Equipos, liderazgo y humor

por | Feb 8, 2018

Dentro de mil años, en el año 3000 de nuestra era, tres arqueólogos se encuentran en un yacimiento lo que hoy conocemos como un tricornio de la Guardia Civil. Lo describen como un objeto rígido, de plástico duro, negro, con una oquedad en su interior, una extraña forma de partes curvas con otras puntiagudas y restos de haber estado pulido y abrillantado en algún momento. Sorprendidos por el hallazgo, dos de los arqueólogos comienzan a documentar la pieza, a fotografiarla desde todos los ángulos y a aventurar qué podría ser aquello y cuál sería su utilidad mil y pico años antes. Inicialmente sugieren que pudiera tratarse de  un recipiente para líquidos o alimentos, pero su forma no les parece muy práctica a ese fin. Están desconcertados y no le encuentran, a priori, utilidad práctica alguna. Mientras, al tercer arqueólogo, que se encuentra manipulando cuidadosamente el
objeto, se le ocurre, como broma, ponérselo sobre la cabeza. Algo sucede. Queda momentáneamente paralizado sintiendo algo extraño en su interior. Finalmente, aturdido, les dice a sus compañeros, “!No se que utilidad podría haber tenido esto, pero cuando te lo pones en la cabeza te entra una mala leche que no veas!”

Era solo un chiste. Quizás un chiste malo o quizás mal contado, que también, pero lo que se trata es de describir, en clave de humor, lo que es muy habitual en quien tiene la responsabilidad de ejercer la autoridad y el poder desde cualquier posición, y más desde el liderazgo de una empresa o de una organización: tener en el rostro una expresión seria, acaso cabreada, de mal carácter o de mala leche.

Normalmente, estar investido de poder cambia la cara, agria el carácter, nos convierte en más reservados y nos pone en alerta y a la defensiva. ¿Te has preguntado alguna vez con qué cara llegas cada día a tu empresa o a la organización que diriges?  ¿Te has mirado bien la cara?

Para responder buscarás la justificación en tu día a día y argumentarás lo que ya sabemos: quieres que tus colaboradores sean tan eficientes como lo eres tú; que capten las oportunidades con la agilidad de los mejores y les juzgas sus debilidades con severidad; no puedes cambiar la forma en que actúa tu equipo cómo y cuándo tú quieres; tienes que estar siempre animando a los demás, buscando cómo motivarlos y que se enamoren de los proyectos que tenéis en marcha; quieres que se sientan parte de la empresa, que la sientan tan suya como la sientes tú y buscas la forma de darles participación constante; eres el responsable de alcanzar los objetivos, de organizar correctamente la estructura, de limar las asperezas que surjan y hacer que la máquina funcione a la perfección; tienes además que mantener una actitud funcional en tus relaciones con los demás, pues el temor a fallar y a equivocarte puede hacer saltar por los aires tu crispación y empeorar todavía más las cosas; y además debes valorar a los demás, analizar su evolución, ser consciente de ellas y hacérselo saber para que sigan mejorando. ¿Cómo no vas a estar serio? Todo ello te enfada, te mantiene en tensión, te ocupa un tiempo excesivo, te preocupa, es una responsabilidad muy pesada y te hace sentir mal. 

No te falta razón. Todo eso te hace sentir mal porque quieres resolverlo todo, estar siempre ahí, dándote a ti mismo y a tu papel como líder una importancia excesiva y esencial en el funcionamiento de todo. No me lo tomes a mal ni creas que trivializo tu liderazgo o que no me tomo en serio lo que haces o incluso lo que hago yo. Me explico. Quiero decir que te tomas todo demasiado en serio, que asumes tu papel de líder como si fuera lo único y más importante que hay en el mundo. Y ahí es donde te equivocas.  

Para tu tranquilidad, esa actitud severa es normal y afecta habitualmente a aquellos que lideran personas. Porque siempre asociamos la responsabilidad” con la “seriedad”. Estar de la mano ambos conceptos como un todo forma parte de nuestra cultura social.

"El sentido del humor es parte del arte del liderazgo, de llevarse bien con los otros, de conseguir que las cosas se hagan"

 

Y la cultura importa mucho porque, de hecho, identificamos el término “seriedad” con palabras como rigurosidad, exactitud, confiabilidad, severidad, dureza, austeridad, buenas costumbres, moralidad. Palabras muy alejadas de aquello que nos recuerda el sentido del humor: vitalidad, alegría, desenfado, ganas de vivir, diversión, ligereza o frivolidad.

Sin embargo, el peso de ejercer el liderazgo con responsabilidad no puede aumentarse con la penitencia de ejercerlo sin sentido del humor, con una visión adusta y grave de la vida. Debes aceptar que no puedes controlarlo todo, que no puedes estar pendiente de todo, de todos y todo el tiempo. Acepta tus límites y tu imperfección humana por el simple hecho de que, antes que líder, eres un ser humano. No ocultes tus imperfecciones tras ese rostro de seriedad y severidad. Cambia de actitud y cambia de cara.

Tener sentido del humor favorece una actitud más distendida y relajada, dos cualidades que el líder ha de tener y ha de cultivar. Aporta una visión más amplia del entorno y más realista debido a que la persona se ve obligada a aceptarse a sí mismo y a los demás tal como son. Ayuda a descubrir los bloqueos, las debilidades y las fortalezas y es un elemento clave en las relaciones interpersonales. También sirve para cohesionar al equipo y acercar posturas para mejorar cualquier situación. Facilita la adaptación a los cambios. Permite sugerir, proponer, crear e incluso modificar actitudes que, de otro modo, podrían crear conflictos o tensiones.

El mal carácter, sin embargo, provoca una actitud más tensa en el trabajo, una sensación de distancia entre los miembros del equipo y de que aquello que se hace no se valora. Nadie quiere pertenecer a una organización donde hay “mal rollo”, mal ambiente, malas caras y tensión. No se trata de que el líder sea un colega complaciente a quien nadie le hace caso. Se trata de mantener el justo equilibrio, el sentido común de mantener un ambiente distendido en que la gente se encuentre valorada, a gusto y comprometida con lo que hace, con la organización y con sus objetivos.

El sentido del humor es una herramienta muy eficaz para salvar situaciones complicadas porque lo relativiza todo, elimina la tensión, reduce el estrés, quita importancia a los problemas y facilita la creatividad para buscar soluciones y alternativas. Permite persuadir, genera impacto y aporta carisma.

Tener sentido del humor es disponer de una habilidad que te permitirá persuadir a las personas. Una pequeña broma, incluso sobre ti mismo, calma el ambiente, crea simpatía y afecto, aporta canfianza al interlocutor y hace que los desafíos se acepten mejor. Como comunicador, también el uso del humor genera impacto y capta la atención de quien te escucha. Activa su cerebro y las explicaciones e instrucciones son mejor comprendidas. Y, por último, el humor genera carisma en el sentido de que la audiencia está más pendiente de lo que dices y de cómo lo dices, favoreciendo la transmisión de simpatía y buenas vibraciones hacia tu persona.

Si eres un líder extremadamente serio y tu estilo de comunicación y trato con los demás no contempla ningún atisbo de sentido del humor es muy probable que tengas dificultades para desarrollar tu potencial profesional o como figura pública. Para ser un líder eficaz, comunicar correctamente y motivar a aquellos que te rodean debes aprender a mantener la relajación y el sentido del humor en las situaciones tensas que ocurren cada día.

Siempre que las situaciones lo permitan, evita elevar la voz y guarda tus “malas pulgas”. Acude al humor. Si no puedes inicialmente utilizar la broma o las risas, empieza utilizando la ironía y sonríe. Verás como se genera un mejor ambiente, se asumen mejor las cosas, se buscan soluciones y se aumenta la comunicación. El verdadero liderazgo pasa también por reírse. No “reírse de”, sino “reírse con”. Reírse con aquellos que están contigo y que comparten un objetivo común.

Alberto Astorga

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