Los valores de la Constitución de 1978 | Alberto Astorga

Dic 7, 2018

Los valores en la política no son algo del pasado, sino una guía continua de una forma concreta de actuar. Son las creencias que nos unen e impulsan a lograr un objetivo común, el mecanismo por los que cada persona, en su ámbito privado y público, motiva su actuación de una determinada manera y no de otra. Los valores nos aportan un sostén estable y son la medida de la congruencia entre lo que pensamos, lo que decimos y lo que hacemos. Todo lo que hacemos gira en torno a cómo honramos y entendemos unos valores determinados, aunque no seamos consciente de ellos. La Constitución es el marco de nuestros valores democráticos.

La Constitución Española de 1978, de la que en estas fechas celebramos su 40 aniversario, se construyó en torno a unos valores comunes que son el reflejo de una sociedad que aspiraba a cambiar a mejor, a progresar, a superar los fantasmas de una época que quería, no olvidar, pero si pasar página, seguir viviendo en paz, seguir construyendo un lugar de convivencia donde todos pudiéramos desarrollarnos como personas, independientemente de nuestra forma de vivir, pensar y ser.

Esa Constitución, que como toda obra humana, está sujeta a cuestión, enumera en la parte final de su artículo 1, los valores superiores que inspiran todo el ordenamiento jurídico. Estos valores, presentes en cada uno de los actos de las administraciones públicas, en las disposiciones legales y en el actuar de los ciudadanos españoles, tienen un inmenso valor en una sociedad que quiere avanzar con decisión hacia su desarrollo democrático. 

“La vehemente erudición de Fraga; el conservadurismo ilustrado y mordaz de Miguel Herrero; la templada displicencia gaditana y liberal de Pérez-Llorca; el maritainismo −a veces un punto cándido, a veces un punto airado− de Peces-Barba; la catalanidad sutil, negociadora e implacable de Roca; la increíble tenacidad marxista de Solé Tura; mi populismo —decía Cisneros de si mismo— antioligárquico, reformista, puritano y tradicional a un tiempo. Todo eso hizo la Constitución española de 1978. Todo eso, más la pasión española de los siete”

 

Los padres de la Constitución de 1978

Se trata de valores como JusticiaIgualdadLibertadPluralismo político

La justicia se basa en la independencia del poder judicial y de los jueces, en su inamovilidad, en la responsabilidad de los ciudadanos y en su sometimiento al imperio de la ley, expresándose su sentido democrático al manifestarse que la justicia emana del pueblo y se administra en nombre del Rey. Debemos acatar sus decisiones, aunque no las compartamos, porque confíamos en el buen hacer de profesionales que, con un valor de equidad, son capaces de discernir situaciones complejas. 

La igualdad se formula expresamente en el artículo 14 del texto constitucional, que establece que todos los españoles son iguales ante la ley. A todos se nos trata con igualdad. Sin distinción de quiénes somos o dejamos de ser, con independencia de la posición que cada uno ocupa en el entramado administrativo o la influencia que se tenga.

La libertad se plasma de manera reiterada a lo largo de la formulación de las libertades públicas y de los derechos reconocidos en la Constitución. Así́ se hacen referencia a la libertad ideológica y religiosa, libertad personal, libertad de residencia y circulación, o libertad de expresión. La libertad como valor básico, como capacidad de obrar como cada uno quiera con el respeto que se merecen los derechos de los demás. 

El pluralismo político, que se instrumentaliza a través de los partidos políticos que ejercen el papel instrumental de conformar la voluntad popular y servir de cauce para la participación política. Digan lo que digan, defiendan lo que defiendan, son libres de hacerlo. No es de recibo que nos rompamos las vestiduras porque un partido determinado entre o no entre en las instituciones porque todos, todos, tienen derecho a expresarse en la forma en que crean más oportuna.

Referendum de aprobación de la constitución de 1978

Los valores anteriores, que también cita expresamente el texto constitucional, son los valores fundamentales, los valores de fondo que alumbran la construcción de un nuevo Estado, de un nuevo espacio de convivencia entre españoles. Pero, además, la Constitución es el semillero donde reposan aquellos otros valores de que hicieron gala los españoles de la Transición

En aquellos momentos se trataba de mantener una situación que ya hacía aguas, o cambiar los destinos que se habían ido diseñando. Ser un país peculiar dentro del contexto europeo o sumarnos a una corriente de convivencia democrática más enriquecedor para todos. 

Los valores asoman cuando hay que tomar grandes decisiones, mucho más cuando son decisiones que afectan a tantas y tantas personas, que afectan a un devenir histórico y a la creación de una base firme para construir una nueva sociedad. 

“La Constitución de 1978 no es una constitución más en nuestra historia dese aquel destello fugaz que supuso la de Cádiz en 1812”. En palabras de su Majestad el Rey Felipe VI con motivo de la celebración de su 40 aniversario“es la primera Constitución realmente fruto del acuerdo y el entendimiento y no de la imposición; es la primera que materializa la voluntad de integrar sin excluir; es la primera que no divide a los españoles sino que los une, que los convoca para un proyecto común y compartido; para el proyecto de una España diferente, de una España nueva: de una nueva idea de España”.

En el discurso de Felipe VI en el Congreso de los Diputados, nuestro monarca fue desgranando valores, con los que muestro mi personal adhesión. Los valores presentes en todos estos 40 años de vigencia constitucional y que, honrados por todos los españoles, deberían también servir de base para construir la España del futuro. 

Me refiero a valores como la Concordia, la Reconciliación, la Unidad, la Convivencia, la Democracia, la Libertad, el Entendimiento, la Integración, el Abrirse a los cambios, a la Descentralización, al Diálogo, al Respeto mutuo.

¿Cuántos de estos valores continúan siendo la piedra angular de nuestra convivencia cada día? ¿Estamos seguros de respetar valores tan importantes para poder convivir en libertad y construir entre todos una sociedad mejor? ¿En que medida, de cero a diez, horramos estos valores? ¿En que medida, de cero a diez, deberíamos honrarlos para sentirnos satisfechos con su cumplimiento? ¿Exigimos al adversario político el respeto a estos valores pero no vemos nuestra “viga en el ojo” cuando se trata de honrarlos y respetarlos nosotros mismos? ¿Qué valores honramos? ¿Cuáles son los valores, si los hay, en la política que defendemos?

La historia es un proceso continuo e irrepetible, pero van surgiendo encrucijadas históricas en que hay que recuperar los valores que siempre están ahí, que nos guían, para acertar con el camino a seguir. 

Siguiendo las palabras de Felipe VI“al referirse a la transición política decía Don Manuel Fraga: “Son años de decisión. Tenemos que ocupar nuestro sitio exacto en el mundo actual. Si dejamos, por indecisión o por incapacidad, pasar el tren de la historia, no tendrán solución nuestros problemas económicos, sociales y políticos”.

Los presidentes que han honrado la constitución de 1978

“Y España no dejó pasar, en esta ocasión, el tren de la Historia; así lo reconoció la Comunidad Internacional. Nuestra Constitución es la culminación de un proceso que supone el mayor éxito político de la España contemporánea. Un proceso del que todos podemos sentirnos auténticamente orgullosos porque en el espíritu, en los valores y en los ideales que inspiró este periodo de nuestra historia se encuentra la mejor España.

“Y ese espíritu, esos valores y esos ideales, no podemos ni olvidarlos ni desvirtuarlos, sino reivindicarlos hoy con toda legitimidad, porque son la base del consenso político y social que resuelve las diferencias históricas entre los españoles y supera una España secularmente enfrentada y dividida”.

Buscar consensos, serenar las actitudes, moderar las propuestas, condenar la crispación y la violencia. Intentar mejorar la convivencia a través de actitudes violentas o de crispación no hace más que crean crispación y ayudar a polarizar posiciones que antes no lo estaban. 

Hoy, 6 de diciembre de 2018, 40 aniversario de la Constitución Española, debemos recuperar los valores. Aquellos valores que elegimos libremente en momentos cruciales. Elegimos esos y no otros. Hoy, 40 años después, debemos volver a ellos, honrándolos y respetándolos, pues de ello depende una convivencia en paz y el progreso de todos. De todos juntos. 

Alberto Astorga

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