Lo menos malo | Carmen Heras

Sep 7, 2020

Lo menos malo

CARMEN HERAS

Sorprendentemente, quienes más han declarado detestar un sistema por considerarlo rey y señor entre nosotros, solicitan ahora que se ocupe de todo, o al menos de una parte extensa en la erradicación de la pandemia producida por el coronavirus. Aunque nada coherente, resulta explicable y no hay que ‘rasgarse las vestiduras’; también los jóvenes que debaten y exigen sobre su autonomía lejos de los padres, vuelven de vez en cuando y les piden ayuda en la resolución de los entuertos.

Recordemos la época en la que vivimos, de profundo y mayoritario descreimiento de todo y de todos, en cualquiera de las direcciones que se mire. No olvidemos que a los gobiernos también los consolidan las propias debilidades e incompetencias de los contrincantes, y tan es así que cualquier movimiento que produzca miedo entre la ciudadanía, los reafirma y justifica.

Nadie quiere riesgos cuando existe el miedo; el miedo al virus; miedo a que se colapse el sistema sanitario -el estado del bienestar ya no es lo que era-; miedo al debacle económico; miedo a que no haya pensiones para todos con tanto paro y empleos tan escuálidos

Irse ahora se valoraría como una debilidad en toda regla para futuras convocatorias electorales, amen de tener que renunciar a apetitosas canonjías.

Así van las cosas y así estamos -como el título de la primera novela de Juan Marsé“Encerrados con un solo juguete”, pues, a ciencia cierta, nadie puede escapar de su propio papel en este drama.

El gobierno minoritario necesita de todas las fuerzas política, pues los acuerdos con cada una de ellas nunca son estables en el tiempo -todas atentas a sus propias encuestas electorales- y pueden servir aquí y ahora pero no hacerlo al cabo de dos meses, lo que obliga a no cerrar del todo las puertas con nadie, no vaya a ser que se les precise para un último empujón.

Carmen Heras
Carmen Heras Pablo es Licenciada en Ciencias Físicas por la Universidad de Valladolid. Profesora Titular de Didáctica de las Matemáticas en la Universidad de Extremadura donde anteriormente dirigió la Escuela Universitaria de Formación del Profesorado.
Diputada en el Congreso por Cáceres en representación del PSOE en 1996-2000, fue concejala en el Ayuntamiento de Cáceres en 2003-2007 y Alcaldesa entre 2007 y 2011

Es la falta de confianza en los pactos alcanzados -pactos pragmáticos a tope- con los distintos partidos, la que induce al gobierno de turno a manejar una metodología tan cortoplacista que roza en el cuasi-cinismo y origina una multitud de declaraciones contradictorias. Y todo ello fruto de la propia necesidad de mantenerse -necesidad ‘autocreada’ al aceptar gobernar de esta manera y en estas circunstancias-. Irse ahora se valoraría como una debilidad en toda regla para futuras convocatorias electorales, amén de significar la renuncia a una seríe de canonjías de lo más apetitosas.

El pueblo español votó en su momento y lo hizo entre las varias opciones de la oferta. Dejando aparte el importante porcentaje de la abstención, pareciera que su subconsciente colectivo hubiera funcionado para no otorgar mayoría a ninguno de los partidos en liza, de modo y manera que nadie tuviera las manos libres para implantar puro su propio programa de máximos. Y desde luego, despreciando la opción de que los dos más clásicos -el PSOE y el PP- pudieran hacerse de manera unívoca con el gobierno del país.

La cupula de Podemos, colocada en los ministerios

Aunque a efectos prácticos dé lo mismo llegar al poder de una forma u otra, siempre que sea democrática, y de que, según los asesores y simpatizantes, lo importante es ser votados, aun cuando sea porque el resto de la oferta no merezca mayor confianza, lo cierto y verdad es que ninguno de nuestros líderes así elegidos -y hay unos cuantos- debiera olvidar que están ahí no por sus méritos incuestionables, sino por aparecer como ‘lo menos malo’, ‘lo menos peligroso’ ´lo más moldeable’ o ‘lo más pragmático’ en una comparación ente las alternativas propuestas.

Ellos lo saben. De ahí las mañas, recursos e imprecaciones contra los adversarios, usados en la pelea diaria, escondidos entre las ‘llamadas a la responsabilidad’ y al ‘sentido de estado’. Desde luego, si yo fuera oposición tomaría buena nota para ser ‘lo mejor’. Si quieren, claro está, sea algún día, la alternativa.

Carmen Heras

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