La importancia de la coherencia

por | Mar 16, 2017

Pensamos muchas cosas, pues miles son los pensamientos que nos acompañan a lo largo del día. Decimos algunas otras, afortunadamente no tantas como las que pensamos, pero muchas. Y ponemos en práctica solo unas pocas, una mínima parte. En ese proceso de puesta en marcha, lo importante es que, entre lo que pensamos, decimos y hacemos, exista una mínima coherencia que dé valor a la actividad que se desarrolla.

Ser coherente es un valor difícil de alcanzar y sujeto siempre a cada acción que se realiza. La importante es siempre la acción última, porque será la que se utilice para desdeñar un impecable recorrido. Nadie está exento de caer alguna vez en la incoherencia, o incluso cualquier persona, muchas veces en su vida, puede hacerlo. Séneca anunciaba al respecto que “no pretendo que el sabio deba caminar siempre al mismo paso, sino por la misma ruta”, lo que interpreto como que “ya que no podemos ser coherentes siempre y de forma constante, al menos, tenemos que ser conscientes de ello e intentarlo”.

En este mismo sentido, grandes pensadores en la historia de la humanidad que han influido extraordinariamente con sus ideas, no las acompañaron con acciones coherentes a ellas. Nietzsche, por ejemplo, gran filósofo vitalista, llevó una vida de continua amargura y en constantes altas y bajas entre euforia y depresión. Notable es también en nuestro acontecer diario aquellos que desde múltiples ámbitos sociales, políticos, económicos, religiosos, sociales, periodísticos, nos ilustran sobre lo que hay que hacer pero que no siempre acompañan en sus vidas las acciones que pregonan, o que critican en los demás.

"Lo importante es que, entre lo que pensamos, decimos y hacemos, exista una mínima coherencia que dé valor a la actividad que se desarrolla"

¿Es esto una acusación? No. ¿Una disculpa? Tampoco. Que no se entienda así, aunque cada uno sea libre de interpretar según su experiencia. Hablar es fácil, hacer todo lo que se dice no lo es. Ser coherente no es sencillo ni posible siempre y en todo momento, pero, al menos, debemos tener la humildad de reconocerlo así y de corregir en lo posible. “Dime de qué presumes y te diré de qué careces”. Lecciones, por tanto, las justas.

Uno de los códigos de ética más populares y citados en el mundo de los negocios, y por tanto aplicable a la empresa, a los equipos y a las organizaciones, y también a todos los órdenes de la vida, es la Prueba Cuádruple Rotaria, denominada así por ser aplicada por todos los miembros de los clubs pertenecientes a Rotary International. Este test pretende recordar la importancia de la coherencia que hay que alcanzar entre lo que se piensa, se dice y se hace.

Fue elaborada por Herbert J. Taylor en 1932, en plena Gran Depresión, cuando desempeñaba la dirección de la empresa de distribución Aluminum Company en Chicago. Confiaba en que la empresa podría salvarse de la bancarrota en que se encontraba y mantener los 250 trabajadores con que contaba. Su plan de recuperación comenzó con el cambio del clima ético de la empresa en la seguridad de que cuando se piensa de forma adecuada, se actúa de forma correcta.

La Prueba Cuádruple Rotaria hace pasar por el filtro de cuatro preguntas toda acción o decisión que se vaya a acometer, siendo lo de menos el ámbito donde se utilice, pues es válida para cualquiera donde se quiera aplicar. Dice así:

De lo que se piensa, se dice o se hace:

¿Es la verdad?

 ¿Es equitativo para todos los interesados?

¿Creará buena voluntad y mejores amistades?

¿Será beneficioso para todos los interesados?

Efectivamente, Aluminum Company tuvo la fortuna de salvarse de la crisis junto con sus trabajadores y esta prueba paso a convertirse en una breve y eficaz guía para las ventas, la producción, la publicidad y toda clase de relaciones con clientes, proveedores y los propios empleados.

Contestar la primera pregunta debe hacerse con una enorme carga de humildad, pues la verdad, tal como hablábamos en otros artículos anteriores, depende de las impresiones y de las experiencias de cada persona. Por lo tanto, la verdad aquí entendida debe partir de la mejor buena fe de cada individuo, eliminando prejuicios y egoísmos que pudieran cuestionarla.

La segunda cuestión obliga a hacer propuestas orientadas al equilibrio. Nadie debe salir dañado, ni siquiera contemplando la posibilidad del daño menor. Si una de las partes tuviera la fuerza suficiente para imponer su criterio tiene que renunciar a ella y buscar una solución en la que todas las partes ganen.

La tercera pregunta busca el enriquecimiento afectivo de la relación entre las partes de modo que la comprensión, la tolerancia y el saber escuchar permitan ganar voluntades y confianza en nuestro propio ambiente y en los ambientes con intereses, ideologías o creencias distintas a las nuestras. Aparece aquí, de nuevo, la humildad. Las posiciones u opiniones nunca pueden ser rígidas, sino que deben surgir del diálogo prudente y sabio, dudando incluso de lo que nosotros pensamos en beneficio de lo que piensan los demás. Nadie es infalible y el diálogo enriquece siempre a las partes.

Por último, el sentido del beneficio adquiere aquí una dimensión muy por encima de lo material. Su sentido es generoso y obliga a las partes a buscar caminos de enriquecimiento moral mutuo. Surge aquí el concepto de justicia comprensiva y tolerante frente a la represiva y castigadora y que considere la situación de cada una de las partes.

La condición rotaria de Herbert J. Taylor facilitó que su test fuera adoptado por Rotary International en los años cuarenta del siglo pasado, siendo, desde entonces, uno de los distintivos de la ética con que actúan sus componentes.

Este espíritu de coherencia entre lo que se piensa, se dice y se hace que pone de relieve la Prueba Cuádrupe Rotaria es uno de los valores en los que se inspiran también las nuevas metodologías y conceptos de la Inteligencia Emocional y de la técnicas de negociación conocidas como “el método de Harvard”, en el que se propone que se abandonen tanto las posiciones maximalistas como la falsa creencia de que en toda relación, para poder ganar, alguien tiene que perder.

Alberto Astorga @CoachBadajoz

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