Pensamiento crítico | Alberto Astorga

Pensamiento crítico | Alberto Astorga

Pensamiento crítico | Alberto Astorga

Pensamiento crítico

 

ALBERTO ASTORGA

El profesor Umberto Eco no se andaba por las ramas y su sinceridad era proverbial. De sobra son conocidas sus opiniones sobre las redes sociales o sobre los medios de comunicación. Entre todas ellas, rescato dos perlas que me parecen características. La primera apareció en una entrevista en el diario La Stampa en 2015:

“Las redes sociales le dan el derecho de hablar a legiones de idiotas que primero hablaban solo en el bar despues de un vaso de vino, sin dañar a la comunidad. Entonces eran silenciados rápidamente y ahora tienen el mismo derecho a hablar que un premio Nobel. Es la invasión de los idiotas”.

La siguiente fue publicada en el diario ABC, también en 2015, y se refería a la promoción que dan los medios de comunicación a ‘opinadores’ de todo pelaje:

“La televisión ha promovido al tonto del pueblo con respecto al cual el espectador se siente superior. El drama de Internet es que ha promocionado al tonto del pueblo al nivel de portavoz de la verdad”.

Para escribir y para hablar hay que aprender a pensar. Aunque la Constitución española, al igual que la de cualquier país democrático, reconozca y proteja el derecho a expresarse libremente, cualquier cosa no vale. Expresarse libremente es legal, sí, pero todas las opiniones no valen o no deberían valer lo mismo.

"Aunque se reconozca y proteja el derecho a expresarse libremente, cualquier cosa no vale. Expresarse libremente es legal, sí, pero todas las opiniones no valen o no deberían valer lo mismo"

En la tormenta de opiniones y desinformaciones con las que las redes sociales nos envuelven y abruman, siempre con claro interés por manipular la voluntad de los ciudadanos, debe exigirse, si se quiere ser ecuánime, saber distinguir la paja del grano, reconocer aquellas opiniones fundadas y razonadas de lo que solo es “hablar por no callar”, que, por desgracia, son la inmensa mayoría y lo impregnan todo con pegajosa y atrevida vehemencia.

Bien es cierto que Internet no ha puesto la información al alcance del teclado, pero la inmensa mayoría de los ciudadanos, incluso aquellos que creen estar bien informados, carecen de la capacidad de razonar, de construir argumentos, fundamentarlos, expresarlos y refutar aquellos otros que carecen o pecan de solvencia y credibilidad.

La inmensa mayoría de los ciudadanos carecen de la capacidad de razonar de forma crítica. No parece que basen su criterio en razones suficientes, relevantes y aceptables para creer o decir algo, o para todo lo contrario. En demasiadas ocasiones, casi en todas, nos dejamos llevar por las vísceras, por los prejuicios ya asentados o por el ‘espíritu de la manada’ al que nos debemos por vivir en sociedad y no querer desentonar de la letanía del común.

Pensamiento crítico por Alberto Astorga

Las cuestiones sobre las que habitualmente hablamos o debatimos, amen de las críticas y cotilleos varios, son básicamente tres: sobre si alto es cierto o no, sobre si algo debería ser o no y sobre si algo es mejor o peor, es bueno o malo. Y para mostrar una opinión solvente no es solo necesario opinar, sino opinar con criterio, con argumentos, con razones y con evidencias que las avalen.

Decía hace ya algunos años el académico, escritos y periodista Arturo Pérez Reverte que “de nada sirven las si quien mete la papeleta en ella es analfabeto”. Y no le falta razón, sino que la acaparaba y acapara toda. Confieso que también opino con él que la educación “es una papilla neutra y desnatada pensada para no ofender a nadie ni disgustar al mediocre”. Y en este contexto, no puede sembrarse ciudadanos con criterio que comparen y razonen lo que se les dice o se les quiere hacer creer.

Cualquier opinión distinta, cualquier criterio distinto al mensaje y a la educación oficial es políticamente incorrecto. Solo quien manda recibe la luz de la verdad y custodian que se preserve. Las opiniones contrarias son descalificas, silenciadas por su intrínseca falsedad e imputadas como ‘fascistas’, que es un calificativo que sirve para todo, principalmente para terminar los debates en los que no se sabe qué decir.

Y de los ‘barros’ de la educación llegan los ‘lodos’ de la ignorancia y del conformismo. España, según los informes Eurostat, es el cuarto Estado de la Unión Europea en el que sus ciudadanos gastan menos en libros. Es el quinto en el que dedicamos menos tiempo diario a la lectura. Y el quinto más bajo también en el porcentaje de lectores sobre población total. Dedicamos, no se lo pierdan, solo 8,3 minutos en leer la prensa, siendo la cifra más baja de las últimas décadas. Así, seamos sinceros, ¿cómo podemos mostrar criterio, conocimientos, argumentos y razones que avalen una posición determinada?, ¿en qué razones basamos nuestras opiniones?  

Pensamiento crítico por Alberto Astorga; Visioncoach;

Para el escritor y político italiano Edmondo de Amicis, “casa sin libros es casa sin dignidad”, casa en la que se carece de interés por el intelecto, por el saber y conocer, por descubrir otras perspectivas, otros argumentos, otras visiones.

Por su parte, Lorenzo Bernáldez de Quirós, en En defensa del pluralismo liberal, afirma que los libros “desempeñan un papel esencial en el pensamiento: enseñan a reflexionar, a argumentar, a disertar, a razonar, a juzgar, a examinar y a desarrollar el espíritu crítico del individuo”.

Si no hay lectura, se pierde gran parte, sino toda, de nuestra capacidad de reflexionar, de generar una opción propia, de ser activo en la generación de ideas y de proyectos.

Se trata de, no ya ser capaz de formular hipótesis, ver un problema o un asunto desde distintos puntos de vista alternativos, plantear preguntas y posibles soluciones, así como investigar y conocer en profundidad de qué se está hablando, sino de tener también una clara disposición de hacerlo -algo que no se observa en nuestra política actual-, estar dispuestos a ver situaciones, buscar y dar razones, ser sensible a la información y a la búsqueda de soluciones. Analizar, dialogar, aportar, contrastar.

Caer en ese analfabetismo supone dejarse arrastrar por las nuevas y perversas religiones ideológicas. Olvidar la historia es permitir que la historia nos la reescriban, nos la perviertan, nos la manipulen, nos cuestionen nuestro hoy y nos hagan caer en errores que ya fueron superados.

Generar el pensamiento crítico es uno de los retos que debemos afrontar. Y lo debemos hacer desde la educación en valores en casa, aunque lamentablemente, la desidia y la comodidad han hecho nicho en nuestra sociedad. No hacerlo es estar abocados a una sociedad donde seremos conducidos por el primer flautista que nos toque melodías. Serenatas con las que nuestra sociedad, nuestra política y nuestro entorno está llegando a cotas de indignidad verdaderamente miserables y despreciable.

Alberto Astorga

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El nuevo liderazgo en las organizaciones | Javier Cabanillas

El nuevo liderazgo en las organizaciones | Javier Cabanillas

El nuevo liderazgo en las organizaciones

JAVIER CABANILLAS

¿Creéis que volveremos a lo que teníamos antes? Por supuesto que no. Nadie hoy en día sabe cuáles serán las reglas que están por llegar. No sabemos cuál será su intensidad ni el tiempo que durará esta etapa de transición que creo será prolongada. Lo que sí debemos tener claro es que el peor escenario posible es no hacer nada. La parálisis por análisis

Hablamos de liderazgo y cómo afectará la situación vivida del Covid-19 a las relaciones entre los equipos, la comunicación interpersonal, el modelo de liderazgo a utilizar tanto de forma vertical y transversal como al liderazgo 360º. En un principio, todo lo que se nos viene son dudas.

Estamos en un momento que nos obliga a tomar decisiones. No es el momento de dudar o de esconderse bajo el paraguas de las instituciones o las estructuras. Es el momento de mantener la calma y sembrar un sano optimismo, porque para mucha gente es un momento de angustia, de incertidumbre, en el que no sabemos cómo será el futuro y quien no sabe qué hacer, tiende a no hacer nada.

"Hablamos de liderazgo y sobre cómo afectará la situación vivida del Covid-19 a las relaciones entre los equipos, la comunicación interpersonal, el modelo de liderazgo a utilizar tanto vertical y transversal como 360º"

La peor consecuencia en situaciones difíciles es la ceguera que invade a los equipos ejecutivos a la hora de tomar decisiones.

El liderazgo hasta ahora utilizado se ha convertido de la noche a la mañana en ineficiente y se hace necesario darle un giro para renovarlo. El liderazgo basado en principios y valores ha llegado para quedarse y se acentuará con mayor intensidad tras la pandemia.

Javier Cabanillas; 10 Cajas; Escuela de Vendedores;
Francisco Javier Cabanillas Duarte es el fundador y Director Gerente de 10 Cajas. Economista, Coach y Trainer de Equipos, cuenta con mas de 25 años de experiencia en el mundo de la venta y de Dirección de equipos comerciales en multinacionales y nacionales. Es también fundador y Director de la Escuela Comercial y Ventas de Extremadura
10cajas; Javier Cabanillas;

Para liderar de forma inteligente debemos hacernos preguntas que sean poderosas, preguntas que nos hagan reflexionar y preguntas que podamos resolver en equipo para que así todos tomemos soluciones, nos involucremos y tomemos acción.

Sugiero que, como preguntas inteligentes, nos hagamos las siguientes: ¿Dónde vamos? ¿Cómo vamos? y ¿Qué camino vamos a tomar para llegar?

Acciones para emprender por los líderes en ‘contexto Covid-10’

A todos nos ha sorprendido la llegada del Covid-19. Y lo ha hecho por su impetuosidad, rapidez de expansión, desconocimiento de su virulencia y mutación, acciones para controlarlo y, lo peor de todo, es que, con seguridad, tardaremos en salir de ello.

Esto ha hecho que hayamos cambiado la forma de consumo, la forma de relacionarnos, la forma de trabajar así como la forma de dirigir equipos, pues unos miembros están en la oficina mientras otros se encuentran de reclusión forzosa en sus casas con teletrabajo. Nos ha pillado todo por sorpresa y ha cambiado bruscamente las reglas del juego en el liderazgo de equipos para poder recomponer la forma de actuar, saber qué tipo de liderazgo emplear en función del equipo que trabaja tanto en casa como en la oficina, de sus personalidades y circunstancias de cada miembro. Todo se ha tenido que adaptar en tiempo récord y ha provocado que el directivo tenga que salir de su zona de confort y mire la cosas con otra perspectiva, pensar de otra forma y actuar como nunca antes había actuado.

El liderazgo tras el covid-19

Tengamos en cuenta que la responsabilidad de la dirección, y mucho más concretamente del líder, está en el emprender, indicar la visión, las estrategias a implementar y los resultados a obtener. De el líder dependerá transmitir esa tranquilidad al equipo.

En todas las crisis, y esta no es menos, los líderes necesitan un plan orquestado de respuestas a problemas concretos. Necesitan cambiar su forma de pensar y desarrollar destrezas que le permitan reaccionar de forma inmediata y ágil a los problemas que surjan en ámbitos como los siguientes:

Desde la perspectiva empresarial, el líder debe transmitir confianza a su equipo, creando un nexo interpersonal más fuerte incluso que en momentos y circunstancias normales. Debe preocuparse por la situación personal de los componentes del equipo, de sus familias, sus emociones y sus sentimientos; cuáles son las preocupaciones que más les abruman para poder tranquilizarlos.

Pensemos que lo que mueve a todo ser humano, por regla general son las emociones, los sentimientos, y el nuevo liderazgo debe enfocarse en conocer las habilidades de las personas del equipo, de cómo piensan, qué les preocupa y qué no les preocupa, de estar más cerca de ellos, de dedicarles tiempo, de realizar feedback, de empatizar y de cultivar una comunicación sincera y cercana. En definitiva, ser más humano. He escuchado muchas veces decir a los directivos que ‘el mayor valor de la empresa es el equipo humano’. Sí, efectivamente. También lo creo y queda bonito, pero en ocasiones no es nada sincero. Se queda en simples palabras y, a la hora de aplicar la frase, desaparece todo ‘humanismo’

 

El puzzle del liderazgo

"El nuevo liderazgo debe enfocarse en conocer las habilidades de las personas del equipo, de cómo piensan, qué les preocupa y qué no les preocupa"

Otro aspecto que se debe tener en cuenta es ¿quién motiva al motivador? El líder debe cuidarse tanto físicamente como emocionalmente, para poder tomar las decisiones de forma coherente y armónica. Si descuidamos esta faceta, veremos nuestro entorno exterior de forma distorsionada.

En relación a la forma de comunicarnos, también se trata de un campo que debemos dominar, si lo que queremos es llegar al fondo de las personas. Albert Mahrabian, tras años de experimentación, encontró que en ciertas ocasiones lo que se comunica tiene una importancia muy baja con respecto a lo que vemos y escuchamos. Mehrabian explica que las propias palabras cuentan tan solo un 7%; la voz, el tipo de entonación, la resonancia y proyección llegan al 38%. Sin embargo, el lenguaje corporal, la respiración, la mirada la expresión del rostro, la postura y los gestos se eleva hasta el 55%.

Por ello es importante que consideremos el componente emocional de la comunicación, pues aporta los matices y son los que despiertan y provocan las emociones.

Como elementos fundamentales en nuestra comunicación, aparte de las palabras, son la expresión facial, la sonrisa, la mirada, el aspecto físico, la voz, la postura corporal y la forma de vestir, el contacto físico, los gestos de nuestro cuerpo y extremidades y el espacio físico que dejamos a nuestro interlocutor. Seamos conscientes y cuidadosos con todo esto.

Otra clave de éxito es la confianza, el promover el compromiso y la proactividad en los individuos. Si es importante en condiciones normales, más importancia tiene en tiempos de crisis. El líder debe dar esa seguridad física y emocional a su equipo, a sus proveedores, a los colaboradores, a sus clientes, para que, de esa forma, se puedan plantear dudas, preguntas, miedos y resolverlos de una forma abierta y transparente que no deje la menor duda para afianzar esa confianza, ese compromiso y esa proactividad tan importantes.

Solucionar los problemas y ofrecer alternativas a las soluciones que se vayan planteando. Las soluciones y las alternativas en momentos de crisis no son las mismas que en circunstancias de normalidad. En momentos de graves dificultades, como las que hoy vivimos, las soluciones deben ser creativas y deben ser también compartidas con los implicados para así ofrecer esa tranquilidad que tan difícil es mantener ‘con estos mimbres’, pero necesarios para progresar buscando la colaboración y creando equipos multidisciplinares que apacigüen la tempestad.

Cuando antes nos pongamos a trabajar las sugerencias aquí apuntadas como valores y principios básicos, antes encontraremos la “nueva normalidad” y la estabilidad, al menos mental y emocional que tantas personas están buscando.

Javier Cabanillas

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Los gatos muertos del totalitarismo | Alberto Astorga

Los gatos muertos del totalitarismo | Alberto Astorga

Los gatos muertos del totalitarismo | Alberto Astorga

Los gatos muertos del totalitarismo

ALBERTO ASTORGA

En una sociedad donde constantemente surgen múltiples puntos de interés, se hace difícil, sino imposible, mantener la atención en algo concreto durante un tiempo considerable. Sucede tanto en nuestro entorno más directo como en esta sociedad cada vez más global y dinámica. El cerebro humano, sea por su propia estructura o por su necesidad de controlar el entorno, tiene dificultades en mantener esa atención. A controlar el entorno, a estar atento a él por la propia seguridad y supervivencia, se dedica nuestro cerebro más primitivo, nuestro cerebro reptiliano.

Esto no tiene por qué ser malo. No existe una actividad más cruel para una persona que la monotonía, la reiteración, el estar siempre en lo mismo. Sería estar en el argumento constante y repetitivo en que vivía Phil Connors, protagonista de El día de la marmota, una de la películas más representativas del cine y cuyo título acuñó un término más popular que el déjà vu francés

Esta falta de atención aparece también, incluso aumentada, en lo colectivo. Si es difícil mantener el foco de nuestra atención, mucho más difícil es que lo opinión pública no se distraiga entre los numerosos capotes mediáticos, sucesos o informaciones que aparecen cada día y que obligan a estar en una alerta constante para poder captarlos y valorarlos.

Alcibíades, carente de escrúpulos y sobrado de ambición capaz de defender una cosa y la contraria -vean que el paralelismo con Pedro Sánchez es asombroso-, hizo seccionar la hermosa cola de su perro para que los ciudadanos hablaran de ello y no de su gestión política.

 

Pericles y la guerra del Peloponeso

Este funcionamiento del individuo y de la masa ciudadana es aprovechado por los expertos y los asesores de imagen y comunicación en todo el mundo. Sirve para encauzar la atención, la opinión y la conducta, no solo del ciudadano, sino también, lo que es más importante, del votante. No es original de nuestro tiempo, sino que es un fenómeno presente en todas las épocas y aparece en forma más evidente cuando los líderes o los partidos persiguen establecer un régimen totalitario. Para evitar el rechazo, la crítica y la oposición, se crean artificialmente cortinas de humo que ocultan y maquillan los abusos y desvían la atención de desmanes antidemocráticos.

El estratega y maestro de las “artes políticas oscuras”, Lynton Crosby, lo llama “poner un gato muerto sobre la mesa del salón”. Al final, el impacto que produce el gato hará que todos los presentes le presten atención, hablen sobre él, opinen, pongan y dispongan, olvidando cualquier otra cuestión anterior o más importante. El gato marca la pauta. De eso se trata.

Esta simpleza se ha utilizado por experimentados estrategas. En la Atenas clásica, Pericles, que es reconocido como el constructor de la gran urbe, se muestra como un líder de talante grandioso, discurso hábil y muy próximo a los populismos de nuestra época. Es el artífice de numerosas obras públicas, templos, servicios y ornato de la ciudad, que en su día supusieron una exagerada inversión de los recursos del Estado. La ampliación de la Acrópolis, la construcción del Partenón y sus propilenos le causarían más de un dolor de cabeza.

Buscar el enemigo exterior

Valerio Máximo, en Hechos y dichos memorables, cita una curiosa anécdota según la cual, un triste y meditabundo Pericles recibe la visita de su sobrino Alcibíades. Este, al ver la turbación de su tío, pregunta qué es lo que le preocupa. Pericles le confiesa que ha gastado tal cantidad de dinero en la edificación de nuevos templos, que no sabía cómo rendir cuentas de su gestión ante una ciudad que se las reclamaba. Alcibíades simplemente contesto: “Búscate un medio para no tener que rendirlas”.

¡Y vaya que se lo buscó! Pericles, siguiendo el consejo, da inicio a la segunda guerra del Peloponeso contra Esparta que acabaría con la edad de oro de una Atenas que no recobraría ni su lustre ni su prestigio. Pero que tampoco recibiría las explicaciones sobre los excesos de su líder. Objetivo cumplido, a pesar de su precio.

En los siguientes conflictos bélicos, Alcibíades mostraría una notable personalidad tiránica digna de estudio en El banquete, de Platón, donde cobra especial protagonismo. Además de este texto, contamos también con testimonios dejados por Tucídides y Plutarco.

“La inteligencia y habilidad que ponía en tales asuntos y discursos políticos contrastaban con la lascivia de su modo de vida, sus excesos de bebida y amores, la afeminación de los vestidos púrpuras que arrastraba por el ágora, su extravagancia arrogante (…) y la fábricación de un escudo dorado sin ninguna insignia patria, sino con un Eros con cuernos”.

A Alcibíades, no le temblaba el pulso cuando tenía que desviar la atención de sus ciudadanos. Carente de escrúpulos y sobrado de ambición, capaz de defender una cosa y la contraria -obsérvese el paralelismo con Pedro Sánchez y con Pablo Iglesias-, hizo seccionar la hermosa cola de su perro con que orgullosamente paseaba y al que todos admiraban por su porte. Preguntado por la razón de aquella atroz amputación, arguyó que así, mientras los atenienses perdían el tiempo dirimiendo sobre ello, no lo empleaban en criticar su gobierno. Era su particular versión del “gato muerto” de Crosby.

Generar otros temas, crear polémicas, inventar un enemigo exterior, desviar la atención de lo verdaderamente importante, crear disyuntivas estériles entre galgos y podencos, es la metodología que desde la tiranía, se ha utilizado y se utiliza para dirigir las  sociedades. Para el experto ministro nazi “para la Ilustración Pública y Propaganda” -lo dice todo-, Joseph Goebbels, “la capacidad receptiva de las masas es limitada, su comprensión escasa y gran facilidad para olvidar”. A él le debemos los principios de la propaganda de que todavía se sirven para generar y sostener a los totalitarismos de todo color.

En la pantalla de los cines, bajo el título Wag de dog, se desarrolla una trama en la que, pocos días antes de unas elecciones, los oponentes políticos del presidente de los Estados Unidos, le acusan de abuso sexual hacia una menor. Para eludir el escándalo siguió el ejemplo de Pericles: inventar una guerra que centrara la atención de los ciudadanos hasta que las urnas se hubieran cerrado. Angustiados por las noticas e imágenes de una guerra ficticia, moviendo las emociones patrióticas de los norteamericanos, nadie prestó atención a una pequeña columna en la prensa. La película se estrenó en España como Cortina de humo.

El pensamiento único; Los gatos muertos del totalitarismo.

Nada nuevo bajo el sol. Los totalitarismos se burlan del ciudadano. Lo consideran inferior, intelectualmente débil e influenciable. Los gobiernos envían mensajes que las masas con “capacidad receptiva limitada, comprensión escasa y gran facilidad para olvidar”, digieren y difunden boca a boca, tuit a tuit o mensaje a mensaje, a través de unas redes sociales que multiplican, amplían y dan voz y audiencia a quienes su criterio carece de valor alguno.

El escritor y filósofo italiano, Umberto Eco, advertía que las redes sociales daban espacio a “legiones de idiotas que antes hablaban en el bar ante un vaso de vino, sin dañar a nadie”. Ahora, la opinión de los necios, tiene un foro universal.

El reto de la ciudadanía responsable es contrastar, poner en cuarentena la información que llega, valorar todas las opiniones y elegir cuál de ellas está más fundamentada, incluso aquella que goza de mayor sentido común, sin dejarse llevar por arrebatos, prejuicios y creencias.

La política en España desciende peligrosamente por la pendiente del totalitarismo. Quien es totalitario en su casa, lo es también en su hacer político. PSOE y Podemos, la sufren. Las instituciones también. Nos deslizamos hacia el pensamiento único, hacia el linchamiento a quien no se suma a las versiones oficiales, al señalamiento del discrepante.

Ese camino, fácil de recorrer, es difícil de desandar y el daño que deja a su paso, irreparable. La democracia, en su grandeza, facilita las vías para acabar con la propia democracia. Sus instrumentos legales permiten la participación de aquellos que están en su contra y utilizan técnicas de control de masas totalitarias para orientar eficazmente al rebaño. Se nos miente, se nos confunde, se nos engaña; pero el rebaño no reacciona.

El disparatado gobierno de España, donde el reina el despotismo entre amigos, familias y hasta matrimonios, Pedro Sánchez, Pablo Iglesias, PSOE y Podemos, tienen rabos de perro, gatos muertos y guerras suficientes como para algo que es tan evidente, no se perciba.

Recuerden que tenemos “limitada capacidad receptiva, escasa comprensión y olvidamos fácilmente”. Para Hannah Arendt, en Los orígenes del totalitarismo, “la propaganda es un instrumento del totalitarismo y, posiblemente, el más importante en sus relaciones con el mundo no totalitario”

Alberto Astorga.

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La vida sin Covid-19 | Alberto Astorga

La vida sin Covid-19 | Alberto Astorga

La vida sin Covid-19 | Alberto Astorga

La vida sin Covid-19

ALBERTO ASTORGA

Si no hablamos de coronavirus o del Covid-19, no estamos en el mundo. No ya en España, sino en el mundo, porque desgraciadamente el virus se ha ido extendiendo por esta aldea global tan enorme y tan pequeña. Aquella extraña enfermedad que hace unos meses solo sucedía en la distante China, aquello tan sorprendente porque no entendíamos que por un virus se pudiera aislar a toda una ciudad, a todo un país, y confinar a los vecinos en sus casas, ya está aquí, con nosotros. Nos ha sorprendido en su rapidez de propagación y, sobre todo, por los devastadores y dramáticos efectos.

Los comentaristas, tertulianos, presentadores de los programas televisivos nos decían que era poco mas o menos como una gripe y que con la gripe moría mucha gente sin que lo supiéramos. Nos animaban a acudir a eventos y no temer a abrazar o besar. No había miedo.

Ha llegado el virus y nos hemos empezado a dar cuenta de que la gente enferma y muere, que nuestros mayores están en peligro, que debemos evitar el contacto personas, que debemos seguir unas rigurosos normas de higiene y que debemos quedarnos en casa para evitar todo contacto con los demás. Hemos llegado a ver con dramática normalidad que nos canten diariamente el número de fallecidos como se de un parte de guerra se tratara.

"Pese a lo que nos decían, nos hemos empezado a dar cuenta de que la gente enferma y muere, que nuestros mayores están en peligro, que debemos evitar el contacto con otras personas"

El virus nos ha convertido a todos en médicos, en expertos conocedores de cómo contagiarse y de cómo protegerse. Quién nos iba a decir que con escuchar las noticias, tertulias, expertos y ruedas de prensa en la televisión podías convalidar los estudios de medicina y valorar no ya la sintomatología del vecino, sino de cuestionar si lo que se está haciendo es correcto o no.

Covid-19

Presumo, no se si será por mi natural buena fe, que quien tiene que tomar decisiones, lo hace una vez que ha valorado todas las opciones, se ha asesorado por personas que conocen los asuntos, ha visto todas alternativas, ponderado consecuencias y, al final, ha tomado una decisión en el convencimiento de que es la decisión correcta.

¿Se ha podido equivocar alguien? Por supuesto que sí. ¿Quién no se equivoca alguna vez en su vida? ¿Quién con su mejor intención y con toda la información sobre la mesa, no se ha equivocado porque lo que era difícil que pasara, pasó? Somos personas, no somos infalibles. No somos infalibles ninguno, ni ahora, ni en cualquier otra circunstancia en la vida. Y esa debe ser una creencia para no erigirnos en jueces de nada ni de nadie, y mucho menos llamar al linchamiento colectivo.

Otra cosa muy distintas es que, si se ha tenido información, si se analizaron los precedentes sanitarios en otros países, si se es medianamente prudente, haber tomado decisiones mucho antes. Se le llama prever. Esperar lo inesperado. Cuidarse en salud.

Indudablemente, estoy seguro de que se podía haber hecho mejor. Pero esa seguridad también me dice que, de no haber sucedido nada, también se hubiera criticado el alarmismo o la desconfianza en nuestro sistema de salud. Ya he dicho que doctores somos todos.

Pero, así las cosas, permanecemos confinados en nuestras casas. Lejos está una sociedad y unas costumbres que con toda seguridad cambiarán de inmediato.

Socialmente, se han creado muros entre las personas, en su trato diario, en su contacto físico, en la confianza de unos hacia otros. Se han separado familias, que solo pueden saber unos de otros por teléfono o video llamadas. Se han dejado aparcados a nuestros mayores, bien en su casa o en residencias, donde confiamos en el buen hacer de los profesionales que les acompañan, por los vecinos solidarios o por sus cuidadores. Nuestra vida social se ha vuelta tensa, diferente.

Sanitariamente asistimos al espectáculo diario de ver hospitales colapsados, con profesionales con escasos medios de protección, con un número de camas y de dotaciones insuficientes para el número de contagiados que crece día a día.

La vida sin Covid

En Italia, las morgues ya están saturadas y han dejado de prestarse entierros tradicionales. España sigue el mismo camino.

En los aspectos económicos, las empresas se encuentran bajo mínimos o en cero absoluto, paralizadas por un estado de alarma que ha congelado prácticamente toda actividad productiva. Las regulaciones temporales de empleo son constantes. La producción ha caído, el consumo también, la creación de riqueza ha frenado en seco, el gasto público se ha disparado pretendiendo gastar para combatir la enfermedad y paliar también los situaciones económicas que se están generando: adquirir medios sanitarios en un mercado internacional donde todos los gobiernos buscan lo mismo, habilitar espacios de atención, compensar a empresas, a trabajadores y a autónomos. 

Después de esto, la vida seguirá, pero algo habrá cambiado. No será igual, porque la confianza, el valor más preciado que tenemos las personas, se habrá quebrado y tardará en recomponerse

Debemos reinventarnos, aprovechar las oportunidades, cambiar hábitos y costumbres. Nos hemos vuelto desconfiados. Desconfiamos del vecino, del que está detrás en la fila del supermercado, del que toquetea la fruta, del dinero que nos devuelven, del picaporte de la puerta, del teclado del cajero, de la tos de compañero y del beso y abrazo de la familia y amigos. 

Quisiera, y deseo con ustedes, que esto pase. Que se encuentre la forma de curarlo y se eviten más muertes. Que esto pase pronto, ya sea porque la casa se me cae encima, porque el teletrabajo me aburre o simplemente porque es primavera y las tardes reclaman paseo.

Alberto Astorga

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¡Rezad, rezad, malditos! | Alberto Astorga

¡Rezad, rezad, malditos! | Alberto Astorga

¡Rezad, rezad, malditos! | Alberto Astorga

¡Rezad, rezad, malditos!

 

ALBERTO ASTORGA

 

Hace unos días, una edil de esta España, tuvo el desafortunado momento de tuitear, respondiendo a una conversación que le era del todo ajena, unas improcedentes palabras de bastante mal gusto y que no venían ni siquiera a cuento. 

Ante la preocupación mostrada por una tuitera de que su abuela fuera ingresada, recibe el ánimo de uno de sus seguidores quien le afirma que rezará por ella. Nuestra edil, sin que nadie le dé vela en la conversación, se anima a terciar con un “eso, rezad, rezad”. El tuit de marras.

Todos tenemos, en algún momento de nuestra vida, un mal momento. No voy a hacer interpretaciones, sino simplemente traerlo a colación. Indudablemente, las palabras, etiquetan por ellas mismas a quien las escribió y también a quienes la jalearon y animaron con likes y retwits.

Las tristes palabras utilizadas me recordarón la película “Danzad, danzad, malditos”, título que se le dio en español a la dirigida por Sídney Pollack, en 1969 e inspirada en la novela de Horace McCoy.

"Su sufrimiento físico y emocional es motivo de apuestas y de diversión entre quienes los contemplan durante días y noches con morbo y deleite del decamente espectáculo"

 

Se desarrolla durante la Gran Depresión estadounidense. En el ambiente de miseria y desesperación de la época, los participantes inscritos en un maratón de baile danzan sin cesar, hasta el límite de su resistencia física, con la esperanza de poder comer y cobijarse cada día esperando ganar un premio final. Solo ganará aquel que aguante más que los demás, después de bailar y bailar “hasta que la naturaleza humana lo permita”

Su esfuerzo titánico, desesperado y vital, su sufrimiento físico y emocional es motivo de apuestas y de diversión entre quienes los contemplan durante días y noches con morbo y deleite del decadente espectáculo.

RO, Concejal del PSOE de Badajoz
Tuit de Ro; concejal socialista de Badajoz;

Esa miseria moral retrata la deshumanización a la que pueden llegar algunas personas cuando las condiciones y los momentos se lo permiten. Normalmente, en momentos en que la desgracia, el tormento o la enfermedad se hacen presentes. Unos pueden perder la dignidad mientras otros se aprovechan y se burlan “para sentirse algo mejor”, “sentirse superiores”, sin darse cuenta de que  todos participamos, ellos también, en el mismo drama.

Otro desafortunado instante, y este de mayor enjundia, desprecio y mal gusto, lo tuvo otro personaje peninsular y también a través de Twitter. Ante la noticia del fallecimiento de un médico de urgencias del Hospital de Navarra por Covid-19, no se le ocurre otra cosa que, por tratarse el fallecido de un militante de VOX, escribir, “Otra mierda a la basura”

El desprecio por los sentimientos ajenos, el deseo de que el adversario sea aniquilado, sea destruido para siempre, es síntoma de que nuestra sociedad está enferma. Y no precisamente de coronavirus, que también. Si lo mejor de cada persona aparece ante las dificultades, lo peor de cada uno asoma ante las desgracias, las dificultades y la tragedia de los demás.

los tuits miserables de la politica;
Los tuits miserables de la politica;

"En momentos de desgracia o tormento, unos pueden perder la dignidad mientras otros se aprovechan y se burlan 'para sentirse algo mejor', sin darse cuenta de que todos participamos, ellos también, en el mismo drama"

 

¿Qué nos está sucediendo cómo país? ¿Cómo somos capaces de reaccionar de forma tan inhumana y tan poco empática ante las emociones de preocupación, pesar o lamento que otros manifiestan, aunque ni siquiera los conozcamos? ¿Qué cables se conectan en nuestra cabeza para que, sin mediar interés alguno, se humille, se mofe y se hagan burlas y chistes de los sentimientos de dolor de los demás? ¿Por qué ese desprecio y ese deseo de aniquilar a los demás por sus ideas?

Ambos protagonistas de los tuits, me recuerdan a los espectadores de aquel baile maldito que Sídney Pollack llevó a la pantalla. Todos participamos de un drama colectivo. Todos bailamos en esa danza diabólica que significa el virus que se ha instalado en nuestro mundo y en nuestra vida. No se está al margen, no se es superior a nada ni a nadie. No estamos, nadie lo está, en ninguna privilegiada situación.

Mientras una gran mayoría anima a mantenerse unidos, a solidarizarnos los unos con los otros, a empujar juntos en ayudar a resolver la gravedad de la situación que nos ha tocado vivir, otros, cuan francotiradores fríos y sin sentimientos, vomitan y lanzan su bilis sobre cualquiera que no comparta sus ideas políticas. Sobre cualquiera que se atreva a cuestionar la gestión de una crisis sanitaria realizada por un gobierno más proclive a la imagen, a las soflamas, a las pancartas y a las caceroladas que a gestionar con acierto y en interés de todos.

Transcurridos quince días desde la declaración del Estado de Alarma, todavía no hay un plan de acción concreto, definido, que salve la situación sanitaria, la situación social y el abismo económico al que estamos abocados.

Se adquieren suministros sanitarios y test de diagnóstico que resultan un bochorno absoluto por su falta de rigor, mientras sanitarios, miembros de los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado, cuerpos policiales autonómicos, Policías locales y Ejército, carecen de elementos básicos de protección. 

Se establecen criterios sobre el alcance de la movilidad ciudadana por acuerdo del Congreso de los Diputados y, en tan solo cuarenta y ocho horas, se cambian unilateralmente y a ritmo de rueda de prensa del presidente del Gobierno.

Las medidas laborales para paliar los efectos del Covid-19 son demenciales. Impedirán la recuperación económica y conducirán a un mayor nivel de desempleo. Peligra el equilibrio económico y la salud de las cuentas públicas porque aumentan el déficit y reducen la confianza de los inversores.

Eso, rezad, rezad

Si algo puede salir mal, saldrá mal. Este gobierno se ha convertido en el mayor ejemplo de que la llamada Ley de Murphy, ley debida al ingeniero aeroespacial Edward Murphy, es absolutamente cierta

Una cosa es chutar y otra muy distinta parar. Desde la oposición se chuta. Se puede decir y proponer absolutamente todo, cualquier cosa por muy disparatada que sea. En el gobierno, se para. Se debe ser consciente de los riesgos porque un error supone un gol. 

Todos, desde el gobierno, desde la oposición, desde los hospitales, los coches de patrulla, desde el trabajo voluntario más humilde o desde los balcones, debemos ayudar con nuestro comportamiento a alcanzar el éxito. No vale otra cosa. Dejemos las conductas demoledoras y de desprecio a los demás, que en nada ayudan. 

Estamos perdiendo ese concepto tan enriquecedor como es la solidaridad. Somos solidarios, sí, pero con los nuestros, con los que piensan igual. El resto, a la basura.

Todos los ciudadanos, por educación y moral, debiéramos respetar y no despreciar el dolor o los momentos críticos de los demás. Cuanto más alta es la responsabilidad, más todavía.

Valoremos y rechacemos la miseria moral de aquellos que ante nuestra desesperación, angustia y necesidad nos animan con un miserable “¡danzad, danzad, malditos!”

Alberto Astorga 

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Covid-19: Tiempo de cambios | Alberto Astorga

Covid-19: Tiempo de cambios | Alberto Astorga

Covid-19: Tiempo de cambios | Alberto Astorga

Covid-19: Tiempo de cambios

 

ALBERTO ASTORGA

 

El coronavirus Covid-19 ha llegado para quedarse. No sabemos ni por cuanto tiempo, ni cómo. Desconocemos si podremos convivir como lo hacemos con otros virus a los que controlamos con masivas vacunaciones o si, simplemente, desaparecerá y nos dejará un amargo y dramático recuerdo. Lo único cierto es que está aquí.

Llevamos confinados desde el pasado 14 de marzo, fecha en que el BOE publicó el Real Decreto que establecía la entrada en vigor del “Estado de Alarma”. Poco después, el propio presidente de Gobierno comunicó a los presidentes autonómicos, la voluntad de aumentar su duración en otros quince días más. El asunto es grave.

La excepcionalidad se llama Covid-19. Un virus que ha recorrido y se ha instalado en todo el mundo. Cuando se iniciaron los contagios en China, desde Europa se veía lejano. Algo que no ocurriría en nuestros sistemas sanitarios y que, de ocurrir, no afectaría más que una gripe. Su propagación dio un salto cualitativo cuando apareció en la Lombardía italiana y se extendió de forma imparable por el resto de Europa ante la incredulidad de todos.

Los despreocupados europeos iban y venían por el continente. Su superioridad lo permitía. Bien como hinchas a los partidos de la Champion, bien en las manifestaciones del Día de la Mujer, bien en congresos, reuniones o conciertos multitudinarios, animados y jaleados por opinadores, medios de comunicación y, lo que es más grave, responsables políticos que sabían y tenían datos de la amenaza

"Si se conocía la peligrosidad del virus desde enero, ¿por qué no se tomaron medidas de prevención, amen también de lo que sucedía en otros países?"

 

Los felices 8M se truncaron. El virus se adelantó a una sociedad confiada y a unos dirigentes embelesados en soflamas populistas. Su silenciosa llegada estuvo acompañada de contagios, multitud de fallecidos, hospitales colapsados, economías paralizadas, empleos perdidos, enseñanza suspendida, crispación social, hábitos truncados, gobiernos cuestionados, fronteras cerradas, transporte limitados y un serio deterioro de la convivencia.  

Su propagación obliga a un confinamiento para evitar contagios y frenar su expansión y efectos. Acatar el aislamiento, unido a una mayoritaria conciencia ciudadana, permite una reclusión no exenta de sacrificio, pero orientada a vencer la epidemia y, sobre todo, a evitar contagiar o ser contagiados

Es una pandemia internacional, calificada así por la Organización Mundial de la Salud, OMS, que, hasta hace muy poco, la mantenía como una emergencia sanitaria. 

Pedro Duque, declaraciones sobre el Covid-19

La “suspensión de la convivencia” significa una alteración de la normalidad y de los hábitos de la humanidad. Corren malos tiempos para el mundo, sorprendido por la virulencia de los acontecimientos. Día a día, como parte de guerra, se hace recuento de infectados y, lamentablemente, del dramático incremento de fallecimientos

Sentimos miedo. Mucho miedo. Sentimos miedo de contraerlo; miedo a propagarlo e infectar a quienes nos rodean; miedo por nuestros mayores, por su fragilidad ante la infección; miedo a no disponer de medios para todos; miedo de perder la dignidad ante la enfermedad y la muerte; miedo por un mañana desconocido; miedo a la inseguridad.

El 30 de enero, la OMS advirtió a España. Lo hizo tras una reunión de su Comité de Emergencia. Los expertos realizaron recomendaciones para prevenir y paliar la magnitud de la epidemia. 

España no las oyó. Tal es así, que ese día, un experto en Salud Pública de la Organización Médica Colegial como es Juan Martínez Hernández, advirtió a Fernando Simón, Director del Centro de Coordinación de Alertas y Emergencias Sanitarias del Ministerio de Sanidad, de que se estaba minusvalorando el peligro del Covid-19. Al día siguiente, aparece en La Gomera el primer caso de infectado en España.

El ministro de Ciencia e Innovación, Pedro Duque, confesó que “los investigadores españoles empezaron a trabajar de forma intensa desde que se conoció esta enfermedad, en el mes de enero”. Según sus palabras, el dos de febrero mantuvo una reunión con los virólogos Luis Enjuanes, del Centro Nacional de Biotecnología, y Adolfo García Sastre, del prestigioso centro médico Monte Sinaí de Nueva York, “para asegurar que tengan más facilidades y todos los medios necesarios para investigar la enfermedad”.

Fila 0 del covid-19 el #8M

Si esto es así y se conocía la peligrosidad del virus, ¿cabe preguntarse por qué no se tomaron medidas de prevención, amen de lo que sucedía en otros lugares?

La prensa italiana, La Repubblica y Il Corriere dello Sport, avalada por el inmunólogo Francesco Le Foche, señala como foco de la infección en Lombardía, el partido entre el Atalanta y el Valencia el 19 de febrero. 

También se podría decir lo mismo de los partidos entre el At. Madrid y el Liverpool, con gran movimiento de aficionados. En similares circunstancias están las manifestaciones del Día de la Mujer, o la celebración de eventos políticos, como el de VOX

Multitudes, euforia, alegría, gritos, abrazos, besos, saludos, permanecer a escasos centímetros, detonaron la propagación del peligroso virus. De hecho, eventos previstos, como las Fallas, la Semana Santa o Feria de Abril, han sido pospuestos; Juegos Olímpicos; suspendidos, procesos electorales en Galicia y País Vasco, aplazados.

"Multitudes, euforia, alegría, gritos, abrazos, besos, saludos, permanecer a escasos centímetros, fueron detonantes de la propagación del peligroso virus"

 

Oposición y Oponerse de Emilio Borrega

Hace pocas horas, Amparo Rubiales tuiteaba que, “cuando esto pase, nada será igual ni la política ni el periodismo ni la vida. Como fue distinto todo después de la Segunda Guerra Mundial…”. 

Efectivamente, el sentido común nos obliga a entender que algo tiene que cambiar. Que el día después será distinto.

Manuel Hidalgo, en El Mundo, enviaba una poderosa reflexión a la prensa. “La prensa -afirma- no se está privando de transmitir noticias -y opiniones- desasosegantes y angustiosas, cuyo conocimiento no es estrictamente necesario para que nos desenvolvamos correctamente en la crítica situación que atravesamos y, por el contrario, contribuye a incrementar el estado de perturbación y desaliento que no beneficia a la fortaleza de debemos mantener para mejor encarar la crisis. ¿Qué deben conocer los ciudadanos en cada momento y qué información no solo no es rigurosamente necesaria, sino prescindible e, incluso, altamente dañina? ¿Nos estamos haciendo los periodistas esta pregunta? ¿Podemos y debemos hacérnosla?”

Efectivamente, se satura a los ciudadanos y se les abruma del problema, del drama, de la tragedia, de la preocupación. Los medios se han preocupado de que los quioscos sean servicio público y que algunas cabeceras lleven el periódico a domicilio sin coste añadido alguno.

Barren para defender su influencia y su presencia social, muy tocada por Internet. La información es necesaria, sí, pero sin abusar de repeticiones, monográficos, estadísticas, especiales, entrevistas, tertulias y declaraciones “ad hoc”, a los que añadir el tumulto de las redes sociales, los Whasapp y la mensajería donde, amigos y seguidores, abundan en una mayor confusión al ya saturado ciudadano.

Agradecimiento de los servicios sanitarios

En política, Daniel Eskibel, psicólogo político de Latinoamérica, me enviaba un mail donde decía: “corren tiempos duros para una humanidad acorralada por el Coronavirus. Demasiados muertos. Demasiados infectados. Poblaciones con miedo. La vida cotidiana desarticulada. Aislamiento, cuarentena, distancia social… y esa sensación casi distópica que tenemos todos al ver las noticias de cada día. Claro que todos confiamos en que esto pasará. En algún momento la vida se volverá a normalizar y tendremos que luchar contra los efectos de todo esto. Porque ya nada será igual, ni la economía ni la política ni muchos de nuestros hábitos cotidianos. Tenemos mucho por hacer. Para enfrentarnos a lo que nos está cayendo encima y también para prepararnos para el día después.”

La pandemia ha terminado con nuestros hábitos, nuestras relaciones, nuestro qué-hacer diario. Nuestros mayores, nuestro sector más vulnerable, mueren solos en sus residencias, aislados, alejados de sus familias, sin visitas o cuidados familiares y sin posibilidad de unos funerales o ser enterrados en compañía de sus seres queridos. 

Pueden elaborarse teorías de “hombres de negro” conspirando contra la humanidad, contra la superpoblación que hace peligrar la estabilidad del planeta. Quizás. Me niego a creer que alguien maneje esos hilos con tanta perfección. 

Sorprendería también una reacción de la naturaleza a los abusos a que está sometida por la humanidad y la explotación de los recursos. El virus serviría para dispersar las contaminantes aglomeraciones urbanas, sus vertidos, su deshumanización, y se retornaría al campo, al medio rural, menos caótico, menos estresante y más cercano. 

No dudo de que todo esto pasará. Sin duda. Pero cuando suceda, el mundo habrá cambiado. Vencido el virus, mañana, regresaremos a nuestra normalidad, pero el mundo que encontraremos ya no será el mundo que conocíamos.

Tiene que haber una reflexión colectiva, un cambio de hábitos, de actitudes y de valores. Desconozco el alcance y sus consecuencias, pero los habrá.

Alberto Astorga

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