Protagonistas de la Transición: Enrique Sánchez de León

por | Jul 12, 2017

La Transición democrática en España se inició con la disolución de las Cortes franquistas, previa aprobación de la Ley para la Reforma Política votada en las mismas y su posterior referendum. Llama la atención de que fueran las propias Cortes franquistas quienes, de forma mayoritaria -435 de los 531 Procuradores-,  votaran a favor de la Ley y decidieran así acabar con el franquismo. Los Procuradores en Cortes, con responsabilidad histórica, facilitaron el difícil tránsito de nuestra sociedad a un sistema democrático que abría nuevas vías de convivencia entre los españoles. 
Uno de los protagonistas de aquellos acontecimientos es Enrique Sánchez de León Pérez, cabeza de lista de Badajoz por Unión de Centro Democrático, UCD, en las elecciones que se celebraron en 1977. Su carácter aperturista y dialogante, su juventud y su vocación democrática le permitieron vivir, en primera línea, los cambios que emprendía España, y siempre defendiendo posiciones ideológicas de centro. 

Hemos tenido la satisfacción de disponer de su visión de España en aquellos momentos y de comentar la situación actual de nuestra política. Sus comentarios serían una excelente base para iniciar un interesante debate en cualquier foro.

 

ENRIQUE SÁNCHEZ DE LEÓN PÉREZ, es licenciado en derecho, pertenece al Cuerpo Superior de Inspectores de Trabajo y Seguridad Social y dirige el despacho Sánchez de León Abogados. Como líder del partido regionalista Acción Regional Extremeña, AREX, se integró en la Unión de Centro Democrático, UCD, de Adolfo Suárez.

En 1977, con ocasión de las primeras elecciones democráticas en España, encabezó la candidatura de UCD por la provincia de Badajoz, resultando elegido.

Ante todo, Extremeño. Habla con serenidad y con solvencia. Tiene en su mochila experiencias que han forjado una personalidad que es referencia política tanto en ‘la corte’ como en su tierra, que no es fácil. Regionalista, centrista y con criterio, cualidades que le sirvieron para pasar de puestos técnicos de alta responsabilidad a cargos políticos con capacidad de construir realidades. Cualidades que, junto a la madurez, todavía le sirven para ser oído y escuchado.
En 1977 funda Acción Regional Extremeña, AREX, como “partido demócrata y social de actitud progresista y reivindicativa para la promoción integral de Extremadura”. La posterior incorporación de AREX a UCD, como proyecto político de centro, junto con Adolfo Suárez, le permitió encabezar la lista por Badajoz en las elecciones generales de 1977 y ser elegido como Diputado en el Congreso.

Fue nombrado Ministro de Sanidad y Seguridad Social y sigue siendo un político de referencia en Extremadura. Tras la desaparición de UCD, permaneció en posiciones de centro, formando parte de Centro Democrático y Social, CDS. Compaginó su actividad política con la creación y dirección de un bufete profesional que ha ido consolidando su prestigio en el sector, Sánchez de León Abogados.

¿Cómo describiría la España que ejercía la democracia en 1977?

Con tres características fundamentales: una, confusa, por no saber ni siquiera por dónde iba a ir su futuro, lo que iba a suceder a la muerte política de Franco; dos, miedosa, porque esa propia indeterminación producía inquietud y recordatorio de la aun reciente guerra civil española, cuyos odios, aun soterrados, estaban en su seno; y tres y en último lugar, enteriza, con una insospechada fortaleza social.

Los caminos para la evolución tenían, como se ha repetido infinidad de veces, tres vías: la conservación, la reforma o la ruptura. Naturalmente, la derecha eligió la lealtad al Caudillo; la reforma, el encauzamiento desde el centro; y la izquierda, principalmente, el marxismo-leninismo. Así se planteaba la transición sociológica, que fue un largo proceso en el tardo-franquismo, que puede situarse entre 1970 y 1975.

¿Hemos ganado algo como sociedad en estos cuarenta años de democracia? Qué hemos perdido? ¿Cree que se puede echar algo de menos?

Hemos ganado la democracia y hemos comprobado que vivir participativamente es una dura tarea que solo pueden aportar las sociedades desarrolladas.

Creo, honestamente, que la democracia en España es de baja calidad y que en Extremadura, dado el poder dominante desde 1982, es poco sentida, porque los modos y maneras autoritarias y desapacibles han pervivido. Así se ha construido una apariencia de ribetes falseadores de una realidad que la izquierda no quiere reconocer. Y aunque Extremadura, que ha progresado en términos absolutos como todas las regiones españolas, no lo ha hecho en convergencia y proximidad de los índices económicos de éstas. Seguimos siendo los últimos en casi todo.

¿Cómo piensa que han cambiado los valores de nuestra sociedad en todo este tiempo?

Indudablemente, los llamados valores de una sociedad occidental han periclitado casi por completo. La observación de este fenómeno deja consecuencias muy claras: ha debilitado toda verdad; se ha degradado, en todos los ámbitos, el concepto de jerarquía; el respeto, la tolerancia, el diálogo y el consenso, practicamente han desaparecido. El odio esta reverdeciendo en estos tiempos de confrontación guerra civilista y, lo que es peor, los partidos políticos, a la derecha se han prostituido por falta de sensibilidad social y corrupción; y a la izquierda por demagogia y falsas utopías, y también corrupción; en el centro no queda nadie, excepto utopías aisladas, personas y algunas incipientes manifestaciones de la sociedad civil. En Extremadura no hay dificultad alguna en demostrar la veracidad de estas afirmaciones.

¿Cómo ve la política española en este momento? ¿Cómo contrasta lo que estamos viviendo ahora con respecto a 1977?

Me remito a lo anteriormente señalado y añado una diferencia sustancial. En 1977, y en términos generales, el político es generoso, patriota, vocacional y responsable. En estos momentos, lo primero y fundamental es el voto a costa de lo que sea; en segundo lugar, el interés personal; y, en tercer lugar, el interés de la secta o partido y, muy al final, el interés de España. A veces la prudencia se confunde con cobardía y, otras veces, la demagogia con la sana utopía. Es un momento muy interesante y delicado de la vida española. El relativismo, es decir, el ‘según convenga’, prima sobre intereses y principios morales.

¿Cree que sería necesario recuperar algunos valores? ¿Cuáles serían?

Es difícil contestar concretamente, pero, en principio, yo antepondría, ante todo, la dignidad personal y, después, continuaría por una sociedad libre, lo cual es un concepto muy difícil de definir. Ambos se enlazan. Vivir en libertad es tener la posibilidad de ser digno, y ser digno solamente se consigue en libertad. Cada comunidad debería de averiguar la forma de compaginar ambos conceptos. En Extremadura es necesario más progreso social y más libertad. Por eso, nuestro avance es muy difícil. Mucho más si no salimos de una cobardía social muy evidente.

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