Los aparatos de los partidos y de otras organizaciones

por | Abr 26, 2017

Cuando en noviembre se constituyó el nuevo gobierno de España, la tormentosa normalidad política retomó las posiciones a las que nos tenía acostumbrados,  iniciándose las convocatorias y celebraciones de los distintos congresos de los partidos políticos en todos sus ámbitos territoriales, acompañados en numerosos casos con la celebración de primarias.

La maquinaria electoral ha estado funcionando a pleno rendimiento desde 2015. Tras las elecciones en Andalucía y las municipales y autonómicas de 2015, se celebraron también las elecciones legislativas autonómicas en Galicia, Euskadi y Cataluña, además de dos elecciones generales y casi unas terceras. Han sido ocho procesos electorales distintos que han mantenido en constante tensión y cambio a las organizaciones. Se han desgastado, ha habido movimientos internos derivados tanto de los procesos electorales como de los nombramientos y ceses de cargos públicos posteriores y se han producido desequilibrios de poder que hay que restaurar.

Pasado el temporal, ya todos puedén permitirse mirar hacia dentro, hacia su propia organización, para tomar nuevos impulsos. Se han celebrado los Congresos nacionales de partidos como Unión Progreso y Democracia (UPyD),  y Coalición de Centro Democrático (CCD), menores en tamaño, reducida representación institucional pero gran motivación. Luego fueron Ciudadanos (C’s), Partido Popular (PP) y Podemos. Se han disuelto otros, como Unió Democràtica (UDC); transformado otros, como Convergència Democràtica de Catalunya (CDC) en Partit Demòcrata Català (PDdeCat), y aparecido alguno, como Comuns. Y corre el relog hasta eldel Partido Socialista Obrero Español (PSOE), que será en mayo. 

Tras ellos, se han y se irán celebrando los regionales y los provinciales. Son reglajes, limpiezas y engrases necesarios para ponerse de nuevo a punto. Sucede en todas las organizaciones, aunque el funcionamiento de los partidos políticos es paradigmático del resto de las estructuras, sean estas políticas, sindicales, empresariales, colegiales o simplemente asociativas.

Junto a la elaboración de las listas electorales, son los momentos congresuales los más críticos en la vida de las organizaciones y es cuando se producen las tensiones y divisiones que dejan cicatrices para el futuro. En su desarrollo, controlar el aparato es fundamental. Pero, ¿conoce el ciudadano estas luchas internas y sus consecuencias? ¿Sabe las prácticas habituales usadas para conseguir o mantener el control del aparato en cada organización? ¿Sabe cuáles son las claves para entenderlas? Permítanme dar algunos retazos.

En el artículo 6 del título preliminar de nuestra Constitución, se dice textualmente que “Los partidos políticos expresan el pluralismo político, concurren a la formación y manifestación de la voluntad popular y son instrumento fundamental para la participación política. Su creación y el ejercicio de su actividad son libres dentro del respeto a la Constitución y a la ley. Su estructura interna y funcionamiento deberán ser democráticos”.

Su presencia en este título, junto con la de los sindicatos de trabajadores y organizaciones empresariales, ambas citadas en el artículo siguiente, es prueba de la importancia y protagonismo que la Constitución les otorga y reconoce a los partidos políticos. Son una parte fundamental del sistema democrático. Por eso la Constitución les obliga, a todos, a que su funcionamiento sea democrático. 

Pero, a efectos prácticos, el funcionamiento de los todopoderosos “aparatos” de las organizaciones, distorsionan este deseo constitucional.

Los llamados aparatos son las estructuras que se constituyen y conforman en cada organización para la movilización de los afiliados, la toma de decisiones y la puesta en marcha de acciones para el logro de sus fines.

"El funcionamiento de los partidos políticos es paradigmático del resto de las estructuras organizativas, sean estas políticas, sindicales, empresariales, colegiales o simplemente asociativas"

El tamaño del aparato político es reducido en relación a su organización, pero el acomodo de sus miembros a las competencias que asumen los institucionaliza de tal manera que lucharán denodadamente por su propia supervivencia y por el mantenimiento del aparato y de sus estatus, funcionando, si es necesario, al margen de las propias bases que los han votado y a los que representan. Sus objetivos dejan de ser los objetivos generales de la organización, de los afiliados, para centrarse en el mantenimiento del estatus del propio aparato.

Los congresos y las primarias, allí donde tienen lugar, son –o deberían ser- la expresión democrática por excelencia en toda organización. Sin embargo, la pureza de los procesos queda condicionada por el posicionamiento del aparato, que dispone de instrumentos extraordinarios para subsistir y obstaculizar un acceso incontrolado o no deseado al mismo.

El extraordinario poder de que disponen los aparatos se basa en controlar cinco áreas relacionadas entre sí: el aparato administrativola estructura territoriallos tiemposla elaboración de las listas electorales y, por último, el nombramiento de cargos públicos. Veámoslo.

El aparato administrativo aparece en toda organización, pues debe contar con una administración burocrática formada por número indeterminado de empleados asalariados. Realizan tareas administrativas y logísticas. Generalmente han sido nombrados por los anteriores miembros de la dirección, continúan por confianza, o bien han sido nombrados por los actuales. No es extraño que esté compuesto por familiares, amigos o personas de confianza. Carecen de capacidad de decisión política, pero son instrumentos indispensables para que la organización se oriente a los fines que el aparato político decida.

La administración, entre otras cosas, gestiona el censo de afiliados. Estos censos contienen los datos fundamentales para poder comunicarse con las bases de la organización. En él figuran sus nombres, direcciones, profesiones, teléfonos, correos electrónicos, cargos que desempeña, importe de su cuota y demás datos personales. Es el aparato dirigente quien decide el momento en que se producen las altas, las bajas y las modificaciones, pues tales decisiones son competencia de los órganos de la estructura.

Los censos se utilizan con múltiples finalidades y facilita una rica fuente de información. Una de las funciones del censo es demostrar el tamaño de la organización y, de ahí, su poder: a más afiliados, más compromisarios en el congreso, más votos para una u otra candidatura en disputa y más capacidad de negociar el colocarse y colocar en los órganos de dirección de la organización. Además, a más compromisarios, más dificultades tendrán los aspirantes para alcanzar el número de avales necesarios para postularse a la dirección.

Por esa cuestión, y también por las resistencias en quienes tienen que aportar los datos, los censos no se actualizan. Las organizaciones más cercanas al afiliado, las locales o comarcales, no se preocupan en ello, pues si lo hicieran perderían presencia, influencia y poder.

Ejemplos de su ficticio tamaño lo encontramos en el PP de Madrid. En el último congreso regional decía contar con más de noventa mil afiliados, si bien la inscripción para participar en el mismo solo fue realizada por unos ocho mil. De ahí la revisión y actualización del censo prometida por su presidenta Cristina Cifuentes y posteriormente por el conjunto del partido. Y esta circunstancia refleja y es extensiva a lo que sucede en todas las estructuras territoriales del partido. Así sucedía también en el PSOE, quien ya en su día actualizó sus censos y vio como, distinguiendo entre afiliados, que pagan cuota, y simpatizantes, los censos se redujeron drásticamente, dando, además, a aquellos los exclusivos  derechos que le correspondían.

Durante los congresos, el acceso al censo es de suma importancia para los candidatos que quieran postularse. De ahí también la defensa que el aparato hace de esta opción. El candidato oficialista cuenta, de facto, con fácil acceso, pero no así sucede con el resto. En ese momento es cuando empiezan a aparecer las dificultades. Por un lado, el articulado de la Ley de Protección de datos de carácter personal comienza a aparecer como condicionante y obligación inexcusable. Y esa obligación es cierta, pero no se aplica a todos por igual. Y por otro lado, aportarlo a regañadientes y en soportes que impidan al interesado la manipulación masiva de los datos que contiene y con los que necesita elaborar el mailing de su campaña.

Obviamente, a través de este control del aparato administrativo, controla la sede y, con ella, los medios de que dispone, siendo también utilizados durante los periodos congresuales por los candidatos oficialistas, que usan los mismos para sus campañas y para recabar los avales necesarios para su postulación mientras que cualquier otro candidato se ve obligado a alquilar oficinas de campaña y la equipación necesaria para ese fin.

El aparato también controla los distintos aparatos territoriales en que se haya organizado la estructura. Todas las organizaciones tienen una estructura piramidal que funciona en cascada desde lo nacional hasta lo local, pasando por lo regional, provincial y comarcal. Por eso los líderes nacionales apoyan en las regiones a barones leales. Éstos, a su vez, apoyan siempre a un candidato provincial oficialista y de confianza frente a otros. Y las estructuras provinciales sitúan con absoluta libertad a los responsables comarcales, que sirven de puente para controlar a los dirigentes locales y, de ahí, poder diseñar listas electorales y candidaturas congresuales que sigan una línea concreta. La democracia es descendente desde la dirección hacía los afiliados de base.

Los aparatos están presenten en todos los ámbitos territoriales y siguen, todos ellos, una dirección uniforme. Aun en el caso de que en alguno de los escalones se colara alguien distinto a la preferencia oficial, éste terminará asumiendo su papel en el aparato, pues para disponer de los servicios que este aportan deberá necesariamente estar en sintonía con el resto de la estructura.

Se controlan todos estos estamentos con la finalidad de que, al toque de acción por parte de la organización superior, toda la estructura se movilice de una forma eficaz.

Pero, en ocasiones, esta estructura territorial tan perfectamente alineada, también es utilizada para obstaculizar el contacto y el desarrollo de asambleas por los aspirantes no oficiales, que deben contar con otros contactos para convocar a la militancia local.

Mientras el candidato del aparato cuenta con un ingente y exagerado número de avales para presentar su candidatura, superando en mucho los reglamentariamente necesarios, el aspirante debe recabarlos con dificultades y lentitud. A la dificultad de acceder a los afiliados, se une el que, en muchas ocasiones, el responsable local ya ha recogido para el candidato oficial la totalidad de los avales de su localidad, no dejando margen para que otro se postule. La finalidad pretendida no deja de ser la de avasallar al adversario, limitar su capacidad de lograr los avales necesarios, o la simple demostración de poderío.

"La presentación por un candidato de un número abusivo de avales solo busca avasallar al adversario, limitar su capacidad para recabarlos y una burda demostración de poderío"

El aparato del partido también controla los tiempos. Quiere esto decir que ciertos temas solo son tratados, o no, cuando interesa. Solo se debate aquello que interesa y cuando se estima oportuno o se está en mejores disposición de respuesta y acción. Ejemplo de estos casos es que el aparato dispone cuándo se celebra el congreso, quiénes componen la comisión organizadora, quiénes estarán en la propia mesa del congreso cuando este se celebre, qué las ponencias se tratarán y quiénes serán sus respectivos ponentes, estableciendo el marco preciso de qué se habla, quién lleva las iniciativas y quién modera.

Y este control de los tiempos permite al candidato oficial tomar la iniciativa y comenzar a “solicitar” sus avales en el mismo momento, incluso en el mismo lugar, en que se convoca el congreso, pues ya tiene a toda la organización previamente preparada para ello.

Cuando se aproximan las citas electorales, el aparato también decide quién irá en las listas electorales y en qué orden. Este es otro momento especialmente delicado, porque quienes se han visto encumbrados en un congreso quieren rematar ese papel, colocándose adecuadamente para un puesto electo.

Y no hay sitio para todos en puestos de salida. Y es el aparato el que decide. Los comités electorales que figuran en todas las organizaciones no son más que órganos que sirven lo que ya está cocinado. Solo dan el carácter de decisión orgánica a lo que es una decisión ya tomada.

De ahí que se vea con malos ojos a los llamados “paracaidistas” o “cuneros”, que son aquellos candidatos no originarios de la circunscripción electoral por la que son presentados por orden del aparato del partido y sus gerifaltes. Este es el caso de José Julio Rodríguez Fernández, flamante general de Podemos natural de Orense e impuesto primero en las listas de Zaragoza en las elecciones generales del 20D y seis meses más tarde en las de Almería para el 15J. En ambos casos no salió elegido.

No cabe extrañarse de tales situaciones pues es algo de honda tradición en la política española que ha permanecido vigente desde 1977. Loyola de Palacio y María Teresa Fernández de la Vega, aterrizaron sobre Segovia por orden de Génova y Ferraz respectivamente, y el joven diputado de Ciudadanos, Pablo Yáñez, encabezó la lista de Salamanca por orden de Albert Rivera. Los ejemplos serían interminables y se suceden elección tras elección.

También existe la figura de los “fichajes estrella”, personas no activas en la organización o incluso ajenas a ella pero con presunto tirón electoral con los que el aparato cree obtener más votos. Fue el caso de la periodista y escritora Irene Lozano Domingo, que había sido Diputada de UPyD entre 2011 y 2015 e impuesta en las listas del PSOE por Madrid en las elecciones del 20D por orden expresa de Pedro Sánchez.

No obstante, el ejemplo más representativo lo protagonizó el ex juez Baltasar Garzónfichaje realizado personalmente por Felipe González como contrapeso a los casos de corrupción que padecía el PSOE en aquel entonces.

Las listas electorales sirven como premio a aquellos que han estado en la línea de la organización y han servido a sus fines. También se utilizan para equilibrar el poder y dar presencia a las distintas familias, corrientes y territorios. 

Ello conlleva que, posteriormente, los grupos que han de constituirse en las distintas instituciones estén perfectamente alineados con el resto de la estructura y sea más sencillo el nombramiento y cese de los distintos portavoces, cargos y asesores de confianza tanto en los grupos parlamentarios como en los municipales de los ayuntamientos o las diputaciones.

Pasadas las elecciones y dependiendo del resultado de las mismas, el aparato del partido tiene mucho que decir en el nombramiento de los distintos cargos en los organismos públicos en todos los niveles. Si bien el presidente se reserva la exclusiva designación de sus ministros o consejeros, el partido puede también sugerirlos si bien actúa con más determinación en el nombramiento del resto de responsabilidades, desde subsecretarías, secretarías, direcciones generales y múltiples puestos en organismos autónomos.

"Aquellos que no cuentan con el apoyo o simpatía del aparato tienen difícil, si no imposible, acceder a la dirección de las organizaciones""

Como puede observarse, aquellos que no cuentan con el apoyo o simpatía del aparato, tienen complicado, difícil o imposible acceder a la dirección de las organizaciones, estar incluido en una lista electoral u ocupar cargos públicos. Y sucede en todas las organizaciones, aunque sea más relevante en los partidos políticos, alma mater del sistema democrático constitucional.

Sucede también en los sindicatos, organizaciones empresariales, organizaciones no gubernamentales, asociaciones, cámaras de comercio, colegios profesionales y cualquier organización social. En todas. Aunque vendan lo contrario.

Cuán difícil es que alguien obtenga el respaldo del 95 por ciento en organizaciones tan numerosas y con intereses tan dispares. Si somos diferentes hasta para pedir un café, ¿cómo es posible un resultado tan unánime?

Quien se afilia a una organización, lo hace para participar, para implicarse en las decisiones que desde la misma se toman. Los ciudadanos de hoy desean participar más en política y utilizan los cauces que hay para ello. Pero estos cauces estaban y se mantienen viciados incluso por lo nuevos partidos que han llegado. Tras los procesos congresuales aparentemente democráticos, se viven situaciones de absoluta falta de democracia interna que ha sido los que han lastrado el sistema democrático hasta ahora existente. Se hace necesario impulsar la democratización en el funcionamiento de nuestras organizaciones políticas y es ahora el momento político oportuno.

Alberto Astorga

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