Las mujeres en la política | Carmen Heras

por | Feb 22, 2019

En su anterior artículo, Los unos y los otros, Carmen Heras terminó dejando en el aire hablar de la mujer en la política. Y han sido principalmente mujeres, y mujeres dedicadas a la política, quienes han reclamado que se desvelara el misterio y que se continuara con un nuevo artículo.
Una análisis sencillo y sincero que, espero, sea abra las enormes posibilidades que la presencia de la mujer tiene en la política.

Mujeres en la política

 

CARMEN HERAS

 

Creo que he llegado a un cierto equilibrio en mi relación con otras mujeres. En otras etapas no siempre fue la óptima, pero ahora, un poco de vuelta de todo, me atrevo a analizar el comportamiento de las personas del género femenino en la esfera política. No se me interprete mal, tengo grandes amistades femeninas, pero ello es lo obvio. 

En general, la mujer suele entrar en la arena política de la mano de un varón, sea padre, marido, hermano, amante o secretario político. El hombre, mucho más acostumbrado a tomar riesgos, ha ido por delante de las mujeres en el espacio público y cuando éstas han podido acceder, naturalmente ellos ya estaban allí. Por eso, en las grandes sagas o apellidos políticos, cuando una mujer tiene poder suele ser en diferido, por su parentesco, aunque luego ella lo agrande, enriquezca y mantenga. 

"Acostumbrada la mujer a saber maniobrar en la sombra, entre misterios y conspiraciones, esa sigue siendo una táctica común y demasiado extendida"

 

En política la mujer suele comportarse con miedos e inseguridades; desde la que acepta el rol sumiso de asistente, desdibujando su propio criterio para no molestar, hasta la que realmente no tiene nada qué ofrecer, teniendo en cuenta los considerando puramente profesionales, salvo ser correa de transmisión o la voz de su amo. 

 

Mujeres hay muy eficaces, pero siempre han de intentar no aparecer demasiado brillantes o glamourosas, salvo que tengan una relación directa con algún jefe, para no molestar y dar la imagen de ambiciosas en demasía. No les conviene. Sabido es que la ambición se considera virtud en el hombre, pero no entre las del género femenino. Lo marca el rol social de lo considerado más o menos femenino. 

Carmen Heras columnistas de VisionCoach
Carmen Heras Pablo es Licenciada en Ciencias Físicas por la Universidad de Valladolid. Profesora Titular de Didáctica de las Matemáticas en la Universidad de Extremadura donde anteriormente dirigió la Escuela Universitaria de Formación del Profesorado.
Diputada en el Congreso por Cáceres en representación del PSOE en 1996-2000, fue concejala en el Ayuntamiento de Cáceres en 2003-2007 y Alcaldesa entre 2007 y 2011

En el equilibrio entre no hablar demasiado y hacerlo para no parecer alguien sin nada de inteligencia, estriban muchos éxitos femeninos en política. Eso y el estar dispuestas a saltar de un puesto a otro para no alcanzar antigüedad renombrable. En una ocasión, acabándose una legislatura en el Congreso, unas cuantas mujeres hicimos un análisis sobre el número de ellas que llevaban un tiempo suficiente como para poder saber si habían sido eficaces. El número era muy, muy pequeño. Casi ridículo. 

Es difícil, por ello, un verdadero liderazgo femenino. Porque no se le da tiempo. Esto, sí solo ocurriera en algunos casos pudiera ser casualidad, pero cuando sucede prácticamente siempre, nos debe servir para pensar y reaccionar. A las mujeres, claro. 

Una mujer demasiado inteligente para la media, tiene muy difícil mantenerse en política. Muy pronto será señalada como redicha y será convertida en objetivo a abatir. Por unos y por otros. Se usarán todo tipo de tácticas para ello. La picardía y astucia de otras mujeres, molestas y celosas por su protagonismo, la mala fe de los adversarios políticos, la propia competitividad entre territorios, pues sabido es que si unos lugares tienen importancia, otros pueden sentir que la pierden, en el conjunto, por las propias proporcionalidades. Etc. 

Merkel mujeres en la politica

Acostumbrada la mujer a saber maniobrar en la sombra, entre misterios y conspiraciones, esa sigue siendo una táctica común y demasiado extendida. La que se le deja. O ella cree que se la deja. O en la que se siente segura. No ocurre siempre, pero cuando lo hace, cumple sus efectos y es destructiva al máximo. 

La mujer tendrá verdadero poder cuando realmente forme parte de un grupo de influencia con unos objetivos claramente marcados y unos componentes fuertes y reflexivos sobre las prioridades y aspectos del proyecto femenino en política. Si es que lo hubiera. Hace falta preparación intelectual e interés. Ideólogas han existido siempre, aunque su influencia ha sido reconocida muy despacio. 

Carmen Heras 

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