de propagarlo eran los mismos que ahora: unos son buenos, otros son malos; unos quieren al pueblo y otros no.

Ya no están ejerciendo la mayoría de los cargos públicos que aparecen en los papeles de mis archivos. Ahora son otros los actores en el escenario e incluso el pueblo, la gente cotidiana que va cada día a trabajar o (cuando le toca) a sellar la cartilla del paro, ya no es la misma. Los hijos de entonces han crecido y hasta es posible que hayan ocupado el lugar de sus padres en una especie de escalafón hereditario muy al estilo de las monarquías, aunque durante años los progenitores se hayan declarado republicanos.

Politica nueva, política vieja, por Carmen Heras
Nueva política, vieja política; por Carmen Heras para Visioncoach

Al reflexionar sobre los discursos actuales me doy cuenta de que suenan demasiado parecidos a los de entonces porque los argumentos están elaborados con los mismos guisos y han de tener, a la fuerza, un sabor idéntico. De ahí esa sensación de ‘déjà vu’ (ya visto) en la vida pública de hoy, que no se compadece con algo propio del siglo XXI, bastante distinto en preocupaciones y en recursos materiales.

En la vida política no parece haberse producido ninguna innovación. Se sigue debatiendo sobre la idoneidad de las portavocías; sobre el ‘peso’ político de unos u otros dentro de la organización; si un ‘piropo’ lanzado a alguien desde fuera puede dar al traste con sus posibilidades de ascender en la estructura, dada la envidia que genera en los otros; quién sucederá al quien ahora preside; quiénes serán sus adláteres… Ahora, lo único que ha cambiado es el envoltorio, mucho más rutilante, de colores más vivos. Mucho más difundido, y al momento, a través de las redes sociales. Ahí sí existen unos grandes profesionales del discurso.

Carmen Heras

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Deportes de élite | Carmen Heras

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Deportes de élite

CARMEN HERAS

Hay inteligencia en saber construir unas frases perfectas (sujeto, verbo, etc.), tal y como lo hacen los literatos, y en pronunciarlas con una entonación precisa, como oímos a los buenos periodistas de la radio. También en presentar unas conductas de manera coherente, en planificar un discurso creíble, en fijar el foco en unos aspectos de la realidad en vez de en otros, sacándole posibilidades a los matices. Pero para que hay juego alguien debe estar enfrente, ‘devolviendo la pelota’, hacia la portería del contrario, cambiando de sitio en el tablero la pieza clave de ajedrez -la mente puesta ya en el siguiente movimiento del contrario-, ‘encestando’ en canasta ajena una y varias veces , haciendo triples si se tercia…, jugando, en definitiva, con unas reglas aceptadas a priori por todas las partes y legitimadas por los árbitros correspondientes. Jugando, sí, pero con deportividad; no solo intentando ganar a cualquier precio.

Solo entonces es posible que se celebre un partido excelente, plausible y digno de atención, con verdadero interés para los aficionados y para los que no lo son tantopues -al no disponer los contendientes de buenos conocimientos y un adecuado sentido de la épica-, nadie puede prever desde el principio quién ganará y, sobre todo, nadie podrá hacerlo solo por los defectos del contrario

"Todo el mundo sabe que hoy solamente hay dos fuerzas políticas que pueden ser las responsables de la construcción de un gobierno en este país"

Todos tenemos en mente a deportistas de prestigio ganando y perdiendo, desde el más absoluto respeto al contrincante, a lo largo de su vida deportiva. Con ese señorío natural que no se aprende en un libro. ¿Ustedes se imaginan que las figuras deportivas jugaran solo para que sus seguidores los siguieran agasajando y vitoreando?, ¿que establecieran su juego, atendiendo únicamente a las hipotéticas preferencias de los censados en las listas de población, de los asistentes a un estadio, por ser éstos quienes han comprado las entradas?, ¿mirando de conseguir que las preferencias de los más radicales en la visión del juego primasen sobre otras cuestiones deportivas para así́ ser los favoritos de éstos y arrancar de ahí́ posibles votos de aceptación?

Carmen Heras
Carmen Heras Pablo es Licenciada en Ciencias Físicas por la Universidad de Valladolid. Profesora Titular de Didáctica de las Matemáticas en la Universidad de Extremadura donde anteriormente dirigió la Escuela Universitaria de Formación del Profesorado.
Diputada en el Congreso por Cáceres en representación del PSOE en 1996-2000, fue concejala en el Ayuntamiento de Cáceres en 2003-2007 y Alcaldesa entre 2007 y 2011

Todo el mundo sabe que hoy, aun existiendo diferentes partidos en el arco parlamentario español, solamente hay dos fuerzas políticas que pueden ser las responsables de la construcción de un gobierno en este país. Una se sitúa en la parte ideológica de la derecha (PP) y la otra en la de la izquierda (PSOE). Luego podrán unirse a opciones diversas en función de estrategias, tácticas y geométricas, pero el quid de la cuestión, la responsabilidad histórica de liderazgo, siempre está en los mismos lugares.

Por eso los ciudadanos reclaman el juego limpio de todos, pero fundamentalmente de los dos grandes partidos clásicos, con hojas de servicio contrastadas a lo largo del tiempo.

Pablo Casado y Pedro Sánchez; PP y PSOE, alternativas reales de gobierno;

Uno de los motivos por los que los votantes emiten su voto a favor de una u otra opción es del definido coloquialmente como el del “mal menor”, para que gobierne el menos malo, según su interpretación de la situación del tablero de juego, en economía, en servicios sociales, etc. Incluso lo hacen los más ‘adictos’ con verdadera rabia interna por no tener verdaderas opciones de elegir. Un partido en la oposición debiera estar, desde el principio, marcando un programa alternativo al que critica, con verdadera responsabilidad de estadista, pues tarde más o menos, volverá al gobierno.

Y porque solamente eso le dará votos razonados, al crear las situaciones propicias para su vuelta. Si solo se limita a criticar no conseguirá la confianza mayoritaria ni el número de votos necesarios. Ya lo dijo el recientemente fallecido Pere Casaldáliga; “no solo hay que ser creyente, también hay que ser creíble”. 

Carmen Heras

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La ineptocracia | Carmen Heras

La ineptocracia | Carmen Heras

La ineptocracia | Carmen Heras

La ineptocracia

CARMEN HERAS

Este artículo se sustenta en la tesis de que si bien el más puro sentido generalista de la democracia lleva consigo la plena posibilidad -para todos- de representación, una vez probado tal aserto debiéramos conseguir, que ciertos puestos claves de acción y dirección los ocupen los más preparados y no cualquiera -hombre, mujer- por el solo hecho de ser personas con derechos y deberes. Y no vale la idea de que los partidos políticos hacen la criba correspondiente, pues sabido es cómo seleccionan a sus candidatos en un número abundante de ocasiones.

Las listas abiertas (aunque con sus trampas) se acercarían a la opción señalada, con el votante haciendo su selección eligiendo directamente a los candidatos, por sus características propias, una de las cuales es ser perteneciente a una organización política y a una ideología, pero no la única

"Debiéramos conseguir que ciertos puestos claves de acción y dirección los ocupen los más preparados"

Todo encaja y, como decía el otro, tiene que ver con la economía. Les cito un ejemplo. Allá por los años noventa del siglo pasado había mayor número de mujeres con estudios, así que comenzó a ser bastante usual en algunas profesiones liberales el que trabajasen los dos componentes de un matrimonio. “Los hombres estamos de enhorabuena (me dijo, entonces, riendo un colega), seguís ocupándoos de las tareas domésticas y además añadís un sueldo a casa“.

Cuando mucho antes se consiguió́ el voto para la mujer, el debate estuvo servido de antemano. El razonamiento era impecable: “las mujeres son la mitad de la población y si la población tiene derecho al voto, también lo tienen las mujeres”, de ahí́ que los contrarios al mismo hubieran de buscar argumentos en contra, como el de la posible influencia de los confesionarios en las votantes femeninas.

Carmen Heras
Carmen Heras Pablo es Licenciada en Ciencias Físicas por la Universidad de Valladolid. Profesora Titular de Didáctica de las Matemáticas en la Universidad de Extremadura donde anteriormente dirigió la Escuela Universitaria de Formación del Profesorado.
Diputada en el Congreso por Cáceres en representación del PSOE en 1996-2000, fue concejala en el Ayuntamiento de Cáceres en 2003-2007 y Alcaldesa entre 2007 y 2011

La reacción llegó pronto: “Que las mujeres competentes alcancen un puesto no basta, eso va de suyo. Igual que cualquier hombre, aun siendo incompetente, puede llegar a un cargo público, solo cuando las mujeres incompetentes lleguen a esos mismos lugares se habrá conseguido la plena igualdad”, expusieron las más radicalizadas. Pues se cumplió. Ya tenemos de todo en cualquier sitio, salvando las gloriosas excepciones. Como en botica. Y hasta es lógico, si me apuran.

Pero a medida que cambian los tiempos, también cambian ciertas reglas de juego, en la manera en que se sustentan y concretizan las necesidades del mundo real. Si de la generalización que se hizo sobre la igualdad de derechos y el supuesto de que la democracia está plenamente implantada, emergió́ la creencia de que cualquier persona puede “llegar” y “hacer”, simplemente por el mero hecho de existir sobre la faz de la tierra, en momentos de dificultades como los que todos vivimos hoy, parece haber llegado la hora de reequilibrar.

Politicos incompetentes; Carmen Heras habla de Ineptocracia en Visioncoach

"Igual que cualquier hombre, aun siendo incompetente, puede llegar a un cargo público, solo cuando las mujeres incompetentes lleguen a esos mismos lugares se habrá conseguido la plena igualdad"

Si la consecuencia de lo primero ha sido que espacios importantes de toma de decisión sen han ocupado, por gente incompetente y por otra que no lo es tanto, ahora que la sociedad necesita trabajar con mejores opciones, todos debiéramos aplicarnos en incentivar el mérito personal y colectivo que pueda sacarnos del atolladero con mayores garantías. Incluso eso mismo podría servir de estímulo par los más flojos aspirantes a dirigentes.

Reitero la idea, aún sabiendo que es un tanto utópica: De acuerdo, ya lo hemos demostrado, bendita democracia, cualquiera puede aspirar a cualquier cargo; la democracia es sólida y lo aguanta todo, pero ahora puede ser un buen momento de rectificar las aristas de la medida y de quienes la aplican. ¿Qué se pierde por intentarlo? ¿Por qué no? Desterremos la ineptocracia.

Carmen Heras

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La necesidad de una verdadera élite | Carmen Heras

La necesidad de una verdadera élite | Carmen Heras

La necesidad de una verdadera élite | Carmen Heras

La necesidad de una verdadera élite

CARMEN HERAS

Amigos, hagamos una radiografía, aproximada, de situación:

Año 2008 y siguientes: crisis económica, rebaja de expectativas laborales, empobrecimiento de la clase media, paro, corrupción, reformas laborales. Políticamente se demandan cambios, rejuvenecimiento, movimiento de banquillo, actualización de eslóganes y discursos, reelaboración de principios. Gobiernos de derechas, donde lo llamado ‘liberal’ prime, adhesión a los acuerdos de la Europa económica y a sus ideas de contención del gasto. Se vende la austeridad como virtud y las dotes inversoras como manirrotas.

Se produce un ‘ensimismamiento en sí mismas’ de las mentes más preclaras y una lucha sin cuartel por ascender en la vida de los partidos políticos. Se jubila a la mayoría de los pertenecientes al grupo de líderes, sustituyéndolos personas muy jóvenes en un vuelco generacional que garantice el entusiasmo y, al mismo tiempo, la dependencia de un centro de mando encabezado por la vieja estructura. Se aplica la máxima de ‘cambiar algo para que todo quede igual’

"Al ascender en política los mediocres sin oficio reconocido o muy mal remunerado, la política se convierte, sin tapujos, en una profesión en la que hay que intentar permanecer"

La medianía se hace cargo de las responsabilidades de dirección y gestión de un país. Igual ocurre con la vida cultural y educativa, puntos claves para enjuiciar el nivel de progreso de una zona. Justificado todo ello con la premisa falsamente igualitaria de que ‘todos somos iguales’ y, por tanto, todos podemos servir para hacer cualquier trabajo, se tapona la esperanza de calidad bajo eslóganes que defienden que no es tan necesaria

Carmen Heras
Carmen Heras Pablo es Licenciada en Ciencias Físicas por la Universidad de Valladolid. Profesora Titular de Didáctica de las Matemáticas en la Universidad de Extremadura donde anteriormente dirigió la Escuela Universitaria de Formación del Profesorado.
Diputada en el Congreso por Cáceres en representación del PSOE en 1996-2000, fue concejala en el Ayuntamiento de Cáceres en 2003-2007 y Alcaldesa entre 2007 y 2011

Al ascender en política los mediocres sin oficio reconocido o muy mal remunerado, la política se convierte -sin tapujos- en una profesión en la que hay que intentar permanecer. La falta de una verdadera personalidad de la mayoría de aquellos, les confiere una fuerte dependencia del jefe de turno, y en ocasiones, conduce a un mero cambalache por el cual, una parte promete sumisión para formar parte del ejército de fieles, mientras que la otra, con voz en las altas esferas, se compromete a proteger a la primera, en una simbiosis perfecta de aprovechamiento para ambas partes.

Cuando llega la crisis del Covid, el país está regido por mayorías imperfectas con amplio desprestigio entre la opinión pública; con parlamentos enormes excesivamente fragmentados; con niveles económicos muy distintos entre la clase política y el resto; con instituciones añosas y sin posibilidad real de renovación.

No hay empatía y sí una extrema derecha al alza. Y una generación joven y preparada que busca fuera de nuestras fronteras un trabajo y una vida que aquí no tiene, habida cuenta de que las ‘restricciones’ ocupan los lugares del ‘estímulo’ en cualquier orden de cosas. La apariencia ordena, pues es más fuerte que la realidad, puesto que no hay certezas puras y solo probabilidades.

Construyendo al líder perfecto
Construir a la mujer líder en politica

"A mi modo de entender, hace falta una élite preparada que se ponga a trabajar en beneficio del país e incluso de cada autonomía o municipio"

A mi modo de entender, hace falta una élite preparada que se ponga a trabajar en beneficio del país e incluso de cada autonomía o municipio. Con criterios reflexionados y perspectiva de futuro a medio y largo plazo. Una élite lo suficientemente honrada como para invertir en conocimiento, dejar formarse a unos y a otros en libertad y actuar en consecuencia.

Fíjense que no hablo de intelectualidad, aunque esta sea necesaria, ni de abnegación e inocencia, aunque deban servir de especias básicas del guiso. No hablo de tecnócratas, aunque deban ser necesarios en algunas facetas para controlar que el gasto no se dispare. No hablo tampoco de políticos de raza, aunque qué duda cabe que podrían volver muy sabroso el caldo.

Hablo de una mezcla de todo ello, compuesta de partes con valor en sí mismas. Aquí y ahora. Que aporten tanto como reciban. Es aquello de Kennedy: “pregúntense qué pueden hacer ustedes por su país”.

Carmen Heras

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La decencia | Carmen Heras

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La decencia

CARMEN HERAS

Si se busca en el diccionario el significado de la palabra decencia vemos que se la define como la honradez y rectitud que impide cometer actos delictivos o moralmente reprobables. Existen innumerables apreciaciones sobre ella de personas muy informadas. Desde literatos, como Jacinto Benavente, o la gran Yourcenar, pasando por filósofos, como Nietzsche, o humoristas como Álvaro de la Iglesia. Son muchos los que la han citado en algún momento, lo que revela su importancia dentro de una sociedad en cualquier época, ya sea timorata o hipócrita, indulgente o permisiva.

Tener una vida pública decente parece ser la piedra filosofal necesaria a un sistema democrático que funcione. Es lógico, para que un político sea un verdadero representante de los ciudadanos ha de servirles de ejemplo al encarnar sus mejores virtudes. Ahora bien, ¿cuáles son las primordiales en un político decente? Que no robe, contestarán algunos. Que se preocupe por hacer bien su quehacer público, dirán otros. Que no mienta y cumpla lo prometido, razonarán unos terceros

"Para que un político sea un verdadero representante de los ciudadanos ha de servirles de ejemplo al encarnar sus mejores virtudes"

Vayamos por partes. ¿Qué significa robar? Quitar a otro algo suyo. Por ejemplo, la fé en las instituciones, esas estructuras mediante las cuales los humanos nos organizamos para vivir un poco mejor y con derechos. ¿Roba un político cuando las vuelve endebles al no ejercer de manera adecuada los deberes propios de su puesto en ellas? ¿Roba por recibir unos emolumentos aun no trabajando suficientemente, o no estar capacitado? ¿Roban los políticos que no tienen, dentro de la institución, un proyecto común de progreso para sus convecinos? ¿Roban cuando cargan al erario público, que es de todos, los gastos derivados de gabinetes gigantes con personas amigas pero no adecuadas?

Carmen Heras
Carmen Heras Pablo es Licenciada en Ciencias Físicas por la Universidad de Valladolid. Profesora Titular de Didáctica de las Matemáticas en la Universidad de Extremadura donde anteriormente dirigió la Escuela Universitaria de Formación del Profesorado.
Diputada en el Congreso por Cáceres en representación del PSOE en 1996-2000, fue concejala en el Ayuntamiento de Cáceres en 2003-2007 y Alcaldesa entre 2007 y 2011

¿Y qué significa realizar bien su quehacer? En principio, pareciera que es colaborar en la mejora de la vida de todos. ¿Con equidad o sin ella? ¿Puede hablarse de mejora general sin la equidad que nivela los desequilibrios? ¿Que no ayuda a unos y sí a otros? ¿Se realiza bien una tarea cuando el objetivo se orienta preferentemente hacia los sectores donde están los propios votantes? ¿Se ayuda a largo plazo a una población cuando se regala el “pescado” gratis y nunca la “caña” que lo pesca? ¿Cuando se emplean unos recursos públicos a fondo perdido y no se contempla la recuperación en especie de los mismos mediante una evaluación adecuada? Y, por ende, ¿realiza su quehacer en pro del bien común el político que no se duele y actúa ante las injusticias que puedan sufrir los gobernados?

La decencia en la política, por Carmen Heras

Por último, ¿qué significa no mentir? Decir la verdad, no inducir simplemente la percepción de la misma o su simulación entre la gente. No prometer lo que no se hará, lo que no puede cumplirse. No fingir propósitos con palabras que los hechos desmontan. No despistar a nadie con las apariencias. No engañar, en suma, con cifras, esquemas y propósitos ocultos, con encuestas y eslóganes.

Todo lo anterior pareciera una búsqueda continua de la santa inocencia, ¿verdad amigos? Pues eso. Referentes. 

Carmen Heras

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