Derecha e izquierda: ¿dicotomía anticuada?

por | Nov 13, 2017

“Algunos afirman que ya no puede hablarse de izquierda ni derecha y que solo cabe un prágmatismo político universal. Sin embargo, esos términos que han orientado a tantos durante un par de siglos se resisten a ser enterrados; ya no son dogmas ni banderas pero pueden seguir determinando ideales de acción política”. Fernando Sabater

 

Es indudable que algo ha cambiado en el mundo en las últimas décadas del siglo XX como para que se cuestione la vigencia de los dos conceptos.

Algunos politólogos manifiestan que la distinción entre izquierda y derecha ya no existe, que la vieja idea de una izquierda representante del proletariado oprimido contra los intereses de una derecha defensora de las grandes empresas y de los empresarios es cosa del pasado. Y, efectivamente, es verdad. Los partidos que se decían de izquierda comenzaron a perder su base trabajadora industrial, pues la distribución de la riqueza se convirtió en más equitativa de lo que hasta ese momento sucedía, del mismo modo que los partidos de derecha ya no están estancados en posiciones sociales inmovilistas.

Desde finales del siglo XIX se ha barajado el concepto de “tercera vía” como un intento de aproximar ambas posiciones ideológicas, rechazando la validez absoluta tanto de un extremo como del otro, promoviendo la profundización de la democracia y poniendo de relieve que con el desarrollo tecnológico, la educación y los mecanismos de compentencia regulada, se conseguirían importantes objetivos socio-económicos y políticos como el progreso, el desarrollo económico y el desarrollo social.

Esta síntesis entre capitalismo y socialismo, entre derecha e izquierda, que se suele calificar como centrista, incorporaría cualquier proposición que buscara obtener o mantener una posición equidistante entre ambas, bien a través de un economía mixta o bien mediante políticas que rechazen ambos extremos ideológicos.

Los posicionamientos “terceristas” en Europa están hoy en día mayoritariamente influidos por la óptica liberal, donde se recogen ligeros toques de socialismo, para desarrollar políticas de desregulación, descentralización y reducción de impuestos, paralelamente a la disminución de la sobredependencia del estado y al aumento de la responsabilidad personal. Se trataría, por así llamarlo, de un “liberalismo social” que contempla un suficiente estado de bienestar. Esta posición fue defendida por el que fuera primer ministro británico, Tony Blair, que popularizó el término de “tercera vía” por bautizar su proyecto como “the third way”, así como por su homólogo alemán, Gerhard Schröder.

Sin embargo, Norberto Bobbio, político, politólogo, filósofo y jurista italiano, reivindicó la vigencia de esta distinción en su “Derecha e izquierda: Razones y significados de una distinción histórica”, cuya lectura se mantiene actual.

"Los partidos que se decían de izquierda comenzaron a perder su base trabajadora industrial y los de derecha ya no están estancados en posiciones sociales inmovilistas"

Para Bobbio, el fracaso del “comunismo real” y de los regímenes autoritarios de derecha, que pudieran monopolizar ambas ideas, no agotan los conceptos de izquierda y derecha, y lo demuestra aportando matices diferenciadores y negando que los extremos identifiquen exclusivamente esos conceptos.

Cree en la crisis de las ideologías, pero no en el fin de ellas, señalando que seguirán presentes en el debate político. Y agrega que, izquierda y derecha, no solo se diferencian desde el punto de vista ideológico, sino también desde el punto de vista pragmático. No cree posible convergencias ni “terceras vías”, ni tampoco otorga a los movimientos temáticos, como puedan ser los animalistas y los verdes, el grado de transversalidad necesario que les permita sobrepasar la diferenciación tradicional.

Será, sin embargo, el distinto posicionamiento entre los conceptos igualdad-desigualdad y libertad-autoritarismo lo que hace que, tanto en el campo de las derechas como en el de las izquierdas, haya sectores moderados y sectores extremistas, sectores partidarios de la libertad y de la democracia y sectores que en virtud de concepciones fundamentalistas terminan negando tales principios. Así, define cuatro grandes corrientes:

  • Las de extrema izquierda, que representan a movimientos y teorías con grandes conceptualizaciones igualitaristas pero, a la vez, con visiones autoritarias y excluyentes del poder.
  • Las de centro izquierda, caracterizadas por doctrinas y movimientos que aúnan la justicia igualitaria con las de crecimiento de las libertades.
  • Las de centro derecha, que siguen doctrinas económicas que generan desigualdades pero que tienen posiciones democráticas firmemente asentadas.
  • Las de extrema derecha, que son contrarias a la igualdad y a la libertad.

Pero en el siglo XXI existen también elementos distintos a los del pasado que hacen más compleja la distinción. Por ello, se hace necesario reconstruir racionalmente el sentido de los conceptos de derecha e izquierda incluyendo las distintas actitudes ante la cultura, ante los fenómenos sociales y ante la cosa pública; frente a los nuevos temas ligados a las libertades y a los derechos ligados a la vida. Hay ahora una evidente transversalización que permite que una persona apoye posiciones distintas y mantenga una visión firme y coherente en el seno de la izquierda o de la derecha.

En definitiva, en el mismo sentido en que inicié el artículo con la valiosa reflexión de Fernando Sabater, lo termino transcribiendo una pequeña parte que Joaquín Estefanía incluyó en el prólogo a la obra de Norberto Bobbio:

“La diada derecha-izquierda, que ha prevalecido desde al menos dos siglos y que designa el contraste de las ideologías y de los movimientos en que está dividido el universo, permanece activa. ¿Por qué no ha de estarlo? ¿Es que debe sorprendernos que un universo como el político, constituido sobre todo por relaciones de antagonismo entre partes contrapuestas (partidos, grupos de interés, facciones, pueblos, relaciones internacionales, naciones, ciudadanos, etcétera) la manera más común de representarlos sea mediante una diada derecha-izquierda?”

Alberto Astorga

 

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