La fuerza de los valores y la política

por | Ago 3, 2018

El pasado congreso extraordinario del Partido Popular nos permitió asistir, nuevamente, a dos formas de vivir y transmitir la política, personificadas en dos figuras de talla incuestionable, como son Pablo Casado Soraya Sáenz de Santamaría. Ambos representaron también dos formas distintas de dirigirse a aquellos compromisarios que decidían con su voto quién de los dos lideraría el partido.  

Aunque prácticamente todos los asistentes tuvieran decidido su voto antes de los discursos, es incuestionable que los argumentos utilizados por Pablo Casado llegaron a un mayor número de compromisarios allí presentes así como a aquellos que seguíamos el evento en la distancia. Algunas papeletas de votación sufrieron cambios de última hora. Quizás los suficientes cambios como para ganar con la inesperada diferencia que tuvo lugar.

Sucedió también antes en las primarias del Partido Socialista Obrero Español, donde Pedro Sánchez se impuso a Susana Díaz en una campaña cuyas altas dosis de emoción superaron la lógica esperada. Dos figuras importantes del socialismo español a las que diferenció significativamente la forma de presentarse y dirigirse a los afiliados que debían votarles en sus primarias.   

¿Por qué esos cambios de criterio? ¿qué impulsa a una persona a cambiar a última hora una opinión previamente razonada, sopesada, consultada y reflexionada?  

La respuesta está en cómo los hechos que acontecen a nuestro alrededor alcanzan los sentimientos más íntimos de la persona, en la forma en cómo se llega a tocar las fibras más sensibles, sus emociones. Sus valores. 

Tradicionalmente, se nos ha educado en una sociedad en la que mostrar las emociones y los sentimientos era un signo de debilidad. Pero si antes había que controlar esas emociones, poco a poco, y más recientemente, se han ido abriendo paso en nuestro día a día, formando parte, afortunadamente, del serde cada persona, de algo que la distingue de los demás, que la hace única. No somos seres exclusivamente racionales, sino que, como con acierto nos define el doctor Daniel López Rosetti, de la Universidad de Buenos Aires, en su libro “Emoción y sentimientos”somos seres emocionales que razonan 

Y son los valores los que gradúan las emociones que sentimos. Nunca sentiríamos indignación ni tendríamos el impulso de ayudar a los demás si entre nuestros valores no estuviera presente la solidaridad; solo podremos luchar eficazmente contra la corrupción si entre nuestros valores prioritarios figurase la honradez; no podríamos traicionar a nuestro equipo ni a nuestros amigos, si honramos la lealtad como uno de nuestros valores más próximos. 

Todos tenemos todos los valores; al menos, casi todos. Pero no les damos a todos la misma prioridad, ni los entendemos de la misma manera. La educación recibida, las experiencias vividas a lo largo de los años, nuestra socialización, han ido conformando una interpretación individual e íntima de esos valores. Hemos ido dando importancia a unos valores sobre otros, a establecer un particular escalafón del que no somos conscientes. Pero que está ahí.

Y los valores también sirven de punto de encuentro con las demás personas y con las organizaciones a las que pertenecemos. Precisamente por compartir valores y entenderlos de forma similar, simpatizamos más con un partido o con otro, votamos a una opción sobre las otras, o nos agrada más un líder que los demás. Son nuestros valores los que orientan nuestras emociones y, estas, guían nuestras acciones.    

Los valores políticos son el principal instrumento mental que utilizamos para procesar la información política que recibimos. En función de esos valores interpretamos los acontecimientos según nuestra particular manera. Y es extraordinario que pocas veces se les tiene en cuenta por los propios protagonistas de la política. 

Cuando alguien da valor a esos valores, los honra públicamente, los defiende con coherencia, algo se nos mueve dentro. Más que eso, nos conmueve. Nos toca la fibra más sensible y nos provoca afinidad. Nadie vota, a al menos muy pocos, por la solvencia de los datos de la Contabilidad Nacional, por la estabilización del IPC o por el crecimiento sostenido del PIB. Votamos, elegimos, decidimos, principalmente, por los valores. Por aquello que nos emociona, que nos conmueve.  

Si Soraya Sáenz de Santamaría puso en su intervención más razón que corazón, apelando a su experiencia de gobierno y a su conocimiento del partido, Pablo Casado habló de los valores tradicionales del partido. Hablo de defensa de la vida y de la familia, de honestidad, de confiabilidad, de justicia y equidad, de seguridad. Y habló también de las metas alcanzadas gracias a honrarlos. Se refirió a aquellos valores que están mayoritariamente presentes en todos sus afiliados y que habían quedado solapados por otras circunstancias; Susana Díaz, ofreció ganar, poniendo énfasis en el pragmatismo del gobierno, en la utilidad de su experiencia ganadora, en el sentido común; pero Pedro Sánchez, llegaba habiendo honrado valores como el respeto a la palabra dada y a los militantes, el compromiso, la honestidad, la coherencia, la generosidad. Dimitió como Diputado en Cortes, algo que no todos hacen. Y eso movilizó en su favor a los afiliados, que tampoco siguieron la lógica, sino las emociones. 

Las emociones suponen básicamente una protección ante el entorno, una reacción que busca nuestra supervivencia, porque el fin último que tienen las emociones es protegernos y ayudarnos a alcanzar el bienestar personal y la felicidad. “Los valores” es aquello que nos motiva a actuar, aquello que hace que utilicemos nuestras habilidades para actuar de una forma determinada y no de otra. Identificar qué valores hay presentes en nuestra sociedad, aquellos valores que son guía de las organizaciones políticas que nos representan debiera ser incluso más importante que leer un programa electoral. Por que los valores son la esencia, la estructura moral que sostiene todo el entramado organizacional, el que motiva a la acción a los militantes, a los afiliados, a los simpatizantes y, por supuesto, a los votantes. 

¿Cuáles son los valores que honramos? ¿Cuáles son los valores que queremos ver en nuestra sociedad? ¿Qué hacemos para conseguir que eso sea así?

Alberto Astorga

 

 

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