Deportes de élite | Carmen Heras

Ago 10, 2020

Deportes de élite

CARMEN HERAS

Hay inteligencia en saber construir unas frases perfectas (sujeto, verbo, etc.), tal y como lo hacen los literatos, y en pronunciarlas con una entonación precisa, como oímos a los buenos periodistas de la radio. También en presentar unas conductas de manera coherente, en planificar un discurso creíble, en fijar el foco en unos aspectos de la realidad en vez de en otros, sacándole posibilidades a los matices. Pero para que hay juego alguien debe estar enfrente, ‘devolviendo la pelota’, hacia la portería del contrario, cambiando de sitio en el tablero la pieza clave de ajedrez -la mente puesta ya en el siguiente movimiento del contrario-, ‘encestando’ en canasta ajena una y varias veces , haciendo triples si se tercia…, jugando, en definitiva, con unas reglas aceptadas a priori por todas las partes y legitimadas por los árbitros correspondientes. Jugando, sí, pero con deportividad; no solo intentando ganar a cualquier precio.

Solo entonces es posible que se celebre un partido excelente, plausible y digno de atención, con verdadero interés para los aficionados y para los que no lo son tantopues -al no disponer los contendientes de buenos conocimientos y un adecuado sentido de la épica-, nadie puede prever desde el principio quién ganará y, sobre todo, nadie podrá hacerlo solo por los defectos del contrario

"Todo el mundo sabe que hoy solamente hay dos fuerzas políticas que pueden ser las responsables de la construcción de un gobierno en este país"

Todos tenemos en mente a deportistas de prestigio ganando y perdiendo, desde el más absoluto respeto al contrincante, a lo largo de su vida deportiva. Con ese señorío natural que no se aprende en un libro. ¿Ustedes se imaginan que las figuras deportivas jugaran solo para que sus seguidores los siguieran agasajando y vitoreando?, ¿que establecieran su juego, atendiendo únicamente a las hipotéticas preferencias de los censados en las listas de población, de los asistentes a un estadio, por ser éstos quienes han comprado las entradas?, ¿mirando de conseguir que las preferencias de los más radicales en la visión del juego primasen sobre otras cuestiones deportivas para así́ ser los favoritos de éstos y arrancar de ahí́ posibles votos de aceptación?

Carmen Heras
Carmen Heras Pablo es Licenciada en Ciencias Físicas por la Universidad de Valladolid. Profesora Titular de Didáctica de las Matemáticas en la Universidad de Extremadura donde anteriormente dirigió la Escuela Universitaria de Formación del Profesorado.
Diputada en el Congreso por Cáceres en representación del PSOE en 1996-2000, fue concejala en el Ayuntamiento de Cáceres en 2003-2007 y Alcaldesa entre 2007 y 2011

Todo el mundo sabe que hoy, aun existiendo diferentes partidos en el arco parlamentario español, solamente hay dos fuerzas políticas que pueden ser las responsables de la construcción de un gobierno en este país. Una se sitúa en la parte ideológica de la derecha (PP) y la otra en la de la izquierda (PSOE). Luego podrán unirse a opciones diversas en función de estrategias, tácticas y geométricas, pero el quid de la cuestión, la responsabilidad histórica de liderazgo, siempre está en los mismos lugares.

Por eso los ciudadanos reclaman el juego limpio de todos, pero fundamentalmente de los dos grandes partidos clásicos, con hojas de servicio contrastadas a lo largo del tiempo.

Pablo Casado y Pedro Sánchez; PP y PSOE, alternativas reales de gobierno;

Uno de los motivos por los que los votantes emiten su voto a favor de una u otra opción es del definido coloquialmente como el del “mal menor”, para que gobierne el menos malo, según su interpretación de la situación del tablero de juego, en economía, en servicios sociales, etc. Incluso lo hacen los más ‘adictos’ con verdadera rabia interna por no tener verdaderas opciones de elegir. Un partido en la oposición debiera estar, desde el principio, marcando un programa alternativo al que critica, con verdadera responsabilidad de estadista, pues tarde más o menos, volverá al gobierno.

Y porque solamente eso le dará votos razonados, al crear las situaciones propicias para su vuelta. Si solo se limita a criticar no conseguirá la confianza mayoritaria ni el número de votos necesarios. Ya lo dijo el recientemente fallecido Pere Casaldáliga; “no solo hay que ser creyente, también hay que ser creíble”. 

Carmen Heras

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