El mito de Antígona | Carmen Heras

Abr 14, 2020

El mito de Antígona

CARMEN HERAS

El confinamiento que vivimos invita a la reflexión. Desde todos los puntos de vista. La gravedad de la pandemia es manifiesta y sus efectos en todo el mundo, devastadores. Primero, en vidas humanas, después, en pérdidas económicas muy graves para personas y países. 

Pero de nada valdría una crisis de estas características si los humanos no tomáramos buena nota de los aspectos más peligrosos de ella, para enmendarlos y enmendarnos dentro del sistema general en que vivimos. Una de las conclusiones a extraer de cuanto nos ha pasado, es lo fragiles que pueden volverse, la salud, un sistema de vida, unos ingresos económicos e incluso unos órganos políticos.

La pandemia ha desbordado la situación y ha mostrado la debilidad de las costuras del vestido prendidas solo con alfileres. En consecuencia, ha sido necesario que la gente no se vista para salir. Está bien. Lo sabemos. Todos en casa con chándal para evitar los contagios. Pero quedarse en casa no significa dejar de utilizar el raciocinio.

"Entre las reflexiones del día siguiente sobre el quehacer político, ha de tener espacio el debate sobre los conflictos que pueden existir entre la conciencia moral fundamentada y las leyes de los hombres. Pues todas las reglas tienen sus excepciones"

Carmen Heras columnistas de VisionCoach
Carmen Heras Pablo es Licenciada en Ciencias Físicas por la Universidad de Valladolid. Profesora Titular de Didáctica de las Matemáticas en la Universidad de Extremadura donde anteriormente dirigió la Escuela Universitaria de Formación del Profesorado.
Diputada en el Congreso por Cáceres en representación del PSOE en 1996-2000, fue concejala en el Ayuntamiento de Cáceres en 2003-2007 y Alcaldesa entre 2007 y 2011

La noticia de la multa a un alcalde de un pueblo de unos 1.300 habitantes por haber contravenido las órdenes gubernamentales, al llevar a las viviendas de sus convecinos unos pequeños ramos de olivo el primer día de Semana Santa, se ha contado en los medios de comunicación. A mi me ha recordado (salvando todas las diferencias) la tragedia de Antígona (441a.C) de Sófocles. Intensa que es una. Recordemos: 

Antígona tiene dos hermanos (Eteocles y Polínices) que pelean por el trono de Tebas. Se dan muerte uno al otro y el nuevo rey, Creonte, ordena que al primero se le sepulte como héroe y al segundo no, por traidor. Antígona se debate entre la obediencia a la norma de los hombres y su propia conciencia (la ley natural) que le indica que debe dar sepultura a su hermano caído en desgracia para que su alma no vague por la tierra eternamente, precisamente por ser su hermano. Desobedece al líder y es condenada a morir encerrada en una tumba. Se suicida. 

El otro día, observando la postura del alcalde y su penalización con una multa, como consecuencia directa de su acción, me vino a la memoria el mito de Antígona. Mientras leía los enjuiciamientos de muchos en contra de él por haberse saltado una normativa, reflexioné sobre las miles de tragedias pequeñas que subyacen en los comportamientos humanos y políticos. Aunque no creo que el alcalde pensara en la famosa obra griega cuando salió un Domingo de Ramos a repartir unos humildes y cordiales ramitos de olivo entre las gentes de las que se siente responsable

El mito de antígona y las excepciones a las normas

No quisiera que se malinterpretaran mis palabras. No discuto la normativa vigente, aquí y ahora, en todo el país; faltaría más, busca preservar, en momentos tan duros, la salud colectiva. Tampoco cuestiono a quienes la han puesto en práctica y ni mucho menos a quien hubo de dictarla. Pero creo que entre las reflexiones del día siguiente sobre “el quehacer político” ha de tener un espacio el debate sobre el conflicto que puede existir entre la conciencia moral fundamentada y las leyes de los hombres. Pues todas las reglas tienen sus excepciones. Y deben existir personas capacitadas para entenderlo. 

Sófocles no le da la razón a Antígona. Tampoco a Creonte. Ella muere y él es castigado al perder a su hijo, pareja de Antígona, que se mata al verla muerta, y a su mujer que también fallece por la pérdida del hijo. Creonte ha intentado convencer a Antígona, alegando que no puede hacer otra cosa, en razón de su cargo y soberanía, pero ella es captada por la propia percepción de su papel en la historia y no puede, ni quiere escapar. Pensemos

Carmen Heras

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